Jueves, 17 de Enero de 2019

Arriesgamos la vida por unos bandidos

En esta entrevista, César Ditrani ofrece más detalles de sus peripecias durante la luctuosa jornada del 26 de marzo de 1999, donde sufrió fractura de dos costillas y perdió un oído. El ex manifestante dice que nadie se imaginó que iban a poner francotiradores en los techos del Congreso.

–¿Cómo fue que le golpearon tanto?
–No me puedo explicar. Estábamos todos muy eufóricos. Algunos dicen que fue el efecto de un jugo loco que nos daban y que preparaban cerca de la tarima. Yo no sentía nada. Atropellábamos todo. Cuando me llevaron al Hospital Militar, a las 10 y media de la noche, tenía dos costillas rotas. Me trasladaron de nuevo a Clínicas, donde me revisaron. El otorrino me dijo que tenía perforado el oído izquierdo. 

–¿En qué momento fue?
–Fue cuando arremetíamos contra los policías, los cascos azules que querían sacarnos del frente del Cabildo. También se llevaban a golpes con los oviedistas. Una vez que nos hicieron retroceder, atropellamos y nos pusimos frente al Congreso.

–¿Quién... quiénes les instigaban a atropellar?
–Adrián Castillo, que nunca estuvo en el frente, senadores, diputados; en la radio escuchábamos que nos alentaban. El pa’i Oliva “vamos a luchar por nuestros derechos”, decía. Hoy se hace el nene bueno. Era el que más nos instigaba a avanzar sobre los oviedistas y los cascos azules. Nos alentaba a quemar esas camionetas. Se convirtió en una batalla campal, pero nadie se imaginó que iban a poner francotiradores para asesinar a los que estábamos en la plaza. 

–¿Había armas entre ustedes?
–Yo ya dije varias veces que Silvio Ferreira, el que fue después ministro (de Justicia y Trabajo), nos ofreció armas frente al Cabildo. Las bombas molotov se fabricaban al costado del Congreso y después, cuando vino la arremetida de los cascos azules, se fueron todos hacia la Catedral, en el pasillo de la Catedral.

–¿Dónde estaba usted a la hora de las muertes?
–Antes de que me llevaran al hospital, estábamos en la plaza, hacia la Casa de la Cultura, cerca del (edificio) Zodiac. Yo vi bien los disparos de arriba del Cabildo. Nosotros estábamos convencidos de que nos estaban protegiendo. Lo que en ese momento no entendíamos era por qué había tantas vainillas servidas, por qué vino tan rápido la Municipalidad a limpiar todo ya esa madrugada y esa mañana temprano.

–¿Usted cree que (Martín) Burt lo sabía?
–No sé si lo sabía, pero desaparecieron todas las evidencias. Después vimos la foto de Lincoln Alfieri con el arma de guerra al hombro. ¿Qué hacía con una M-16 bajando del Cabildo? Hay fotos de uniformados disparando, de guardias particulares del Congreso trajeados. Mucha gente llevó de recuerdo esos cartuchos. A veces me da mucha rabia recordar todo eso.

–¿Cómo fue a parar al final en el Palacio de Gobierno en camilla?
–Me llevaron. Fueron a buscarme en una ambulancia. Me dijeron que era para “el juramento al pueblo” de González Macchi. Yo estaba con suero, con oxígeno. Me sacaron antes de entrar al Palacio.

–¿Qué le dijo González Macchi?
–“Gracias, joven, y, en su nombre, a todos los jóvenes del país”. Lagrimeaba. Había muchos aplausos. No pensé hasta ese momento que iba a ser un gobierno de ladrones y criminales. En ese momento yo también estaba emocionado. Hoy, mi mayor anhelo es que los jueces tengan coraje y se castigue a los verdaderos culpables de la matanza. Ojalá González Macchi, Wasmosy, Galaverna, Barchini, los Argaña y los que se prestaron sean enjuiciados y que el peso de la ley caiga encima de ellos. Que se le investigue a González Macchi, a Wasmosy, a los Argaña, a Walter Bower, a Pancho de Vargas, a todos los que estuvieron involucrados.

–Los argañistas dicen ahora que van a recurrir a la justicia internacional... 
–Sea nacional o internacional, yo creo que hay muchas evidencias. En el expediente hay una cantidad impresionante de testimonios. Hay mucha gente que no declaró todavía. No se le llamó, especialmente a los que fueron identificados como los francotiradores de los techos del Congreso. Yo estoy de acuerdo en que se investigue. Yo firmé esa nota a los comunicadores católicos para que se investigue. Yo me ofrezco, y los demás que estuvimos en la plaza tres meses en vigilia permanente, también. Tenemos un censo de los aproximadamente 80 que estuvieron con nosotros todo ese tiempo. Podemos llamarlos y pueden atestiguar.

–¿Cuál es su opinión de la liberación de culpa y pena de los 25 oviedistas?
–Que se hizo justicia. Ellos nunca tuvieron nada que ver con los disparos. Fueron chivos expiatorios para justificar la represión. Los que tienen que ir presos son ellos, los que nos instigaron. Fuimos vilmente manipulados. Arriesgamos la vida por unos bandidos que en poco tiempo saquearon el país a su gusto y placer, con toda impunidad.