Viernes, 14 de Diciembre de 2018

Los guerrilleros acribillaron a Somoza a quemarropa...

 

El comisario González pensó que se trataba de un francotirador solitario apostado en algún edificio. No se le pasó por la mente que el atentado se produciría frente mismo al lugar donde fue interceptado el Mercedes. Cuando salió para correr hacia Somoza, se percató de que uno de los guerrilleros venía acercándose a paso vivo hacia él portando un arma larga. Disparó instintivamente y cayó. Se le zafó un artefacto que recogió en el acto. Se reincorporó y se replegó hacia atrás. Le disparó por segunda vez. Simultáneamente, de reojo vio que dos o tres individuos rodearon el automóvil del general nicaragüense. Lo estaban acribillando a quemarropa.

Cuando el policía se dispuso a apuntar hacia ellos, con increíble rapidez, los pistoleros se cubrieron del otro lado del auto.

En ese instante, apareció en el jardín de "la casa de Julio Iglesias" un sujeto haciendo un ademán con un arma larga. Era Irurzún, el jefe del operativo.

Al verlo, los que estaban al lado del auto se apartaron y saltaron hacia dentro del jardín nuevamente. Uno de ellos resbaló, cayó y se reincorporó de nuevo. Ingresaron en la residencia, que tenía las puertas abiertas de par en par.

El policía volvió a disparar hacia ellos. "Creo que le di a Irurzún, porque cayó. Era alto, rubio, de hombros levantados. Usaba boina de alpinista y saco sport marrón. Efectivamente, fue así, porque al día siguiente lo reconocí en el Departamento de Investigaciones". El argentino fue capturado con vida, admite González.

RUIDO IMPRESIONANTE

De repente, se escuchó una deflagración que hizo un ruido impresionante que, al parecer, no dio en el blanco. Además del ruido, sentí un fuerte golpe de viento. "Vi que el auto seguía marchando y se deslizaba lentamente hacia adelante".

En ese momento, reapareció, corriendo velozmente, uno de los sujetos.

Tiró un objeto dentro del auto. Se escuchó nuevamente una fuerte explosión. "Ahí fue cuando el cuerpo del chofer Gallardo salió disparado por los aires".

Atontado por todo lo que estaba pasando, de repente, González se percató de que los sicarios ya estaban disparando sobre él. "Me eché como pude detrás de la muralla de la casa del Dr. Patricio Escobar (pegada a la residencia-plataforma de los asesinos). Ahí estaba el oficial Venialgo, completamente confundido, acurrucado detrás de la muralla".

"Le saqué la metralleta que tenía el seguro puesto. No había sido disparada. Entonces me agaché, desaseguré y disparé. Apenas pude gatillar una media ráfaga, porque, enseguida cuando me asomé, los proyectiles de los guerrilleros volaron en pedazos hasta los ladrillos muy cerca de mi cara. Me obligó a permanecer agazapado hasta que cesaron los disparos".

Todo fue una cuestión de segundos. Para el guardaespaldas, fue una eternidad.

Estaba solo. Pensó que venían a rematarlo. No había más nadie, además de Venialgo. La escolta, a cargo del oficial primero Frutos, no había aparecido. No salió a tiempo; no estuvo en el momento del atentado. El vehículo oficial estaba en reparaciones; su chofer, arrestado, castigado en la Central de Policía.

ESTABA MUERTO

"Me levanté con intenciones de sorprenderlos, pero no vi a nadie. Se habían ido. Pregunté a uno que parecía ser un vecino y estaba tan aterrado que no me contestó nada. Me dirigí entonces hacia el auto del general Somoza, que fue a parar sobre la vereda derecha (frente a la casa en construcción), creo que por efecto de la segunda explosión. Ahí observé que estaba totalmente destrozado. No había más nada que hacer. El general Somoza estaba muerto".

Como primera providencia, González llamó a Pastor Coronel y al teniente coronel Ladislao Alfonso Martínez para informar.

El operativo duró entre 30 y 40 segundos.

Ulises Bogado (oficial de Caballería retirado), un panadero que había acabado su reparto del día, conductor de una camioneta Mitsubishi blanca de 1.000 kilos, con toldo amarillo, quedó atrapado por unos instantes dentro del operativo comando. Estaba en compañía de su esposa y su padre. Detrás de su vehículo estaba el de Somoza.

Los terroristas cerraron el paso con una camioneta Chevrolet celeste que intempestivamente salió del garaje de "la casa de Julio Iglesias". Hizo sonar la bocina, pero casi instantáneamente se iniciaron los disparos.

"Tenían un sonido como de motor Volkswagen".

"Me di cuenta de que algo raro pasaba. Pensé que era un operativo policial. Instintivamente, doblé a la izquierda y pude entrar a la calle América. Me quedé a mirar y le vi a ese González. Hablé con él después que pasó todo. También vi cuando se quedó la camioneta y abordaron el auto de ese arquitecto Carbone para escapar (un auto Mitsubishi Lancer). Identifiqué a un rubio de pelo largo el que subió atrás...".

(mañana: Epílogo)

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Viernes, 23 de septiembre del 2008