Domingo, 26 de Mayo de 2019

Ambiente represivo espantó la presencia de verdaderos testigos

Darcy de Woroniecki, esposa del coronel Vladimiro Woroniecki -militar preso casi tres años, acusado falsamente de la muerte de Argaña, de los manifestantes de la plaza y del supuesto golpe de mayo de 2000- relató que aproximadamente 30 minutos después la muerte de Argaña, desde la Cámara de Senadores, el reportero televisivo Caballero lanzó en forma maliciosa al aire la versión de la supuesta participacion de su marido en el atentado. Los nuevos dueños del poder le tenían una especial aversión al militar que cuidaba celosamente las espaldas de Lino Oviedo.

Dijo que una supuesta señora a la que no conocía pero que era ‘‘muy amiga’’ y que le merecía fe se arrimó y le reveló que sabía quiénes atentaron contra Argaña y que entre los sicarios pudo reconocer al coronel Woroniecki.

‘‘Ese periodista repitió esta falsedad en sus informes al aire ese mismo día 23, el 24 y el 25 (de marzo de 1999). Todo esto se publicó el 24, el 25 y el 26 de marzo del 99’ en los periódicos. Mi esposo recortó lo aparecido en la prensa y adjuntó a una nota que elevó a su comandante directo, el del Primer Cuerpo de Ejército, solicitando permiso para querellar al citado periodista’’.

LA RESERVA DE LA FUENTE PARA FINES RUINES

Woroniecki obtuvo la venia del citado comandante, pero no así del entonces comandante de las Fuerzas Militares, Gral. Eligio Torres Heyn, quien, al contrario, le negó el permiso.

Le dijo que no necesitaba querellar a nadie, puesto que a más de 150 militares y empleados militares les constaba su presencia en el cuartel en el momento en que supuestamente se perpetró el magnicidio.

Sin embargo, el 14 de abril del ‘99, el entonces comandante del Ejército, Gral. Escobar Fariña, hizo llamar a Woroniecki para comunicarle que ‘‘por orden superior’’ de González Macchi, estaba arrestado e incomunicado ‘‘por tiempo indefinido’’.

‘‘Recién el 5 de mayo, más de 20 días después, nos enteramos en la prensa que mi esposo fue imputado como autor material del magnicidio, en base al testimonio de Andrés Caballero, quien se amparó en el artículo constitucional que protege a los periodistas de reservarse su fuente’’, recuerda Darsy de Woroniecki.

A las declaraciones de Caballero se agregaron las de los testigos falsos Isabelino Valdéz Colmán y Rubén Arguello, quienes supuestamente lo vieron junto a Máximo Osorio y Walter Gamarra cuando venían de quemar el famoso Fiat Tempra.
‘‘Solicitamos que vuelvan a declarar los tres y se presentó el periodista Caballero quien se amparó una vez más en el artículo constitucional de la reserva de su fuente. Pero, para esa fecha ya sabíamos que su ‘fuente confiable’ eran los senadores Pancho de Vargas, Calé Galaverna y Luis Alberto Mauro. En forma ruín utilizó su condición de periodista y se prestó a sus amigotes del Senado para perjudicar impunemente a mi esposo, mancillando el rol de todo periodista que se precie de contar con ética y moral. Lamento que el Sindicato de Periodistas no haya tomado cartas en el asunto y -presumiendo que existe un tribunal de conducta- exigirle como mínimo una pública disculpa por haber logrado dañar emocional, moral, económica y profesionalmente a mi esposo y a toda mi familia’’, manifiesta Darsy de Woroniecki.

UN AMBIENTE REPRESIVO

En aquel entonces, la prensa que no conjugaba con el autodenominado Gobierno de Unidad Nacional era atacada sin piedad por la mayoría de medios de prensa y periodistas plegados, ciega o interesamente al régimen, como en los tiempos de la dictadura de Alfredo Stroessner.

Fueron detenidos entonces, el director del diario La Nación Osvaldo Domínguez, su columnista Alberto Vargas Peña. Se pidió orden de captura del locutor y presentador Raúl Melamed.

Los mismos jueces y fiscales del caso Argaña prohibieron curiosamente las investigaciones periodísticas de nuestro diario en las que se descubrió al testigo falso Gumercindo Aguilar y se desnudaron la desprolijidad y la poca seriedad de la pesquisa judicial-policial, dedicada exclusivamente a la caza de políticos opositores al Gobierno.

El director de ABC tiene acumulado desde entonces más de una decena de querellas en contra, de claro tinte extorsivo, que parten del mismo influyente hombre fuerte del régimen Juan Carlos Galaverna, pasando por Juan Ernesto Villamayor, los jueces que intentaron detener nuestras publicaciones, entre otros.

Paralelamente, una organización parapolicial, sustentada en el Senado, bautizada como ‘‘Memoria Viva’’, mimetizada bajo el escudo de familiares de los caídos el 26 de marzo en la plaza, se encargó de perseguir y agredir impunemente a políticos opositores -en una oportunidad atacaron ABC en su aniversario- tras tildarlos de ‘‘asesinos oviedistas’’.

Tal era el ambiente represivo, que muchos testigos de buena fé fueron atemorizados y espantados para no prestar su versión de los hechos.

(Continuará...)

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Viernes, 28 de marzo del 2003