Domingo, 26 de Mayo de 2019

Los investigadores sabían que Aguilar era un testigo perjuro

En medio de las asfixiantes presiones de los políticos coaligados en el Gobierno, la prensa oficialista que llamaba ‘‘cómplices de los asesinos’’ a los que desconfiaban de la versión oficial, los fiscales Marcos Alcaraz y Gustavo Amarilla, dos estrechos allegados de la familia Argaña, fueron, junto al ‘‘superministro’’ Walter Bower, los que diseñaron las acusaciones contra los imputados, cuyo número iba creciendo, en la medida que representaban una amenaza para los nuevos dueños del poder político.

Además de los que fueron involucrados bajo la firma del testigo farsante Aguilar, estaban incluidos jefes policiales como el ministro renunciante del Interior Rubén Arias Mendoza y el comandante de la Policía Nacional Niño Trinidad Ruiz Díaz, acusados de ‘‘inacción policial’’ en las primeras diligencias efectuadas para el esclarecimiento del caso. 

Alcaraz y Amarilla citaron por ejemplo la acusación de supuesta falta de asistencia a los heridos, falta de levantamiento de evidencias, falta de comunicación entre agentes intervinientes, falta de coordinación en los trabajos preliminares, así como un cargo casi demencial como la presunta cobertura policial a los asesinos del Fiat Tempra, el ‘‘auto estrella’’ de los investigadores, justo el vehículo de cuya existencia no se percató el testigo presencial del crimen, el chofer Víctor Barrios Rey. 

Según las coordinadoras de la Comisión de Familiares de Presos Políticos y Perseguidos Darcy de Woroniecki y Carmen de Arias Mendoza, investigaciones paralelas que hicieron con testigos aseguraron que el vehículo en cuestión ya estaba estacionado en el lugar -cerca de la avenida Brasilia y Artigas- desde la noche antes. 

Barrios Rey había declarado a los medios de prensa que si hubiera sido solo un Fiat Tempra ‘‘le hubiera pasado encima’’ con la Nissan Patrol 4x4 e insistió varias veces en que los sicarios bajaron de una Toyota 4x4 bordó. 

El Dr. Carlos Mojoli, experto en balística, ex presidente del Tribunal Electoral y uno de los imputados por los nuevos gobernantes como uno de los responsables del atentado, cree sin embargo que Barrios Rey miente y tiene una hipótesis no menos sorprendente, en el sentido de que el guardaespaldas Francisco Barrios fue el asesino de Argaña y que Barrios Rey se encargó del custodio, al que eliminó a quemarropa. 

Presentó días atrás una denuncia formal a la Fiscalía y a la Policía describiendo su hipótesis. 

Como la investigación oficial fue absolutamente confusa y contradictoria, desenmascarada en decenas de artículos publicados por nuestro diario, reforzados por denuncias de las víctimas de la persecución, las sospechas se multiplicaron. 

La primera versión que sostuvo que el atentado fue un teatro sangriento para tapar la muerte de Argaña varias horas antes del suceso del 23 de marzo fue exteriorizada por el afamado médico argentino Pinto Kramer a la prensa de su país. Afirmó que Argaña habría muerto de cáncer. 

Una de las especies daba cuenta que el chofer y el guardaespaldas sabían fehacientemente que transportaban un muerto hasta que se produjo el atentado en el Pasaje Molas. 

Recién después de las amplias revelaciones, el misterio en que se había envuelto la autopsia del Sanatorio Americano se destapó parcialmente. 

Reapareció en mayo el médico José Bellasai para sostener que Argaña murió en el lugar del atentado de una bala en el corazón, tesis cuestionada por el dictamen de un grupo de peritos argentinos de la Universidad de Córdoba y por el médico rural Pedro Flores, quienes se basaron en la historia clínica y en algunas fotos, ni siquiera en el video original de la autopsia, que arroja aún más dudas por la rigidez y lividez cadavérica que se observa en el cuerpo de la víctima. 

Por haber expuesto su dictamen a nuestro diario, Flores fue amenazado por la Corte -dirigida entonces por Rienzi- con la casación de su matrícula. 

El juez Bogarín dijo al diario Noticias que la versión del fallecimiento de Argaña antes del atentado era de ‘‘un sector interesado en boicotear esta investigación’’ y que tal especie ‘‘ha sido totalmente desvirtuada por los informes médicos que obran en el expediente’’. 

‘‘Yo mismo he estado en la autopsia que se le ha practicado al cuerpo de quien en vida fue el doctor Argaña. De los informes médicos surge con un grado de certeza que la causa de la muerte fue el proyectil que finalmente le atravesó el corazón y que produce una gran hemorragia y finalmente un paro’’. 

En el video de la autopsia, se observa y se escucha decir a Bellasai, dirigiéndose al juez, que tenía dudas sobre la cantidad de balas que pudo haber penetrado el cuerpo del vicepresidente, excluyendo las balas del brazo, antebrazo y la que pasó de refilón en la región lumbar. 

Bogarín escuchó cuando Bellasai decía que él tenia que trazar las trayectorias de la bala para saber cuántas penetraron dentro del cuerpo excluyendo las extremidades. 

Oyó cuando el forense dudaba de la existencia de la tercera bala y García Varesini le sorprendió exhibiendo la cuarta. 

Bogarín estuvo dentro de la sala de la autopsia, vio y escuchó todo. Es de suponer que si escuchó a Aguilar días después pudo haberse percatado que mentía, que era un testigo perjuro y que debía procesarlo como tal. 

En cuanto al juez Ocampo, que tomó el caso inmediatamente, era sobrino político del vicepresidente, al que dicen visitaba corrientemente como familiar y al que presumiblemente le debe el puesto que ocupa en el Poder Judicial. Está casado con Verónica Velázquez Argaña, hija de la hermana del político fallecido. 

Tanto a Ocampos como a Bogarín y Amarilla se los nota visiblemente cansados, con ojeras, como si les faltara conciliar o recuperar el sueño perdido. 

También es llamativo el anuncio que hace García Varesini luego de terminar la autopsia, en un apartado del quirófano, en el living. Informa que solo él y Ocampos hablarían con la prensa. Dice que no había por qué apresurar un informe a los medios de comunicación y que había un pedido expreso de la viuda para que no se diga nada a la prensa. Dijo que al velatorio solamente ingresarían personas seleccionadas, muy poca gente y que en el Americano nadie diría nada. 

De todo esto escuchó hablar Bogarín según registra el video que se mantuvo en secreto todos estos años, por lo que la fantasiosa declaración de Aguilar -que dio pie a una brutal persecución de opositores- no podía tomarla en consideración. Es más, se lo encontró y se lo retrató borracho en varias oportunidades, inclusive con rastros de participar en trifulcas en Luque. 

(continuará...)

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Miércoles, 2 de abril del 2003