Sábado, 23 de Febrero de 2019

Lugo es el más indicado para romper el sistema stronista

 

–¿Cuál es su parentesco con monseñor Lugo?

–Primos hermanos somos. El es Lugo Méndez Fleitas, hijo de Guillermo Lugo Ramos y Maximina Méndez Fleitas, hermana menor de mi padre, Epifanio Méndez Fleitas.

–¿Ustedes lo empujaron a la política?

–Yo creo que en toda actividad humana existe una tendencia genética casi. Su padre ha sido un hombre de actividad política, si bien no ha sido muy destacado a nivel nacional, pero sí lo fue a nivel de Itapúa. Por parte de su madre, sus hermanos han sido perseguidos. Yo creo que la influencia de la persecución de todas nuestras familias, fundamentalmente de su tío, mi papá, lo inclinó a decidirse.

–¿Cuál fue la influencia de la familia?

–El lo ha dicho más de una vez, que su sensibilidad social, posiblemente, no estaba colmada por la acción solamente pastoral. Mucha gente le pidió que se lanzara a la arena política. Los Méndez Fleitas, paralelamente, estábamos estigmatizados por el sistema. No íbamos a tener nunca chance en el Partido Colorado que jamás se sacudió de su stronismo, algo que mi papá ya advertía allá por el 81, 82 desde el exilio que después de Stroessner vendría el stronismo.

–¿No se fue el stronismo?

–Este Partido Colorado no tiene nada que ver con el partido del 55 para atrás, cuando estaba compuesto por grandes hombres, grandes caudillos, honorables señores; seguramente con muchos errores, pero con una honestidad cristalina, de prosapia admirable. Este que tenemos es un instrumento de las mafias que someten al país desde hace más de 50 años. Nosotros, los que vinimos del exilio, aguantamos 17, 18 años (en la transición) bajo esta estructura, con la esperanza de encontrar algún cambio y liberarlo. Pero nos estrellamos contra una herejía ideológica, totalmente herética. Se trata de una oligocracia, un poder de grupos dominantes, en gran parte mafiosos, a los que no interesa la democracia.

–¿Cómo se puede entender que este no es el Partido Colorado si acaban de votar cerca de 800.000 en las internas?

–¿Quién dijo que votaron 800.000? ¿Hay que creerle al que siempre miente o hay que creer las cifras reales?

–¿Cargaron las urnas?

Ahí metieron votos por todos los costados. Yo estoy seguro de que en la última elección no hubo más de 300 a 350.000 votantes. Fue una competencia de quién hacía más trampa. El que me diga lo contrario está mintiendo.

–¿Tiene alguna prueba o es una sospecha suya?

–Yo sé que ahí hubo cargas impresionantes. Ahora ¿cuánto se cargó? no puedo saber. Este sistema electoral es perverso y tramposo. Esta rosca impone el candidato que se le antoja...

–¿A Blanca la sacaron así?

–No hay nada que discutir, o ¿por qué es que el otro grupo que quedó como perdedor no se aviene todavía a trabajar por la candidatura oficial? Hace poco Calé Galaverna se confesó como uno de los responsables de la trampa contra Argaña en el 92, así como se supo de la maquinita que usaron para embromarlo a Domínguez Dibb en el 2003. Es una serie, sin cesar, de trampas y fraudes. Hago la salvedad del tribunal que encabezó Pedro Hugo Peña en el 97, cuando dio ganador a Lino Oviedo. Con todos sus errores, su tiempo de stronismo, a Peña le quedó esa gallardía y honor de buen colorado...

–Pero, además, qué se puede comparar entre Peña y Oscar Latorre...

–De esta última elección surgieron dos sectores fundamentalmente, el oficialista y el que se rebeló contra el oficialismo, pero con una liviandad especial también. Esta coyuntura va a desembocar en la caída de este grupo, de stronismo y neostronismo corrupto.

–¿No es una apuesta muy riesgosa la que hicieron al romper con aquella concertación y formar este conglomerado?

–Nosotros estuvimos estos últimos 18 años en el molde. Absolutamente no hay poder posible capaz de hacer un cambio. Quien entre ahí y quiera cambiar va a ser absorbido o liquidado. Ellos creen como Stroessner, que toda la vida van a ser poder y que todas sus fechorías van a quedar impunes. Es un absurdo.

–Se dice que los que llegan al poder, ven desde ahí que se les abre todo un cielo de impunidad...

–El poder corrompe y el poder absoluto corrompe del todo, decía un legislador inglés. Y aquí hay un poder absoluto desde hace muchísimo tiempo. La gente cree que porque se fue Stroessner se rompió el poder absoluto. No es así. Este es un sistema. Y ese sistema hay que romperlo. Para eso necesitamos un gobierno transparente, honesto, que devuelva credibilidad.

–¿Cómo podrá gobernar Lugo a esa infinidad de partidos y grupos colgados encima, desde la derecha hasta marxistas?

–Aparentemente es un poco difícil. Pero nosotros tenemos 4 ó 5 puntos en los que estamos totalmente de acuerdo. No es la maravilla del mundo, pero sí queremos luchar, por ejemplo, para que la impunidad termine y la honestidad reine en el gobierno nacional. En eso vamos a ser intransigentes. Yo creo que ahí están de acuerdo desde los liberales hasta el P-Mas. Segundo, necesitamos recuperar nuestra riqueza entregada durante la dictadura. Yo creo que ahí tampoco va a haber desacuerdo ni de la izquierda ni la derecha.

–Sin embargo, hay cuestiones fundamentales, el modelo económico. ¿Va a ser liberal, socialista?

