Martes, 11 de Diciembre de 2018

"Como gotas de lluvia, se astillaba el parabrisas..."

 

La comitiva somocista se redujo al general Samuel Genie, el general Addonis Porras, el cocinero Chimbolo, un ordenanza de apellido Zavallo y el chofer César Gallardo, además de la señora Dinorah Sampson. Periódicamente, aparecía su agente de negocios, el norteamericano Baittiner. Los servicios de inteligencia de "Tachito", de todas formas, seguían funcionando. La familia veía sandinistas hasta en la sopa.

José Somoza pidió investigar a una primera avanzada sandinista que se instaló en Asunción y enseguida se percató de la presencia del chileno Alejandro Mella Latorre, un ex colaboracionista del régimen que, según él, se pasó rápidamente al otro bando. El comisario González relata su versión del atentado.

El "cuerpo diplomático" sandinista se instaló en esa misma "casa de Julio Iglesias", España 2044. Los misteriosos visitantes fueron identificados como Alberto José Núñez Rodríguez, Nidia Escobar López, Evenor Ordoñez Toruño y José Ramón González Tapia.

Más tarde, Núñez Rodríguez se identificó como encargado de negocios del Gobierno "revolucionario" de Nicaragua, y Nidia Escobar, como secretaria.

Sus antecedentes, ciertos o no, fueron transmitidos por el general Genie a los servicios de Pastor Coronel.

Historió que en 1974 un grupo guerrillero al mando de Eduardo Contreras Escobar (primer Comandante Cero, ya fallecido) tomó como rehenes en Managua a varios diplomáticos extranjeros en la residencia de José María Castillo, quien perdió la vida en el suceso al oponer resistencia.

Los guerrilleros exigieron a cambio de la libertad de los secuestrados un millón de dólares y la liberación de detenidos políticos. Exigieron un avión, que los trasladó, finalmente, a Cuba.

Genie dijo que los detenidos políticos liberados en aquella oportunidad fueron Alberto José Núñez Rodríguez, Daniel Núñez Rodríguez, Daniel Ortega (el actual líder sandinista), Daniel Samaraiba y José Benito Escobar.

Agregó que todos ellos fueron entrenados en un curso de terrorismo en la isla caribeña y que Núñez Rodríguez sobresalió entre los tres mejores. Le atribuyó también el liderazgo del influyente frente estudiantil contra Somoza.

Según Genie, la mujer, Nidia Escobar, era la sobrina de Eduardo Contreras y hermana de Benito Escobar. Ante el cúmulo de información, Stroessner ordenó la inmediata expulsión de la delegación del país. El general Somoza recibió con júbilo la noticia.

MELLA LATORRE

Antes de su partida del país, el general José Somoza ya advirtió a la policía de Stroessner de la presencia en Asunción del chileno Alejandro Mella Latorre y pidió una vigilancia especial sobre el personaje.

Este había llegado con una delegación de deportistas chilenos y resolvió quedarse al obtener un empleo como fotógrafo del diario Hoy.

Mella había trabajado para la policía somocista y luego, aparentemente, se pasó del lado de los sandinistas cuando estos se apoderaron del poder. Al morir el dictador nicaragüense fue uno de los primeros en ser prendidos por Pastor Coronel, torturado e incomunicado -mantenido en condiciones infrahumanas- desde 1980 hasta 1989 cuando fue liberado por el nuevo gobierno del general Andrés Rodríguez.

Su pecado fue haber residido en Nicaragua. El comentario de José Somoza le resultó fatal.

EL DIA DEL ATENTADO

El día miércoles del atentado se encontraban en la casa del general: Joseph Baittiner, Ted Prunish, Alfonso González, Dr. Edgar Solano Lunas, Azucena Castillo de Solano; en los dormitorios: Dinorah Sampson y Marina Cuadras; en la servidumbre: Carlos Recalde (jardinero) y Vicenta Rodríguez (mucama).

Como personal escolta estaban presentes: oficial 1º Juan Manuel Frutos, oficial 2º Esteban Marino Venialgo, oficial ayudante Bienvenido Melgarejo.

Como escolta personal, se disponía a acompañarlo el comisario Francisco Rubén González y el chofer César Gallardo. Hacía 15 días que este había regresado de España, donde se quedaron su esposa y su hija (casada con un español).

Somoza salió presuroso y le dijo a González: "Sígame" (en su vehículo), dejando entrever que viajaría en el Mercedes acompañado de Baittiner, el abogado. Habitualmente, el paraguayo viajaba en el asiento delantero al lado de Gallardo. Esa práctica era normal cuando tenía un invitado en la casa y requería de privacidad.

El destino era un banco americano ubicado en el radio céntrico, posiblemente, para realizar una importante transferencia de dinero.

González tomó su vehículo personal (en realidad era un Ford Corcel II familiar) y ordenó a Venialgo que lo acompañara. Llamó al jefe del grupo escolta -en ese momento Frutos- y al resto de los custodios que lo siguieran. El autoescolta oficial estaba descompuesto desde hacía tiempo. Enviaron otro como sustituto, sin chofer. El habitual estaba arrestado por algunos chanchullos.

Venialgo portaba un arma corta y una metralleta Beretta, calibre 9 mm.

González relata a continuación su descripción de los hechos.

"Sin ninguna anormalidad, llegamos hasta el lugar donde se produciría el hecho que vi y participé. El automóvil del general Somoza que se desplazaba delante de mí frenó de repente y enseguida pude ver cómo se astillaba, como gotas de lluvia, el parabrisas trasero del vehículo. Instintivamente, el general se echó en el plan del auto. Yo frené y salí rápidamente con intenciones de cubrirlo...".

(Continuará...)

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color 
Jueves, 22 de septiembre del 2008