Sábado, 23 de Febrero de 2019

Hamed afirma que el futuro del mercado paraguayo está en Asia

 

“La Guerra Fría terminó”, afirma el futuro ministro de Relaciones Exteriores, Alejandro Hamed Franco, al anunciar que el gobierno de Fernando Lugo ampliará sus relaciones a Asia y Africa, sin descartar a China continental e Irán. En esta segunda y última parte de la entrevista, Hamed remarca que Paraguay estará a partir de ahora donde haya buenos negocios.

–¿A usted le parece positiva esa actitud hostil a EE.UU.?

–Hay un cuestionamiento general, en América del Sur, fundamentalmente. Es casi un cuestionamiento casi mundial a la manera en que Estados Unidos aplicó su política internacional en los últimos tiempos. No le estoy diciendo nada nuevo, porque esas críticas provienen de Estados Unidos mismo. En función a los países de América del Sur, daría la impresión de que se busca un espacio mayor para actuar. Realmente se trata de acompañar la política del buen vecino en el contexto internacional.

–¿Cuál es la política internacional que va a seguir?

–Hay una política internacional regional del Mercosur. Hay otra política más grande de América del Sur, América Latina. Había una política internacional general en función de Estados Unidos, gran país, de Europa. Tenemos que proyectarnos más hacia el Asia, el futuro mercado de productos. Hay que conservar mejor las pocas relaciones que tenemos con Africa. Me dicen que Angola, por ejemplo, es el tercer comprador de nuestra carne. Tenemos que potenciar una presencia diplomática en Angola. Vamos a tener 3 ó 4 políticas diferentes. En lo que atañe a América Latina, por sobre las discrepancias que podamos tener –por ejemplo, en el tema de las hidroeléctricas, que tenemos que negociar–, independientemente, veo que hay una tendencia en las resoluciones que se van adoptando a nivel internacional de una política común. Entonces, ¿por qué nosotros vamos a desentonar eso?

–Una política internacional de bloque...

–Lógico, señor; si no, estamos perdidos. No se puede hacer política internacional en forma ais- lada. Los países poderosos se unen. Europa es el modelo más cercano. Hace 50 años que empezaron. No han podido ponerse de acuerdo en una Constitución. Entonces, negocian. Hacen concesiones para seguir avanzando.

–¿Tiene previsto establecer relaciones con Irán?

–Paraguay tiene relaciones con Irán. Hay un embajador iraní en Montevideo. Uruguay hace buenos negocios con Irán. Es un mercado muy importante. Todos los países están representados en Irán; solo Estados Unidos no está ahí. Estas cosas tenemos que estudiarlas fríamente. La “Guerra Fría” terminó.

–Si la “Guerra Fría” terminó, ¿por qué no con China?

- Usted sabe, los países tienen relaciones con China continental. Están haciendo buenos negocios, empezando por EE.UU. Necesitamos analizar en profundidad. Lo mismo pasa con el caso de Irán, con el que todo el mundo hace buenos negocios. Entonces, ¿qué hay de malo en que vendamos?

–¿Usted, personalmente, qué piensa de China?

–Tenemos que sopesar los pro y los contra.

–Hoy existe una coyuntura internacional nueva como el diálogo entre China y Taiwán.

–Eso es muy importante. Eso favorece todo. De alguna manera, se congeló esa “belicosidad” que había entre ellos. Al haber un acercamiento, se favorecen muchas cosas. No se olvide que Taiwán es un gran inversor en China.

–No hay relaciones políticas, pero el comercio no se detiene.

–Lógico. Se impone esa dinámica, que no es ideológica, sino pragmática. Es un tema delicado. Prefiero manejarlo con el presidente. De común acuerdo, veremos qué es lo mejor.

–¿Tiene fundamento la sospecha de EE.UU. de la existencia de “células dormidas” del Hizbolá en la Triple Frontera?

–Yo no tengo pruebas de eso. Las autoridades, tanto del Brasil como de Argentina y de nuestro país han dicho que no se han detectado campos de entrenamiento terrorista ni nada por el estilo.

–¿Y la financiación de esos grupos?

–Como todo país que tiene migrantes en el exterior, y nosotros también, las remesas que los inmigrantes libaneses envían a su país es un tema sumamente importante para el Gobierno libanés. Ellos están recibiendo cerca de 6.000 millones de dólares de los inmigrantes. Hay más inmigrantes libaneses dispersos por todo el mundo que en el propio Líbano, unos 12 ó 14 millones. Lo que no tenemos que dejar de hacer es ajustar los controles.

–¿Por qué le parece que Paraguay tiene esa mala fama?

–Es prudente pensar que podría haber personas que vienen, militantes radicales de una filosofía determinada. Tenemos que ser cautelosos en cuanto a eso.

–Usted fue sumariado por la cancillería por ese tema de las visas. Por algo fue, ¿o fue un asunto personal?