–El modelo económico no va a cambiar en cinco años. Nosotros en el Paraguay tenemos un modelo de economía no tan liberal. Es intervencionista. La intervención se hace a través del grupo dominante. El día que se haga la intervención del Estado a favor de la gente todo va a ser distinto.

–No parece ser solo una cuestión de honestidad...

–No vamos a cambiar este sistema de libre mercado y de economía intervencionista por un socialismo ni estatismo ni nada por el estilo en cinco años. El consenso general, repito, es fundamentalmente: terminar con la impunidad, limpiar la corrupción, recuperar nuestras riquezas y darle un respiro económico y un nuevo sistema educativo a la gente.

–¿Y después, qué?

–No vamos a decir: “vamos a socializar esto”. Lo que se piensa –y están todos de acuerdo– es incentivar las cooperativas, los grupos económicos solidarios...

–Deduciendo de sus discursos, ¿él no está sacrificando su identidad propia, para agradar a sus aliados marxistas?

–Yo creo que no hay ninguna contradicción. Dígame qué sector tiene más gravitación en él. Lugo es muy pluralista...

–¿No son puros nombres esos grupos que tiene detrás, aparte de liberales o colorados que lo respaldan?

–Eso vamos a ver en las elecciones. Lo único claro y real es que adonde vaya le van a decir que van a votar por Lugo. Representa una esperanza hasta para los oficialistas. Los de P-Mas tienen un criterio independiente, Tekojoja también. Nosotros, los colorados, somos una corriente tradicionalista.

–En un país de tolerancia cero, más bien puede terminar como bolsa de gatos...

–Para mí no existen contradicciones insalvables en la Alianza. El Paraguay está dividido en dos. La gente que quiere un cambio, por lo menos hacia la honestidad, y la que tiene un hábito vicioso para la corrupción.

–¿No podría terminar como instrumento de políticos tradicionales para asegurar cargos electivos?

–Ningún inocente llega a obispo. Si Lugo llegó a general de la Iglesia tuvo que haber pasado miles de pruebas. De 20 a 30 mil sacerdotes, uno llega a obispo. Es lo máximo. El no es ni un inocente para ser usado. Yo hablé mucho con él...

–Los luguistas abandonaron abruptamente la Concertación cuando liberaron a Oviedo. ¿Ya estaba decidida la candidatura?

–La acción política de Oviedo no concitó la confianza de la conducción política nacional. Suscitó la adhesión de muchas bases, pero no la confianza, porque los intelectuales huelen y ven mucho más allá de lo que hace la pobre gente que intuye nada más. Considero a Raúl Cubas como el mejor presidente que tuvimos después de Federico Chaves. Pero la soledad lo echó. Oviedo lo obligó a la soledad. Es imposible conciliar con Oviedo a no ser que estemos encuadrados dentro de su voluntad. Y eso no podía ser consensuado. El primer candidato consensuado que tiene el Paraguay se llama Fernando Lugo. Unace tiene su líder. Patria Querida el suyo. Fíjese que los dos liderazgos son autoritarios. En la Alianza no existe un liderazgo autoritario. Lugo no tiene ataduras al sistema. Segundo, no tiene intereses crematísticos. El dinero para él no es nada. Como usted dice. Es un riesgo muy grande. Después de esto si él no triunfa, queda en la lona. Pero hay una cosa, alguien tenía que jugarse. Y esa es una virtud que tiene Fernando Lugo.

–Si pierde tiene la opción de volver a la Iglesia, como le piden los obispos...

–No. El no va a volver.

–¿No?

–Ya no va a volver. Si pierde, cosa que no va a ocurrir, en todo caso, se va a casar o qué...

–¿Es posible? ¿Tiene novia?

–(sonríe) No, no, no. En este momento su novia es la política. Le distrae todo el tiempo. No tiene tiempo ni para dormir...

–¿Hasta qué punto le perjudica que los obispos digan que la rebeldía de Lugo es un puñal clavado en el cuerpo de la Iglesia?

–Eso no dice la jerarquía. Eso dice un obispo. Es la opinión de uno, o de dos, o de tres. Pero no es de la jerarquía.

–¿No puede ser determinante en los católicos?

–Bueno, hay dos clases de feligreses. En los dogmáticos, en la gente que no piensa, puede tener influencia. Pero en los feligreses que sienten el hambre, los que sienten la desgracia de tener a sus hijos enfermos o sus familiares que se ven obligados a emigrar, ellos tienen una esperanza extraordinaria en Lugo. El es el más coherente de los cristianos.

–El era la opción en el 2006, cuando los oficialistas no estaban dispuestos a permitir que nadie les haga frente. ¿Qué pasó?

–No. No es encandilarse por el poder. Cuando él salió a la lucha, estaba Tekojoja y algunos de nosotros. Recolectamos 125.000 firmas reales para que se decida. Poco a poco fueron apoyándole los partidos y movimientos. Ahora ya prendió. Gracias a su inteligencia no se dejó llevar tampoco por todas las tentaciones, las puñaladas que ofrece el sistema para trancar la rueda. Pero no cayó. Y no va a caer más. Lugo va a ser presidente.

–¿Quién puede asegurar que no va a ser un títere?

–Y hay que conocerlo en su personalidad y si tiene pasta de títere.

–Es un completo novato en la política...

–Pero ¿qué presidente de Paraguay no ha sido novato en la política en los últimos 60 años, empezando por Stroessner? Después del dictador vino Rodríguez. Después, Wasmosy. ¿No era un novato? Después fue Cubas y enseguida González Macchi. Y ahora le tenemos a este hombre (Nicanor) que fue 10 años periodista. Dios nos libre y nos guarde.

 

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Asunción, 19 de febrero del 2008