Martes, 11 de Diciembre de 2018

Hace 25 años, atentado en Asunción sacudía al mundo

 

El 17 de setiembre 1980, a las 9:55 de la mañana, moría el ex dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle, alias "Tachito", en un atentado sobre la avenida España entre Venezuela y América. Su vehículo quedó semidestruido por la acción de siete guerrilleros argentinos (cuatro hombres y tres mujeres) pertenecientes al hoy extinguido grupo izquierdista Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) bajo el mando del famoso Enrique Gorriarán Merlo, que burló a la temida seguridad de la policía política del régimen stronista. En esta serie publicaremos recopilaciones, fotografías y testimonios sobre el exilio del ex jerarca en nuestro país y el suceso que acabó con su vida y fue noticia en todo el mundo.

El ex presidente de Nicaragua había caído víctima de ráfagas de ametralladora y del impacto directo de una granada de bazuca que explotó en el respaldo del asiento delantero de su coche particular en momentos en que el vehículo se desplazaba por la avenida España, a la altura de las calles América y Venezuela.

El estruendo del bombazo, exactamente a una cuadra del Sanatorio Italiano, fue de tal magnitud que se escuchó a 20 cuadras a la redonda.

Junto al ex dictador centroamericano murieron su asesor financiero, el estadounidense Joseph (Jou) Baittiner -que viajaba sentado a su lado- y su chofer nicaragüense César Gallardo.

La fuerza del impacto lanzó a este último por los aires antes de caer a unos metros del vehículo, sobre el pavimento de la avenida España (en esa época "Generalísimo Franco"), completamente despedazado.

RASTROS DE TORTURA

Las fuerzas de seguridad comandadas por el temible Pastor Coronel lograron prender a uno de los autores, Hugo Alfredo Irurzún (alias capitán Santiago), quien tenía visibles rastros de tortura.

Periodistas de ABC que inspeccionaron el cuerpo en el Policlínico Policial Rigoberto Caballero -mucho antes de que se lo presentara oficialmente a la prensa- comprobaron que el cuerpo de Irurzún presentaba escoriaciones y hematomas alrededor de los tobillos, marcas de los grilletes utilizados habitualmente en las sesiones de tormento por la policía política del régimen.

El jean todavía mojado, de color oscuro, que vestía Irurzún, remangado justamente para dar lugar a los grilletes, despedía un olor nauseabundo, presumiblemente del agua de cloaca usada por los torturadores en la tenebrosa "pileta".

El guerrillero Santiago Irurzún, capturado herido por la policía de Pastor Coronel. Murió en la ‘‘pileta’’, torturado. Irurzún fue prendido porque volvió presuroso a su vivienda para retirar 4.000 dólares y unas armas que había olvidado.

Coronel dijo a los periodistas que Irurzún fue muerto al día siguiente del atentado (18 de setiembre) al intentar escapar durante el operativo de allanamiento de una vivienda en San Vicente. El cuerpo tenía una perforación de bala arriba de la ingle a la derecha, pero marcas de abusos en el tórax y la cabeza.

En realidad, el argentino volvió a la vivienda que habitaba desde hacía seis meses para retirar 4.000 dólares y unas armas, según relató años más tarde el líder del comando guerrillero, el famoso guerrillero Enrique Gorriarán Merlo.

La policía solamente pudo identificar a una mujer, la argentina Mercedes Hodgers -alias Luisa, Diana o Hilda- entre los siete miembros del grupo terrorista.

LA CASA DE JULIO IGLESIAS

Eran cuatro varones y tres mujeres, según la policía, que se hicieron pasar como productores y actores de una película que supuestamente iba a girar en torno al cantante español Julio Iglesias, uno de los más famosos de la época, que había dedicado tres canciones al Paraguay.

Habían rentado la residencia del atentado por 4.500 dólares por tres meses. El lugar del suceso no estaba lejos de la residencia presidencial, de la embajada americana y del Ministerio de Defensa.

Gorriarán dijo que fueron 10 los "compañeros" que cometieron el crimen, además de Irurzún, Roberto Sánchez, hermano de Aurora Sánchez "La Cachorra" y Claudia Lareu, entre otros.

El comando alquiló de su dueño paraguayo un kiosco de venta de diarios y revistas en España y Sacramento, situado a dos cuadras de la casa de Somoza, desde donde vigilaron los movimientos del ex dictador.

Este vivía "como un jeque árabe" en Asunción. Frecuentaba centros nocturnos donde se rodeaba de las modelos más renombradas de aquellos años y hasta protagonizaba incidentes con otros millonarios paraguayos de entonces en las disputas por mujeres.