–Alguien seguramente denunció. Del sumario pasó a los estrados judiciales, y hace poco la jueza desestimó la causa. Hay unos pasos administrativos para cerrar completamente el círculo. Ya expliqué suficientemente. Fue algo que pasó en la guerra (con Israel en el 2006). No era fácil. Había que estar allá en el cuero de uno. ¿Qué hubiera pasado si morían paraguayos porque no alcanzábamos a darles una visa para poder evacuarlos?

–¿Por qué dicen que usted otorgó visas, más del 60%, fuera de ese período de la guerra?

–No tengo inconvenientes en que se examine. Como jefe de misión, yo tenía autoridad para emitir visas. Después vino una circular en que se restringió eso porque había que hacer trámites vía cancillería, mandando todos los antecedentes y después ellos dictaminaban si se daba o no se daba. Por lo general, se daba, pero demoraba. El grueso de esas visas que se mencionan se hicieron un poquitito antes, durante y un poquitito después de la guerra.

–¿Por qué?

–Porque poco antes nosotros detectábamos ya lo que se nos venía encima. Durante la guerra no teníamos fax ni medios, sino solo teléfono. Cuando comenzó la guerra, era desesperante la llamada de los familiares. Tenía que ubicar a los parientes perdidos. La comunicación era difícil. Una vez que localizábamos al compatriota, generalmente en el sur –la parte más atacada–, teníamos que buscar los mecanismos para sacarlos. Generalmente, aprovechábamos la noche. Buscábamos algunos taxistas conocedores de los caminos laterales, porque era peligroso y era imposible transitar por las rutas normales. Un viaje que habitualmente dura media hora, tardaba 4 ó 5 horas.

–¿Adónde los llevaban?

–A la Embajada. Venían famélicos, sin dormir, sin dinero. Salían como podían.

–¿Todos paraguayos?

–¡Estoy hablando de paraguayos y paraguayas! Mi obligación era asistirlos. En la Embajada se aseaban. Esperaban hasta que les conseguíamos un cupo en aviones brasileños que salían, primero desde Turquía, y después llegaron a salir desde Damasco. Y ese cupo se negociaba acá, vía cancillería. Imagínese la lucha que teníamos para encauzar la repatriación.

–De ahí parte la denuncia de la entrega de visas a extraños.

–Mi conciencia se siente tranquila de que hicimos todo lo posible para ayudar a la gente que necesitaba.

–Entre los beneficiados se habló de alguien que fue rechazado por Brasil.

–Puede ser. Brasil rechaza visas por razones muy diferentes a las nuestras. Nosotros, desde que Asunción instala el proceso de control, solemos conceder visas pasando todos nuestros controles, mientras que Brasil no acuerda. Pero Brasil no acuerda visas por dos razones: la insuficiencia de la presentación de los requisitos y, la otra, generalmente cuando dice “negativo”. El que no presenta todos sus requisitos tiene la opción, a los 6 meses, de volver a presentarse, cosa que nosotros no hacemos. Cuando alguien viene con los papeles insuficientes, les decimos: “A usted le falta; cuando tenga todo, venga, llene el formulario y nosotros enviamos a Asunción y esperamos la decisión de Asunción”. O sea, tenemos procedimientos distintos. Pero trabajamos con Brasil. Después de la guerra, intercambiamos información.

–¿De cuántas visas estamos hablando?

–Yo vi que publicaron 1.500 visas. En los menos de 4 años que estuve, creo que otorgamos unas 700 visas. Es fácil de saber en la sección consular del Ministerio. Mi formación es humanística. Soy un hombre de paz. Como todo hombre pacífico del mundo, anhelo que este atormentado mundo viva en paz. Cuando miramos el mundo desde el Paraguay, vemos problemas más graves.

–Consuelo de pobres...

–Claro, porque vemos que hay otros peores que nosotros. Eso no quiere decir que sea justo. Entonces, todos, de alguna manera, los que tenemos conciencia de esa situación, batallamos por temas que nos aquejan a todos. El calentamiento global, por ejemplo, nos afecta a todos. El tema del hambre es terrible...

–¿Qué le dice a la gente que desconfía de usted?

–Yo tuve el honor de ser convocado por el presidente para confiarme esta tarea. Yo le diría a nuestra gente que confíe en mí. Confiaron durante la guerra, que fue una prueba de fuego para mí. Fue una prueba muy fuerte. Había que estar allá para ver el desgaste. Salimos airosos. Yo voy a poner todo mi empeño en que tengamos una política externa digna, en donde vamos a defender nuestros intereses tenazmente, sólidamente, con argumentos palpables, para que tengamos una posición un poquitito más merecida en el concierto de la comunidad internacional.

–¿Cuál es la meta con Itaipú?

–Las cuestiones de la hidroeléctrica van a volver al ámbito de la Cancillería: Itaipú, Yacyretá, Corpus. Ya conversé con algunos especialistas. Tengo la impresión de que tenemos muy buenos. Tenemos una idea de lo que queremos y de lo que podemos. Tenemos que negociar. No hay alternativa. Ahora, ¿qué podemos obtener como resultado? Eso lo sabremos de acuerdo a la táctica y al trabajo que podamos realizar.

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Lunes, 28 de julio del 2008