Sábado, 23 de Febrero de 2019

Saber gobernar es un desafío para los patriotas, afirma Timothy Towell

“Me da la impresión que es como el 2 y 3 de febrero (...) No existe otro caso en el mundo”, afirma en esta entrevista Timothy Towell, el veterano ex embajador de Estados Unidos que asistió al golpe militar que derribó al dictador Alfredo Stroessner en 1989, al referirse a la elección de Fernando Lugo. El ex diplomático visitó Asunción esta semana con motivo de un congreso por la paz. Advierte que, tenga la tendencia que tenga Lugo, gobernar requiere trabajo, sudor y fundamentalmente, patriotismo.

– ¿A qué se dedica hoy? 
- Hago muchas cosas. Tengo mis estudios en Washington, una compañía de consultores. Me dedico más al medio ambiente... 

– Pero usted es un conocido broker. ¿Siempre va a esas tertulias de ese club tan famoso de Washington? 
– El Metropolitan Center, que está a dos cuadras de la Casa Blanca. Usted estuvo ahí. Siempre invito amigos paraguayos. Hace poco estuvieron asesores del presidente Lugo para un almuerzo con la presencia de algunos norteamericanos importantes. Conversamos sobre el futuro del Paraguay. A los funcionarios del gobierno, a los senadores, diputados, a los ex funcionarios y jubilados, les gusta ir a comer allí. 

– Es un lugar muy exclusivo... 
– No sé... Para mí no lo es. Mi padre, Bernardo, ya era socio desde la Segunda Guerra Mundial cuando trabajaba como diplomático. Entonces, yo, como hijo de padre, entré fácilmente sin ningún problema. Es un lindo lugar para conversar, conocer gente, saludar, presionar, atacar, lo que quiera (ironiza). 

– Usted es uno de los pocos conocidos ex embajadores todavía vigente. ¿Hace mucho que no venía? 
– Bueno, tengo casi 75 años y me siento bien. Hago deporte. Practico tenis. Le invité a Lino Oviedo a pelotear un poco pero... creo que tiene miedo de perder (bromea). 

– ¿Hace cuánto que lo conoce? 
– Lo conocí cuando era todavía coronel (antes del golpe). Vine en setiembre de 1988. Hace 20 años. Me fui en agosto del 91. Es un soplo la vida ¿no? 20 años no es nada (parafrasea el tango)... 

– Cinco meses antes. ¿Vino para el golpe? 
– ¡Aah, la prensa libre! Siempre haciendo preguntas indiscretas, poco diplomáticas (sonríe). No le voy a responder su pregunta porque soy diplomático de carrera y estuve aquí como embajador. El pueblo paraguayo no necesitó de un yanki de afuera para hacer lo que hizo con su instrumento de cambio (las Fuerzas Armadas). Yo estuve en ese momento histórico y nada más, cuando asumió un general de caballería... 

– El general (Andrés) Rodríguez... 
– Claro. Rodríguez no era un chico de Harvard, un Chicago boy o un máster de la Universidad de Sao Paulo o de Madrid. Tampoco era un político amigo de Felipe González... 

– Fue el que puso fin a 35 años de dictadura. Hoy pocos se acuerdan de él... 
– Pero seguro que la historia lo va a recordar. Comenzó un difícil período de transformación y desarrollo, un nuevo proceso de gobernabilidad, digamos. Yo soy un gran admirador del presidente Rodríguez. Con él hicimos la reserva del Mbaracayú. Imagínese, logró en menos de tres años lo que otros no pudieron hacer hasta hoy. Usted sabe mejor la historia que yo, de lo que sucedió desde que se fue. Bueno, no quiero discutir sobre eso... 

¿Le desengañó todo lo que pasó? 
–Yo no quiero entrar a analizar. Ese es su terreno, no el mío. Estuve después del 93 durante el gobierno de Wasmosy. Trabajaba con la Cámara de Comercio. Después se vinieron esos cambios raros de presidentes, el Marzo Paraguayo. Decidí no volver y nada más... 

– Y ¿qué dice de ahora? 
– Esta es la segunda oportunidad. Me da la impresión que es como el 2 y 3 de febrero. El pueblo paraguayo no necesitó de un yanki como instrumento de cambio. El 20 de abril utilizó un instrumento de cambio diferente... 

– El voto... 
– No fueron los muertos de los cementerios, votando dos o tres veces. Esta vez no sirvieron los ómnibus del gobierno llevando pobrecitos a votar, no. A las urnas se fue el pueblo. Y en vez de prestarse a la manipulación, la candidata Blanca (Ovelar) dijo 20 minutos después. “Yo reconozco y saludo al nuevo presidente de la nación, que ganó la elección”. Y mis amigos de la “peligrosa” comunidad internacional que seguían la elección desde un hotel de Asunción –discutiendo semanas si el gobierno iba a aceptar o no el resultado– se sorprendió. No hubo más que aplaudir. Imagínese, ¡no existe otro caso en el mundo, caramba! 

– Un obispo católico presidente... 
– Lo conocí. Tiene unas metas generales que todo el mundo debería apoyar: justicia social, empleo para el pueblo, el desarrollo de la nación... Es un momento histórico y estoy honrado de esta aquí. 

