Jueves, 17 de Enero de 2019

"Uno de los muertos nunca estuvo en la plaza"

Desde el 2000, Marcelo Ibáñez viene denunciando con nombre y apellido a los sospechosos de haber disparado desde los techos del Congreso en la noche de la masacre, el 26 de marzo de 1999. Los que fueron citados por él nunca han sido llamados a declarar. Con el cierre de la causa de la plaza esta semana, la polémica volvió a encenderse. En esta entrevista, Ibáñez vuelve a relatar su experiencia. Afirma ahora que uno de los muertos nunca estuvo en la plaza.

–Usted fue el primero en denunciar que hubo disparos desde el Congreso. ¿Qué lo hizo arriesgarse? 
–La indignación, el engaño del que fuimos víctimas. En abril del 2000 yo ya denuncié. Era en plena represión...

–Usted citó hasta nombres...
–Claro que sí. Nosotros estuvimos tres meses, unos 80 Jóvenes en Vigilia Permanente por la Democracia (Jovipe) después de asumir González Macchi. Ahí, cada uno aportó su experiencia, su testimonio de lo que vio. Así fuimos hilando todo ese acto criminal que hubo para asesinar a los jóvenes. De ahí surgieron los nombres de Walter Bower, Morel Garay, Evelio Benítez, Domingo Guzmán Gaona, el mayor Oscar Elías, todos ex colaboradores del gobierno de Wasmosy.

–¿Cómo saltaron esos nombres? 
–Dicen que ellos, casualmente, estuvieron entrenados en Fort Laudardale, Kansas, enviados para instruirse en casos de “conflictos internos”.

–¿Eran militares en actividad? 
–En actividad durante el gobierno de Wasmosy. Fueron pasados a retiro en el gobierno de Cubas. A ellos hay que agregar al general Carlos Ayala, ex comandante de Infantería, y el mayor Oscar Elías, ex integrantes de la Senad (Secretaría Nacional Antidrogas), de donde también, “casualmente”, partieron los asesinos de Coco Villar. En la Senad también estaba como asalariado este salvadoreño Héctor Antonio Orantes Perasso.

–¿Quién es? 
–Dicen que era un criado de Wasmosy al igual que Ocholavski (hoy preso en la Agrupación Especializada por el asesinato de un chofer del diario Ultima Hora). Averiguamos que Orantes está acusado en su país de crímenes de lesa humanidad. Es un experto tirador. Actualmente trabaja para Sinafocal...

–¿Qué es? 
- Sistema Nacional de Formación Laboral. 

–¿En Paraguay? 
–Sí, claro. Depende del Ministerio de Justicia y Trabajo. Está como instructor de guardias de seguridad, de los que van a ser guardias. Llamativamente es uno de los pocos extranjeros que gozan de privilegios y de salario del Estado. 

–¿Usted los vio a todos ellos? 
–Yo vi a varios de ellos y los nombres aparecieron con el transcurso del tiempo, después de las investigaciones que hicimos con el paso de los años y a medida que se fueron acercando más muchachos corroborando todo. Yo, por ejemplo, lo vi a Felino Amarilla. Tenía un bolso negro. Se distinguía un rifle doblado, desarmable, con mira telescópica. Ahí había revólveres y pistolas.

–¿Cómo sabe? 
–Porque discutió con Elba Recalde. Se forcejeó con ella. Fue cuando ella le dijo: “No vas a entrar a mi congreso”. En esa escena estaba el diputado por Amambay del Partido Liberal, Juan Carlos Araújo. También estaba al lado Cándido Vera Bejarano (hoy senador). El tipo este no hizo caso y se subió por la escalerita que va a la azotea, en el viejo Cabildo.

–¿Por ahí subieron los francotiradores? 
–No, un grupo entró por el frente y otro por el costado: Tomé, Paiva, Galván, Fleitas, policías; Julio Wielman, civil, y el suboficial militar Carlos Giménez acompañaron a Walter Bower. El general Morel Garay (después embajador en Caracas) y el oficial Jorge López eran los jefes de guardia del Congreso.

–¿A qué hora entraron, más o menos? 
–Después de las 8 (de la noche). Un grupo de muchachos encabezados por José Luis Da Fonseca trató de impedir que entren porque la consigna era que no teníamos que tener armas. Ese Orantes andaba a veces con Walter Bower y otras veces con Pancho de Vargas. Había un policía que se llamaba Víctor Agüero también. Nos llamaba mucho la atención esos ñembo guardaespaldas, todos de civil. Nosotros identificamos a varios extranjeros, entre ellos Orantes, que tenían en su poder un termo de unos 3 a 5 litros. De ahí eran los jugos mezclados con caña y seguramente anfetaminas, el que llamábamos “jugo loco”, que les ponía a los muchachos más eufóricos. Se le daba a la gente que iba al frente.

–¿Usted confesó todo esto ante la justicia? 
–Está en el expediente. Yo declaré en el 2000, en diciembre. En la época en que nos trataban como héroes. En esa época había tanta gente perseguida, tanta mentira se difundía por la prensa... Teníamos un presidente trucho... Me volví a ratificar en todo el 5 de agosto de 2004 ante el juez Hugo Bécker 

–¿Cómo obtuvo toda esa información? 
–La mayor parte colectamos cuando estuvimos en la plaza esos tres meses de vigilia. Cada uno tenía un cuaderno y contaba su testimonio. La idea era hacer un libro con todo. Algunos, como César Ditrani (el hombre de la camilla) dijo que Silvio Ferreira fue el que ofreció armas que bajó de una camioneta...

