Jueves, 17 de Enero de 2019

La historia oficial sustentada en testimonios de farsantes

A Richard Gómez dice llamarle la atención que Walter Bower y Marcos Alcaraz no hayan esperado la declaración de Víctor Barrios para acusar a Lino Oviedo y sus partidarios de ser los autores del atentado y -si no encajaban en ese guión- la masacre de la plaza del Congreso el 26 de marzo de 1999. Había una inusitada premura por cerrar el caso Argaña, pero, por alguna razón, el chofer sobreviviente no aparecía para sustentar la novela oficial que empezó a rodar apenas transcurridos minutos del crimen con la especie divulgada por José Alberto Planás sobre la supuesta conexión Pedro Juan Caballero. Ahí empezó a correr la especie del testigo farsante Gumercindo Aguilar, uno de los mayores fraudes jurídico-políticos que sustentó la persecución de civiles, militares y policías paraguayos.

Planás dijo haber sido el último en comunicarse telefónicamente con Argaña la mañana antes del crimen del Pasaje Molas. También fue el primero en presentarse en el lugar del atentado. Enseguida apareció Walter Bower, quien, con inusitada prepotencia, se preocupó más en impedir que los curiosos se acercaran a la camioneta que en auxiliar a los heridos, cuando aún el guardaespaldas Francisco Barrios no había fallecido. Luego llegó Nelson Argaña.

Tejiendo comentarios, Richard Gómez dijo que se supone que los allegados eran los que mejor conocían el itinerario habitual de Argaña cuando viajaba de su casa al centro. "Planás podía haberlo auxiliado, como haría cualquiera ante un accidente -más aun si es un amigo- y llevado al hospital más cercano en su propio vehículo y no esperar que llegue la ambulancia".

LAS MENTIRAS DE PLANAS Y DE VARGAS

Pero Planás, inexplicablemente, se puso a hablar por teléfono celular y a vociferar que Oviedo era el autor junto con Pappalardo, Nara y Fahd Yamil, entre otros. Días después, Pancho de Vargas le agregó Coco Villar (la conexión Villa Hayes) para involucrar al senador Octavio Gómez.

El magnicidio ocurrió el martes 23 de marzo, y el sábado 27 ya apareció el supuesto testigo principal, Gumercindo Aguilar, claramente instrumentado por los nuevos detentadores de poder para echar a andar "una ola indescriptible de persecuciones políticas institucionales que terminaron por desnaturalizar la soberanía popular, la función judicial y el funcionamiento de la democracia", según una definición de los abogados Juan Carlos Ruiz Díaz, José Escobar y Hermes Rafael Saguier, que con mucho coraje se sobrepusieron a las agresiones periódicas de los servicios del aparato represivo, para defender a decenas de detenidos y perseguidos.

Planás mintió con descaro ante la opinión pública al afirmar que un comisario de apellido Escobar le había comentado dos o tres semanas antes del asesinato sobre una supuesta reunión de Lino Oviedo, Conrado Pappalardo, Juan Bautista Ybáñez "y un alto jefe de absoluta confianza del comandante de policía Niño Trinidad Ruiz Díaz" en la casa del gobernador de Amambay, Víctor Hugo Paniagua.

Según este relato, del encuentro participó el hijo de Fahd Yamil para planificar el atentado.

En su falsedad, el estrecho allegado de la familia Stroessner y Argaña dijo que los mencionados encargaron al "empresario" de frontera Bonifacio Nara contratar y ejecutar el crimen.

Pero su imaginación no se detuvo ahí. Relató que el general wasmosista Evelio Benítez le había llamado "preocupado" porque tenía información coincidente y que por eso, ambos, recomendaron a Argaña que se cuide.

Al carrusel de mentiras se sumó el senador liberal -también wasmosista- Francisco José de Vargas, quien, en una declaración escrita aseguró al juez Jorge Bogarín que desde noviembre de 1998 ya tenía conocimiento de los supuestos preparativos para el atentado, dentro de un supuesto plan de eliminación física de wasmosistas y argañistas "al igual que el plan de aniquilamiento denominado ‘Carmelo Peralta’ descubierto según el político en el allanamiento de la residencia de Lino Oviedo el 30 de octubre de 1997.

Prevaleciéndose de sus fueros parlamentarios para mentir, De Vargas relató que recibió a correligionarios suyos de Pedro Juan Caballero quienes le advirtieron que el líder de Unace contrató asesinos de la frontera para las ejecuciones de políticos antioviedistas. Mencionó entre ellos a Aníbal y Bonifacio Nara, "allegados al famoso Fahd Yamil de la zona de Pedro Juan Caballero y Ponta Porã".

FANTASTICA HISTORIA

El senador agregó más ingredientes a su fantástica historia. En su declaración por escrito al juez Bogarín precisó que unos días después de la muerte de Argaña apareció en la presidencia de Senadores un sujeto de apellido Noguera, que dijo poseer datos "exactos" del atentado, al que le grabó y que el casete de la grabación le entregó al entonces ministro de Salud, Martín Chiola.

Presuntamente, Noguera le confesó que, en presencia del gobernador de Amambay Víctor Hugo Paniagua, el hijo de Fahd Yamil -"un tal Fahdinho"- le ofreció 20 mil dólares para actuar como conductor de un vehículo en el atentado.

Tras salpicar además al diputado colorado Carlos Maggi Rolón y su padre -militar en situación de retiro- como conductores de otros vehículos que participarían en el atentado, el tal Noguera -según De Vargas- se negó a aceptar el ofrecimiento por considerar "muy poca paga para participar de tan horrendo hecho".

El tal comisario de apellido Escobar, señalado por Planás, negó rotundamente haber hablado con él sobre la supuesta conspiración. A su turno, el político Chiola también desmintió los dichos de De Vargas en torno a la grabación del tal Noguera.

EL TESTIGO FARSANTE

El sábado 27 de marzo de 1999 supuestamente compareció "voluntariamente" en horas de la tarde Gumercindo Aguilar ante el juez Bogarín, un horario inhabitual en un momento de confusión política tras los sangrientos sucesos del día anterior.

El testigo farsante firmaba una declaración, escrita misteriosamente a máquina y no en la computadora del juzgado de Bogarín, que no sabía que Argaña sería el primero de la lista "porque estaba primero el ingeniero Wasmosy y luego Pancho de Vargas. Posteriormente, Galaverna y último Argaña, porque él tenía evidencias positivas en contra de Lino Oviedo respecto al tráfico de cocaína".

Supuestamente Aguilar había venido "varias veces a Asunción" para tratar de contactar con De Vargas para contarle, pero que no pudo lograrlo y que entonces se dirigió "voluntariamente" al juzgado a revelar que tres meses antes ya sabía lo que pasaría porque estuvo en una reunión en la casa de Nara, en presencia de Oviedo, Pappalardo, Paniagua, el sobrino de Yamil, un tal alias "Tulú"...

(Continuará)

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Domingo, 30 de marzo del 2003