Sábado, 23 de Febrero de 2019

Los padrinos, las recomendaciones, terminarán en agosto

 

No hay que ser tan vanidoso cuando uno está arriba, ni deprimirse tanto estando abajo. Hay que tener presente a un Mandela que sale de la prisión sin resentimiento, sin odio, después de 28 años. Le ocurrió a Perón, a Ayala, a Estigarribia. Son reflexiones de un experimentado en el poder y en la llanura, el futuro ministro de Educación, el colorado Horacio Galeano Perrone. Quien, en esta entrevista, anuncia que el padrinazgo se acabará y que desde el 15 de agosto se premiará el currículum.

– ¿Por qué cree que el presidente electo lo prefirió a usted y no a liberales o demás coaligados?

– Según me dijeron, el presidente estudió las posibilidades. Es un ministerio complejo donde no se puede improvisar. Tiene 1.650.000 alumnos, 90 mil docentes, 6 mil funcionarios, 12 mil establecimientos educativos y, si hablamos del factor multiplicador, abarca a toda la ciudadanía, entendiendo que los padres también forman parte de la comunidad educativa. Creo que al presidente le interesó más mi experiencia anterior...

– Fue ministro del general Rodríguez.

– En realidad estuve en tres oportunidades, primero como viceministro, número 2 de (Dionisio) González Torres. El general Rodríguez también me dio la responsabilidad de iniciar conversaciones y restablecer relaciones con la Iglesia. Me dio la misión de ir a Roma. Le reemplacé a Seifart en Educación, a Wasmosy en Integración, a Sapena, otra vez en Educación. Le sustituí en Diben a Carlos A. Mersán y en el gobierno de Wasmosy estuve en un cargo de perfil bajo, ministro del Consejo de la Defensa...

– ¿Cuál fue su lazo con Rodríguez?

– El era muy amigo de mi padre, Marciano Galeano, que vive todavía. Tiene 88 años. A mí, particularmente, me dio muchísimas oportunidades.

– Su nombre fue el primero en danza para sucederlo. ¿Qué pasó? ¿Eligieron a Wasmosy por su dinero?

– La vida es así. Yo tenía 46 años. Tal vez me faltó más experiencia política. Hubo factores exógenos. Son cuestiones circunstanciales, como decía Churchill.

– Pero también de la oposición lo llamaron...

– Guillermo Caballero Vargas me invitó en el 93 a ser su vicepresidente. En el 98, también me ofreció un candidato opositor, pero como eso no se hizo público, no quiero mencionarlo. Pienso que confiaron en mí porque saben que estoy acostumbrado a convivir en las diferencias.

– Las cosas que tiene la vida. Opositor en el stronismo, oficialista con Rodríguez, perseguido por esa grosería de gobierno del 99 y ahora de nuevo...

– Es la constante de los comprometidos. Siempre seguí los dictados de mi conciencia y de mi formación. Cuando fui presidente colorado del centro de estudiantes de Derecho UNA, nos acoplamos a aquella huelga por la venida de (Nelson) Rockefeller (en el 69). Más tarde testimonié a favor de (el liberal) Félix Bogado Gondra en el proceso que se le siguió. Cuando tuve que recibir la medalla de oro, me negué a hacerlo de manos del general Stroessner...

– Hasta lo personificaron en una película...

– Sí, “La lucha de un solo hombre“, sobre la vida de Joelito Filártiga, donde actuaron Anthony Hopkins como el Dr. Joel Filártiga y Rubén Blades personificándome a mí como su abogado. Pensé que era una broma, pero me pidieron fotografías mías y tiempo después, cuando vi la película, realmente me emocioné.

– ¿Por qué se interesaron en hacer esa película?

– Fue un caso que impactó en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Yo tenía 28 años en el 73. Demostramos las grandes contradicciones de la historia oficial. Aprovecho para decir que en esta administración, una escuela va a llevar el nombre de Joelito, en homenaje a ese niño (17 años) que dio su vida, y a su familia que soportó con estoicismo tanto dolor para defender la verdad.

- ¿Qué hubo que demostrar ahí?

– Nosotros demostramos que Joelito murió torturado. Yo hice llamar al juzgado 43 oficiales de policía...

– Una osadía. Era una época muy difícil...

– Por eso me apresaron. En la cárcel conocí al capitán Napoleón Ortigoza. En una de esas salidas locas de juventud, le dije que él iba a salir en libertad y que como premio iba a ser nombrado en un cargo importante. Cosas del destino, cuando fui ministro, uno de mis primeros nombramientos fue el de Ortigoza en Educación. Fue un hombre a quien hasta hoy guardo gran respeto y cariño. Yo tengo claridad en los conceptos de la política. Le leí bastante a Churchill, a Kennedy, a Perón. La persecución forma parte del presupuesto de un paraguayo consecuente. Desde el llamado Marzo Paraguayo, fui un excluido aun sin haber ocupado cargos en el gobierno de Raúl Cubas...

