Sábado, 23 de Febrero de 2019

La venganza stronista fue completa: Hicieron desaparecer la Caballería

El coronel retirado Oscar Etcheverry fue ayudante del general Lino Oviedo cuando se desempeñaba como comandante del Ejército. En esta entrevista, Etcheverry comenta detalles inéditos de aquella supuesta intentona golpista de abril de 1996, como la participación norteamericana, en connivencia con el ex presidente Wasmosy, para defenestrar a Oviedo. Etcheverry denuncia que las unidades militares se convirtieron en cárceles de sus propios camaradas y revela que los actuales comandantes de unidades son aquellos que defendieron a Stroessner el 2 y 3 de febrero de 1989. Para el ex militar, el espíritu stronista de persecución y delación se ha reinstalado en el Paraguay.­

-¿Pensó terminar así su carrera pidiendo su retiro?­

 -Yo ya veía venir el fin de mi carrera desde que Lino Oviedo fue pasado a retiro el 24 de abril por el presidente Wasmosy.­
 

-¿Usted era su ayudante?­

 -Ya era coronel y su ayudante.­
 

-¿Qué realmente pasó en esa intentona golpista?­

 -Fue una secuela de roces que venía de mucho tiempo. El conflicto del 22 y del 23 de abril no fue el único que yo presencié. Pero ya sabíamos que ese era el último.­
 

-¿Cómo sabían?­

 -Estaba cocinado. Hay dos elementos muy importantes que yo por prudencia nunca comenté. Aquel lunes 22 de abril volvió el general del Palacio después de hablar con el Presidente y comentó en voz alta: “Itavyraíma pe (está loco) Wasmosy. Oipota ajapo petei (quiere que haga un) golpe de Estado”. No era la primera vez que le planteaba eso. Wasmosy tenía intención de disolver el Congreso y le quería usar a Oviedo.­
 
 -¿Oviedo ya apuntaba a catapultarse políticamente?­
 -El no hablaba de política, pero hacía presencia política. Entregaba personalmente a los soldados sus pergaminos. Iba a visitarlos cuando estaban enfermos. Hacía obras por todas partes: caminos, rutas, escuelas, asentamientos campesinos, puentes. Usaba implementos del Ejército y pedía la colaboración de Obras Públicas. Era un trabajo desgastante. Entonces, prestarse a un golpe era su suicidio político.­
 

-¿Por qué dice que estaba todo cocinado?­

 -Otro detalle muy importante fueron los llamados telefónicos de Washington ya poco después del mediodía luego de la entrevista en el Palacio. Llamaron los embajadores Arthur Davis y Timothy Towell. Dijeron que eran alarmantes las informaciones del Departamento de Estado. “Oviedo es un h‚roe de la democracia. No puede hacer un golpe de Estado...”, me dijo Towell. Ya se veía venir la tormenta.­
 

-¿Es cierto que Oviedo le pecheó a Wasmosy?­

 -Esa es la versión criolla. Son detalles... A las cuatro de la tarde aproximadamente ya llamó el ministro del Ejército brasileño general Zenildo Lucena. Media hora después le escuché al general (argentino) Martín Balza. Los dos expresaron su solidaridad y preguntaron qué pasaba.­
 

-¿Todo el mundo manejaba el tema y aquí no se sabía nada?­

 -Fue una trama bien elaborada que realmente le tumbó a Oviedo. Las llamadas eran interminables, entre ellas los portavoces de los gobiernos del Mercosur.­
 

-¿Cuál fue su reacción?­

 -Imagínese. Las cosas se pusieron muy candentes. Era muy evidente el manoseo. Los oficiales generales no querían que se humille de esa manera el cargo de comandante del Ejército y plantearon una salida honorable.­
 

-¿Hubo o no hubo aprestos?­

 -No hubo nada. En la Caballería se estaba ornamentando la unidad para la Fiesta del Jinete. A la noche, a las siete y media, aparecieron el embajador norteamericano Glassman con el embajador brasilero Marcio Oliveira, socio comercial de Wasmosy. El general estaba lógicamente muy enfadado.­
 

-¿No les dejó pasar?­

 -Yo fui el que no les dejó pasar. Montaron una mentira descomunal y yo le conozco al general. El sabía de dónde partió la jugada. Si dejaba pasar a estos embajadores, no sé qué les iba a decir. Les hice decir que el general no les iba a recibir. Era un momento de mucha tensión.­
 

-Pero le recibió a Laíno y a otros opositores.­

 -Sí, recibió a Laíno, a Gondra, a Campos Cervera, a otros políticos que iban y venían. Vino el ``primazo'' (Manzoni-Wasmosy) que ofreció la renuncia del presidente en una esquela de servilleta. El fue el que le ofreció el Ministerio de Defensa.­
 

-¿Por qué Oviedo nunca salió a desmentir?­

 -Desde mi punto de vista, él fue mal asesorado. El podía descomprimir la información.­
 

-Atizó más la alarma y el miedo en la población.­

 -Los acontecimientos se desencadenaron muy precipitadamente. El anuncio de golpe por la Embajada americana (aproximadamente a las seis de la tarde) fue respaldada enseguida en forma muy bien coordinada por Wasmosy.­
 

-¿Oviedo pidió a los senadores que voten en contra de ese polémico proyecto de segundo puente con Brasil?­