– “El cambio”, con esa palabra ganó Lugo. Esa palabra está de moda hasta en Estados Unidos... 
– En Estados Unidos se habla de un “gran cambio” con Obama, un hombre medio negro, medio musulmán, medio no sé qué no sé cuanto. Hay mucha esperanza de cambio. Y mi amigo, el senador John Mc Cain, un republicano militar tradicional es el otro candidato. Aquí estuve hablando con el presidente del senado Enrique González Quintana, un amigo de hace años, y hemos tocado ese tema clave. 

– La gente quiere cambio... 
– El pueblo paraguayo eligió un presidente diferente, uno de afuera de la política, alguien con ideales, con metas generales. El desafío en todos los países y el principal desafío aquí es gobernar y saber gobernar. Lugo lo va a hacer con ministros de varias tendencias y con un poderoso Congreso independiente. 

– Cómo evitar que esto fracase otra vez es el dilema. ¿Cuál es su punto de vista? 
– Yo creo que, sin hablar de cogobierno, los políticos pueden jugar un papel histórico en esta coyuntura, para terminar esta transición que empezó hace 20 años y ayudar al presidente a transformar la Nación. Los ojos del mundo se fijan hoy en Paraguay, tal vez no por mucho tiempo y eso hay que aprovechar. Lugo va a empezar a jugar un partido internacional, sin Chilavert y sin los jugadores de la albirroja. Pero si es buen técnico puede ganar los partidos y puede hacerlo bien. No hay que perder esta oportunidad antes de que el mundo desvíe de nuevo su vista hacia otros asuntos como los problemas Irak, Irán, Pakistán y Corea del Norte y China, Sudán o Zimbabue. 

– ¿No le preocupa a Estados Unidos la tendencia? 
– La Guerra Fría acabó. Ganamos (gesticula con la “V”). La actitud del gobierno norteamericano es apoyar el fortalecimiento de un país democrático. Un país con reglas claras, un Poder Judicial independiente garantiza las inversiones. Paraguay puede dar un gran paso para ser protagonista del mercado mundial y no seguir más aislado, pensando que uno puede ser feliz solo aquí, al lado del río Paraguay, en el centro de Sudamérica. 

– ¿No les genera recelo un giro a la izquierda? 
– Esa es la responsabilidad de los paraguayos. Si fuese él progresista de un país aislado del hemisferio, yo iría a dialogar con progresistas con mucha experiencia y mucho dinero. Iría por ejemplo a Madrid para hablar con el presidente Zapatero que es socialista, o hablar con su viejo colega, mi amigo Felipe González, el viejo zorro del socialismo español después de la dictadura de Franco. Iría enseguida a Berlín, para hablar con la señora Merkel, que nació en Alemania del Este, la Alemania del marxismo leninismo durante la Guerra Fría. Estos socialistas están trabajando hoy en un mundo pragmático y no cantando melodías al aire con palabras románticas que no dan de comer a los humildes. Iría a Bruselas donde están estos zorros grises de la Comunidad Europea, la mayoría socialistas, para dialogar con ellos y convencerlos a venir, con sus ideas ciertamente, pero que no se olviden de su plata. 

– Entre la cháchara y el pragmatismo... 
– Claro, porque si hace falta, usted puede ir a hacer un show en Caracas. Yo entiendo de simbolismos, de tal y cual, pero para gobernar y dar desarrollo, empleo, tierra, comida al pueblo, hay que trabajar, y si decide hacerlo, tiene que ser práctico y hábil para brigar con el congreso que tiene un presidente que es del partido de mi amigo de tenis, el general Oviedo. Tiene el Partido Colorado dividido. Tiene los liberales clásicos que estaban en la llanura desde tiempos de mi abuelo, y grupos pequeños interesantes. Entonces para cogobernar todos tienen que tener una visión de patriotismo, un amor a la nación, porque gobernar es trabajo. Es sudor. No es una cosa romántica. Es un desafío para patriotas. 

– ¿Y la hostilidad hacia Estados Unidos? 
– Es una distracción. La Guerra Fría acabó hace mucho tiempo. Hoy tenemos un mundo multifacético. Ya no sirve gritar: izquierdista, derechista, socialista, sinvergüenza. No vale la pena. El presidente Lugo tiene tanto trabajo enfrente, tan difícil, que sumergirse en el diploteatro como yo suelo decir, es una pérdida de tiempo. El día tiene apenas 24 horas. Sus asesores tienen que ayudarlo a lograr las metas y concertar con el pueblo, con los sectores, con empresarios, con los de siempre. 

– ¿Paraguay necesita de un ejército de diplomáticos? 
– Se dice que el servicio diplomático (paraguayo) es un buen sitio de empleo de los correligionarios y parientes. Usted sabe mejor que yo. Bueno, este es el momento de hacer bien las cosas y yo creo que Lugo tiene que buscar un zorro bien patriota para mandarlo a Washington a lidiar con los otros 189 colegas de todo el mundo, que andan todos los días tratando de sacar algo de los yankis. 

– Tiene que ser un zorro... 
– Por supuesto. Alguien que represente genuinamente al pueblo guaraní, que no sea el hermano de zutano y cuñado de mengano. Hay que mandar otros buenos zorros a Madrid, a París, a la ONU, a Bruselas. Si los gobernantes tienen deudas folclóricas que pagar, bueno, que entreguen una licitación pero que no sea un puesto diplomático. No hay que frenar la energía positiva nacional en este momento histórico.



Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Domingo, 6 de julio del 2008