En su prepotencia y excentricidades, el hijo, Anastasio Somoza Portocarrero, no le iba en zaga. Se le conocen riñas por manoseos a hijas de generales y de familiares de gente encumbrada, una costumbre importada de su país donde -como Stroessner- eran los dueños absolutos de la vida y la hacienda de los nicaragüenses.

Somoza tenía como compañera a Dinorah Sampson, una bonita mujer, más joven que él, con la que había protagonizado una festiva jornada de música paraguaya, asado y tragos un día antes en San Bernardino, para agasajar a su recién llegado agente de negocios norteamericano, Jou Baittiner, el hombre que murió a su lado al día siguiente.

"¡BLANCO, BLANCO...!"

Desde el kiosko de España y Sacramento se dio el aviso. "¡Blanco, blanco!" fue la alerta.

Según el relato de Gorriarán, su camarada Ramón se apostó con su M-16 en el jardín de la "casa de Julio Iglesias", mientras Armando salió con la camioneta Cherokee al borde de la acera para estar listo a interceptar la caravana de Somoza.

El Mercedes -que venía hacia el centro- estaba a unos cien metros detenido por el semáforo en rojo de la calle Venezuela, detrás de unos seis vehículos. Cuando el semáforo dio luz verde, Armando calculó el tiempo para dejar pasar unos tres vehículos e interceptar el Mercedes, mientras Ramón esperaba para dar la señal de salir a Santiago (Irurzún).

Armando irrumpió en la calle con la Cherokee haciendo frenar una Volkswagen kombi. El Mercedes de Somoza frenó. Ramón escuchó un ruido detrás suyo, se volvió y vio a Santiago luchando con la bazuca. Pensó que se había deslizado, que se había caído; giró sobre sus talones, levantó el M-16 a la altura del hombro y empezó a disparar.

El plan inicial señalaba que Santiago dispararía la bazuca primero por si el Mercedes era blindado, pero se le atoró el proyectil y entonces Ramón abrió fuego. 
Al fallar el primer tiro de la bazuca, Santiago se arrodilló, sacó el proyectil defectuoso y la volvió a cargar. Se puso de pie, tomó puntería de nuevo, pero no disparó. 

Después de la primera ráfaga de M-16, la limusina de Somoza con el chofer ya muerto, marchó a la deriva hacia la "casa de Julio Iglesias", deteniéndose junto a la casa en construcción de al lado, frente a Ramón, quien metódicamente seguía disparándole al asiento trasero.

La limosina no era blindada y cada uno de los tiros entró a través de los cristales rotos de la ventanilla de atrás. Ramón estaba tan cerca del Mercedes que un proyectil de bazuca en ese momento lo hubiera matado.

La custodia de Somoza comenzó a disparar, hasta que le dio la señal a Santiago para que disparara la bazuca.

IMPRESIONANTE EXPLOSION

La explosión fue impresionante. El techo y una puerta delantera del Mercedes volaron en pedazos.

Un vecino testigo, el doctor Julio César Troche, relató a ABC que la fortísima explosión hizo temblar su casa. Dijo que alcanzó a ver a uno de los sujetos enmascarados al que se le caía la capucha a cada momento, que disparaba a diestra y siniestra. Después vino el silencio
El Mercedes Benz estaba destrozado. Los restos del cuerpo del chofer quedaron desperdigados, su tórax y parte de sus extremidades sellados por el pavimento. Somoza y Baittiner yacían muertos, acribillados, en el asiento de atrás. 

Armando, Ramón, Osvaldo y Santiago huyeron en una camioneta Chevrolet azul. A pocas cuadras interceptaron un auto Mitsubishi-Lancer sobre la calle América, según relató su dueño Julio Eduardo Carbone.

Mientras en nuestro país la conmoción y la confusión se apoderaron del público y de las autoridades, en Nicaragua los sandinistas atestaron las calles para celebrar con júbilo el asesinato.

Copia facsimilar hallada en el Archivo del Terror. El comisario Alberto Cantero y el jefe de Investigaciones Pastor Coronel informan al jefe de Policía Alcibiades Brítez Borges de la detención del guerrillero Hugo Alfredo Irurzún y el personal que participó en la captura. Fue apresado herido pero vivo. Coronel, como era su estilo, mintió a los periodistas. Dijo que el argentino fue muerto el día 18 de setiembre al resistirse.

(Continuará...)

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Domingo, 18 de septiembre del 2005