Martes, 11 de Diciembre de 2018

Un ‘‘testigo’’ con sueldo del Palacio; el otro, con problemas mentales

No hace falta ser muy instruido en derecho para desechar por fraudulentas las pruebas arrimadas por el Gobierno para encontrar ‘‘chivos expiatorios’’ en su afán de cerrar de cualquier forma el caso Argaña.

El primer testimonio, el de un farsante y delincuente de poca monta, el ‘‘autoconfeso’’ Gumercindo Aguilar fue desenmascarado rápidamente por investigaciones publicadas en nuestro diario. El segundo caso es el de la irregular autopsia en el Sanatorio Americano (no en el Instituto de Medicina Legal como debió haber sido) minutos después del atentado con la exclusiva presencia de allegados al fallecido y, por último, el tercero involucra a otro ‘‘autoconfeso’’, Pablo Vera Esteche, quien declaró haber estado ahí, en la escena del crimen. El único detalle es que este maleante padecería de problemas mentales, principal motivo por el que fue dado de baja de su servicio militar obligatorio. 

Los investigadores oficiales se valieron de la declaración del testigo falso Gumercindo Aguilar para desatar la primera tanda de persecuciones contra los oviedistas y para acallar a un sector de la prensa, con enjuiciamientos y detenciones de directores de medios y columnistas, situación que forzó la venida de una misión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), respondida con verborragia histérica por los exponentes del nuevo Gobierno. 

AGUILAR NO PODÍA SER TESTIGO



Aguilar no podía ser testigo porque estaba procesado con orden de prisión por robo de vehículo. Ya había recaído sobre él auto de prisión. Por otro lado, se pasaba mendigando dinero a los fiscales, al juez y al presidente González Macchi. Por ende, su declaración no tenía valor jurídico alguno, según el Código de Procedimientos Penales. 

Es de presumir que Bogarín sabía que Aguilar estaba mintiendo porque conocía en detalle las explicaciones de los médicos del Americano y que no lo procesó como perjuro por alguna razón. 

Seguidamente se utilizó la pericia de los médicos encabezados por Bellasai, de dudosa seriedad, según los legistas argentinos y el abogado brasileño Renato de Souza. 

Estos consideran que en el cuerpo de Argaña se constataron lividez y rigidez cadavérica en el momento de la autopsia, entre otros detalles reportados como falsos por los extranjeros. 

VERA ESTECHE TAMPOCO 

El ‘‘testigo confeso’’ Pablo Vera Esteche, algo inédito en el mundo, apareció en escena en octubre del ’99, cuando era insostenible la descabellada versión de Gumercindo Aguilar, a quien también se le descubrió un salario como electricista en el mismo Palacio de Gobierno, contratado supuestamente por Juan Ernesto Villamayor, en ese entonces secretario general de la Presidencia. 

Según las denuncias publicadas en nuestro diario, constaría en documentos militares que Vera Esteche padece de trastornos mentales, razón suficiente para ser considerado un testigo inhábil, por imperio del artículo 237 del Código Procesal Penal vigente. Este dispone: ‘‘No podrán ser admitidas como testigos (...) las personas que al tiempo de declarar no se encuentren, por razón de su estado físico o de su situación de espíritu, en estado de decir la verdad...’’. 

El artículo 238 del mismo código subraya: ‘‘No pueden ser testigos sino para simples indicaciones y al solo objeto de la indagación sumaria (...) los coprocesados o perseguidos por razón de algún delito, si hubiera recaído auto de prisión contra ellos, y los condenados a una pena corporal durante el tiempo de la condena’’. 

Las declaraciones de Vera Esteche están incursas en estas dos prohibiciones de la ley porque fue declarado inapto para el servicio militar por problemas mentales, lo que constituye indicios de estar perturbado de la mente. 

UNA PERICIA SIN VALOR 

Según el abogado De Souza, ‘‘con el video se podrá comprobar que existen lividez cadavérica y rigidez cadavérica y que no existe orificio de entrada de bala para el supuesto proyectil encontrado por el Dr. Varesini (médico de cabecera de Argaña). En consecuencia, no vale como prueba ni la declaración de Vera Esteche ni la declaración de Gumercindo Aguilar porque estamos ante un montaje’’. 

A la vez, al no existir orificio de entrada ni de salida para la supuesta bala que entró ‘‘de adentro hacia afuera de arriba hacia abajo’’, conforme expresó el perito Bellasai, la pericia no tiene valor. 

Se refiere a la bala que supuestamente ‘‘quedó perdida por ahí’’ y que para García Varesini parecía estar ‘‘teledirigida’’. 

Si se comprueba que existen rigidez y lividez cadavérica generalizada conforme expresan los peritos argentinos, ‘‘se debe anular las sentencias porque no están fundadas en la ley’’, y los responsables de la necropsia tendrán que responder por sus ‘‘equivocaciones’’, conforme este punto de vista. 

FAMILIARES 

En cuanto al juez Ocampos, quien en el video aparece extremadamente cansado y somnoliento, se trata de un sobrino político de la víctima. Sus actuaciones judiciales deben ser nulas. Una pesquisa seria debe establecer si es real el parentesco de Bellasai con ‘‘Icho’’ Planás y del médico (Carlos ) González con los Argaña, entre otros. 

Los demás testimonios ‘‘condenatorios’’ (de Bower, Planás, ‘‘Pancho’’ de Vargas, Galaverna) pertenecen a los enemigos políticos de los imputados y su conducta más bien debe ser objeto de investigación.

(Continuará)

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Martes, 8 de abril del 2003