–¿Ustedes creían que los que subieron al techo disparaban contra los oviedistas? 
–Se supone que sí. Los caños de las armas se veían perfectamente en el techo, con el resplandor de las llamas, de los 3x3, las bengalas. Un joven, Milciades López, contó que le obligaron a agacharse frente al monumento a Juan de Salazar porque disparaban desde el Congreso. María Marta Ayala y Vidal Rodríguez también hablaron en el 2000 de los disparos en el Congreso. En ABC se publicó.

–¿No fueron llamados a declarar? 
–No. A mí me ofrecieron cargos, dinero para callarme. 

–¿Quién? 
–Bower, Argaña, un señor que dijo que venía como intermediario en nombre de Wasmosy. Yo denuncié todo esto en un momento en que era una locura denunciar. Como consecuencia me mataron dos perros, balearon mi casa, me robaron el auto. Cada vez que salía a la calle, me llevaban a la comisaría “para averiguaciones”. Los más insistentes eran estos dos que cayeron hace poco: Néstor Sosa (ex jefe de Automotores) y (Martín) Faraldo, este que garroteaba a su esposa. El otro era el jefe de Investigaciones, González Cuquejo.

–¿Cuándo declaró la primera vez? 
–El 20 de diciembre de 2000. Después de varias suspensiones me tomó mi declaración el juez Bogarín. Le pedí una garantía a la fiscala Sandra Quiñónez y me dijo: “Vas a tener garantía pero en Tacumbú”. 

–¿Se enojó? 
–No le gustó nada mi declaración y solicitó mi remisión a la penitenciaría por declarar en perjurio. Dijo que era testigo falso. Ese día, en los pasillos estaba Francisco José de Vargas y una médica llamada Clara María Antúnez. Me enteré después de que era de la organización Memoria Viva. Estaba cerca de las Argaña siempre. Ella era la que más presionaba para que me remitan a Tacumbú. 

–¿Nunca le contradijeron? ¿Nunca le querellaron? Son acusaciones muy graves...
–Nunca, nadie. Estoy esperando. Cada vez hay más evidencias. A medida que pasa el tiempo, más gente se anima.

–¿No se llamó nunca a los que fueron citados por usted? 
–Nunca. Ni siquiera a informativa. Está esa fotografía bien clara de Lincoln Alfieri con una M-16 al hombro saliendo del Congreso. ¿Qué más evidencia que esa? Está la declaración de la viuda de Gumercindo Aguilar. Corroboró la participación de esos policías.

–¿La matanza fue organizada?
–Totalmente fue organizada. 

–Pero, ¿en tan poco tiempo pudieron?
–Tuvieron varios días para planificar. Nosotros nos quedamos en la plaza engañados. Creíamos todo. Creímos que a Argaña lo mataron, pero el 80% de los paraguayos cree más hoy la versión de que murió en un departamento en compañía de la Casadío y que hicieron todo un teatro con el atentado. Hasta su chofer dijo que Argaña ya estaba muerto. Yo creo que la mafia local recibió apoyo de la mafia transnacional a cambio de desvalijar el país. 

–¿Por qué hay entonces algunas madres que siguen cuestionando a Oviedo y a los oviedistas?
–La señora Gladys Bernal, la madre de Henry Díaz, es la que cuestiona. Nos trata de cualquier cosa. Los que hablan como ella es por algo. Lastimosamente son los que lucraron con el marzo paraguayo y nunca estuvieron en el frente. Esta señora tiene esa actitud porque consiguió cargo y supersalario de jefa en IPS. Le colocó al marido en Antelco. Tiene una pensión graciable en el Congreso. Está llena de privilegios.

–Pero hay otras también...
–La otra que sale a hablar contra Oviedo es la madre de Arnaldo Paredes.

–¿Quién es?
–Otro que hicieron aparecer como muerto por causa de la plaza. Este muchacho nunca estuvo en la plaza.

–¿Nunca estuvo? 
–No. Era un joven egresado en el ’98 del Colegio Nacional de Luque. Sus familiares accedieron a una pensión graciable. Inventaron. Todo Luque sabe su caso.

–¿Pero murió?
–Sí. Murió de cáncer de la médula ósea. Desde antes del marzo paraguayo se le trataba en la comisión Virgen de Loreto de las Fuerzas Armadas. El padre es un suboficial de aviación. La madre consiguió un puesto en el aeropuerto. Le agregaron a la lista de heridos del marzo paraguayo para conseguir que se fuera a Brasil a operarse. Murió en junio del ’99 y su mamá, desde entonces es la que más aparece con Gladys Bernal.

–¿Cómo lo metieron en la lista?
–Fueron Quique Sarubbi, Pancho de Vargas y compañía. A (Arnaldo) Paredes le agregaron a la lista de heridos. Ellos pedían que no se les delate “por cuestión de humanidad”, pero terminó su desgracia y ellos fueron los primeros en lucrar. De una modesta vivienda esa familia vive ahora en Las Palmas de Luque en una gran casa. Tranquilamente nos calumnian, mientras estafan al Estado porque cobran una pensión que no les corresponde. Hay muchos que tienen cosas que aclarar: Enrique Sánchez, Fernando Camacho y varios que recaudaron y nunca rindieron cuentas...