– Fue increíble aquella borrachera de abuso de poder, despilfarro y silencio cómplice de mucha gente...

– Desgraciadamente, en política, aquí, hay que tener carácter para soportar la adversidad. No hay que ser tan vanidoso cuando uno está arriba, ni deprimirse tanto estando abajo. Hay que tener presente a un Mandela que sale de la prisión sin resentimiento, sin odio, después de 28 años. Le ocurrió a Perón, a Eligio Ayala, a Estigarribia...

– Esa acusación de estafa que tuvo encima, ¿tiene relación con todo lo que le pasó?

– La causa está extinguida. El juez me ha dado el sobreseimiento libre, definitivo, con dictamen favorable del fiscal. Es una cuestión personal. Prefiero obviar. Ya pasó. No hubiera aceptado ser ministro con una mancha así. Tampoco me hubiera aceptado el presidente.

– ¿Usted es cuota de Oviedo, Castiglioni, la Iglesia?

– Le puedo asegurar que no soy cuota de nadie. Soy producto de una decisión del presidente. Pero debo confesar que tengo una excelente relación con Castiglioni, con Oviedo. Puedo decir también que tengo una excelente relación con la Iglesia y los grupos no confesionales...

– Paraguay es el más atrasado en educación, según los informes internacionales. ¡Qué paradoja! Conste que de ahí salió un presidente, una candidata a presidenta...

– La paradoja se da en otro sentido. Educación fue la cartera que más incrementó su presupuesto. Se da la paradoja que la ONU nos aplaza. Pero hay que ser objetivos. Hay que reconocer el esfuerzo que se hizo. Lamentablemente el compromiso partidario electoral enturbió la posibilidad de poder pegar el salto para despegar.

– ¿Cuál es su prioridad?

– Despartidizar la educación, transparentar la administración y descentralizar el ministerio.

- ¿Es posible?, con todos los intereses enlazados como maraña por dentro, por fuera...

– Vamos a inspirarnos en el Dr. Francia, que forjó el Paraguay independiente; en Eligio Ayala, que actuó con mano firme en la preparación del país para la Guerra del Chaco. Son dos patriotas singulares de nuestra historia.

– Es el único ministerio que no tiene sede propia, con oficinas repartidas por todo el centro...

– La plata está. Con el presidente vamos a tomar la decisión y después del 15 de agosto vamos a anunciar el lugar donde se construirá la sede permanente.

– ¿Qué tiene previsto para “reformar” la reforma?

– “Tenemos que hacer la contrareforma educativa”, como dicen los maestros del interior.

– La reforma llenó de materias a los alumnos. Se les da varias oportunidades para aprobar. No estudian. Se aplazan. Así se quejan los maestros.

– Eso absolutamente cierto. Hay un descontrol, un desorden. Vamos a atender esta inquietud de los maestros. Alguien en el interior me decía en estos días: los akãguasu (los sabios) no le entienden a los akãkuru...

– Los akãne... ¿Cómo llegar al punto de seleccionar entre los que quieren estudiar y los que no?

– Los que no quieren estudiar no van a ser promocionados, sencillamente. Van a ser excluidos. Yo le culpo mucho al electoralismo este problema de la enseñanza. Fueron 20 años de electoralismo y así es imposible tener políticas públicas que requieren consenso de la sociedad.

– ¿Usted tiene alguna estrategia para despartidizar?

– Clarita tengo la película. Los méritos y las aptitudes van a ser premiados. Nadie más va a tener que recurrir a padrinos, a amigos, para ser promocionados. Los padrinos, las recomendaciones... eso se terminó. Vamos a poner firmeza y también ternura. Hay que ser respetuoso del ser humano, de su dignidad, del educador, del alumno, pero con firmeza. No hay que vacilar para cumplir los grandes objetivos. Solo así confiarán en nosotros y nos seguirán.

– ¿No estará tentado en motorizar su propio proyecto político como hicieron sus antecesores?

– Yo no tengo un proyecto político. Me acuerdo del día en que el general Rodríguez me habló de un proyecto político. Lo primero que le pedí fue salir del ministerio. El no quiso. Le puedo asegurar que si llego a tener uno, ese día no voy a ser ni un minuto más ministro de Educación. Hoy, más que colorado, soy paraguayo y quiero entrañablemente a mi país. El presidente Lugo tiene mucho predicamento y mucho prestigio internacional. Vamos a aprovechar este momento para imponer los cambios y revertir la inequidad, la peor carga histórica que soporta la sociedad paraguaya.

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Domingo, 20 de julio del 2008