Viernes, 14 de Diciembre de 2018

En Cuba se inicia el fin de la dictadura comunista

 

Sin pena ni gloria renunció ayer Fidel Castro después de 49 años de férrea dictadura y nadie salió a llorarlo. Algo parecido ocurrió con Stroessner hace poco más de 19 años cuando fue desalojado a cañonazos y no hubo uno solo de su “millón de colorados hasta las últimas consecuencias” que saliera a defenderlo .

A diferencia de Paraguay, donde las libertades públicas se instauraron inmediatamente, en Cuba reina todavía el silencio.

Pero a los isleños les brillan los ojos por la posibilidad cada vez más cercana de romper el yugo de la opresión de casi medio siglo.

Bajo la batuta de su hermano Raúl Castro, en plena América Latina del siglo XXI, en las narices de los Estados Unidos, el régimen comunista mantiene todavía entre rejas a dos centenares y medio de presos políticos.

Entre ellos figura una treintena de periodistas, condenados hasta a 30 años de cárcel por el delito de disentir con el régimen.

Se le atribuyen decenas de ejecuciones sumarias y desapariciones de opositores, a semejanza de los regímenes de sus colegas de la derecha que castigaron al Paraguay y a otros países del Cono Sur.

A la hora del balance de la historia, a la hora de contabilizar la cantidad de muertos que cada cual tiene en su haber, Castro tendrá un lugar preferencial en la galería de dictadores que salpicaron sus regímenes con la sangre de sus compatriotas como Videla, Pinochet, Somoza, Stroessner o Geisel.

“Paz y progreso, con Stroessner”, con un retrato modelo del dictador, rezaba la leyenda que en gigantescos carteles rojo y blanco se erigían como hongos en todas las rutas, ciudades y pueblos del país.

“Socialismo o muerte” es el eslogan que casi, como una polución visual, se levanta por doquier en Cuba, con la efigie del hoy autojubilado tirano quien basó su propaganda en los logros alcanzados en salud y educación.

En los regímenes totalitarios como el de la isla caribeña, se confunde educación con el descenso del porcentaje de analfabetismo.

Sin embargo, la falta de libertades públicas restringe el acceso de la población a internet, a la posibilidad de elegir el tipo de lecturas que uno le plazca o a la libertad de locomoción (no pueden salir de su país sin autorización).

Tras el epílogo de la era Fidel, maltrecho por la enfermedad -algunas versiones reportan que ya está desquiciado- sus compatriotas aguardan el inmediato inicio de reformas económicas y sociales.

La escasez de alimentos, la especulación del mercado negro y la pérdida acelerada del miedo a la represión es una bomba de tiempo que puede hacer cuesta arriba el modelo de apertura maquillada de su sucesor, Raúl Castro.

Este sueña con encauzar a su país hacia un régimen parecido al de China, con la apertura de su mercado pero encajado en el continuismo político totalitario.

Se trata de una apuesta muy difícil para un país cada vez más afectado por las contradicciones del arcaico sistema comunista y asfixiado por democracias que le emplazan por la rectificación de su rumbo si desea pertenecer a esta nueva comunidad de naciones.

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Miércoles, 20 de febrero del 2008