 -No me consta, pero el general tenía mucha influencia en el Congreso. Se inventó el intento golpista para sacarlo.­
 

-¿Los norteamericanos desconfiaban de él?­

 -Hasta 1995 yo escuchaba de los propios representantes norteamericanos que les gustaba Oviedo. McCaffrey, ex jefe del Comando Sur, hoy zar antidroga, vino en el 95 y le invitó personalmente a asistir a una reunión de los comandos del Ejército del Sur en Bariloche: Le dijo, me acuerdo muy bien: “Es importante que asista porque usted es un general muy influyente...”. Yo tengo entendido que ellos veían con desconfianza ese fervor nacionalista que despertaba Oviedo en la región. Se iba a Brasil y los generales le rendían honores. Le tenían mucha simpatía.­
 

-¿Cuándo decidió salir usted del Ejército?­

 -Con la caída del presidente Cubas. Me parecía horripilante lo que hacían con las FF.AA. Wasmosy compraba la lealtad con dinero. Uno de los casos típicos es el del general Velásquez (Steger). Wasmosy reconoció que su ascenso le costó mucho dinero en el Congreso. Así manejó, corrompió y separó a la familia militar. Degeneró todo.­
 

-¿Cuál era el objetivo de Wasmosy?­

 -El no quería entregar el poder.­
 

-¿Quería el recutú?­

 -No. No podía hacer recutú. Quería prolongar su mandato por dos años m s por lo menos. Carlos Mojoli (el ex presidente del Tribunal Superior Electoral) se plantó y eso le costó los padecimientos que tiene hoy.­
 

-¿Quería arreglar sus chanchullos?­

 -Ni en 10 años se va a poder solucionar el daño que hizo al Paraguay. Ellos jamás creyeron que Oviedo ganaría la interna del 97. La conspiración para sacarlo comenzó con la unión entre Argaña y Wasmosy (enero 98) que se coronó con la ayuda que tuvieron de la Corte que dictó aquel polémico fallo del 17 de abril que convalidó la sentencia a 10 años. Desde ahí hasta hoy los abusos no cesaron.­
 

-Hubo una razzia impresionante.­

 -Se rompió absolutamente el espíritu de cuerpo que tenían nuestras FF.AA. Me acuerdo que para el golpe del 2 y 3 de febrero de 1989, ‚ramos muy idealistas.­
 

-Hoy ellos copan todo de nuevo.­

 -Sí. Nos olvidamos de un detalle: el espíritu del stronismo.­
 

-¿Qué es?­

 -Todo lo que sucede hoy, sucedía con Stroessner: estas persecuciones, las torturas, las escuchas telefónicas. Mi teléfono está controlado. Salgo de mi casa y veo pyrague. Los funcionarios que no se alinean, afuera. Es el espíritu stronista el que está vigente de nuevo. Ese fue el gran detalle que nosotros olvidamos. Reconozco que pecamos de débiles. Investigue hoy quiénes fueron comandantes con Wasmosy y quiénes son los comandantes con González Macchi.­
 

-¿Quiénes?­

 -Son todos los oficiales que estaban en el Escolta defendiendo a Stroessner el 2 y 3 de febrero de 1989. Garrigoza, el comandante del Ejército, estaba en el Batallón Escolta, el jefe del Comando Logístico... Nosotros los derrocamos en el 89 y hoy nos están retornando el vuelto.­
 

-¿Ellos fueron más inteligentes?­

 -Claro. Nos persiguieron sin cuartel y lo que es más importante, hicieron desaparecer nuestra arma: la Caballería. La venganza fue completa.­
 

-Hoy son los mandamases y hasta se tortura en las FF.AA.­

 -Ni en tiempos de Stroessner se llegó a tanto. Stroessner por lo menos cuidó la imagen de las FF.AA. Concentraba los tormentos en el Departamento de Investigaciones. Nunca nos involucró en actos políticos porque no necesitaba de nosotros. Hoy, las unidades del Ejército se convirtieron en un PC argañista.­
 

-Hay presos políticos repartidos en los cuarteles.­

 -Yo siento un gran dolor en el alma. Las unidades militares se convirtieron en cárceles de nuestros camaradas. La Aviación es una cárcel, la Marina es una cárcel, el Ejército es una cárcel. Se denuncia al propio comandante de un arma (la Marina) en la tortura a oficiales (el vicealmirante Miguel Ángel Candia). Para un profesional militar es indigno, aberrante, humillante. El altar de la patria se volvió una cárcel de camaradas.­
 

-¿Por qué no denuncian?­

 -Lo peor es que hay algunos que para ponerse bien con las autoridades de turno maltratan a sus camaradas. No permiten las visitas. La sed de rebeldía está latente después de tanto sufrimiento. Pero yo les insto a mis camaradas en actividad a no decaer, a mantener la moral alta y que vayan a votar a conciencia el 13 de agosto por un Paraguay mejor.­
 

-¿Puede ser confiable Yoyito?­

 -Yo quiero que se vote al castigo. Hay que castigar a estos usurpadores que desprecian al pueblo. Sarna con gusto no pica. Pero esta sarna a mí me pica y yo voy a votar contra la impunidad, la tortura y la corrupción.­

Asunción, 6 de agosto del 2000.

Diario ABC Color.