Sábado, 23 de Febrero de 2019

Gobernabilidad y convivencia son las claves para el cambio

–¿Un colombiano especialista en conflictos? 
–Yo trabajo con la fundación Avina, una organización creada por el empresario suizo Stephan Schmideihainy, dedicada a buscar y formar líderes, articularlos, hacer que se conozcan para intercambiar experiencias y apoyarlos en sus emprendimientos destinados a cambiar la nación para su desarrollo. Soy asesor del presidente de la organización.

–¿Quién es el suizo?
–Es un hombre muy exitoso en sus iniciativas y dijo un día: “Yo sé mucho de darle valor agregado económico a las cosas. Me gustaría conocer personas dispuestas a generar agregado social para construir naciones para el desarrollo”. La premisa de Stephan es identificar los líderes que van anunciando el cambio dentro de un proyecto de dignidad humana. Como Paraguay está en tiempos de cambio, vinimos aquí a exponer sobre estas técnicas y sus experiencias en otras naciones.

–¿En qué consiste?
–Es un intercambio de experiencias sobre prosperidad, solidaridad, educación, desarrollo sostenible, gobernabilidad, desarrollo económico, las variables fundamentales de una nación... 

–Paraguay está en un encrucijada con este gobierno no tradicional. Muchos ya comienzan a dudar si es capaz de impulsar el cambio.
–Toda sociedad tiene en principio a las personas que pueden generar el cambio. Ninguna sociedad tiene que esperar que alguien venga de afuera para eso. La cuestión es ¿cómo una sociedad se convierte, no en patria, sino en nación?

–¿Cómo? 
–Las sociedades no evolucionan solo porque tienen plata o ingreso. Se convierten en nación en la medida en que son capaces de identificar y superar los desafíos que les presenta la historia, enfrentarlos colectiva y proactivamente. En América Latina, todos los países tenemos grandes desafíos: cómo generar una gobernabilidad y convivencia democrática o cómo hacer un modelo de creación de riqueza.

–Aquí estamos empantanados en el primer punto...
–A la larga, todas las variables de una sociedad giran alrededor de la convivencia, cómo vivir dignamente aprendiendo a no agredir a su congénere, aprender a interactuar, a comunicarse, a trabajar en grupo, aprender a cuidarse, aprender a cuidar el entorno y aprender a valorar el saber...

–El paraíso más o menos...
–No. Son aprendizajes básicos. Sin eso, usted no puede desarrollar nada. La agresión es una tendencia natural en el ser humano. Se puede convertir en amor o en odio, por la fuerza de la supervivencia. Eso lo puede convertir en asesino, guerrillero...

–Ustedes en Colombia tienen bastante experiencia...
–Bastante. Pero bueno, lo ideal es que todo el mundo sea combativo, pero que deje el combate. Las personas arman desastres no porque sean malas personas sino porque el modelo de convivencia está mal diseñado. Eso vale para la empresa, para las relaciones interpersonales...

–Muchas veces hay incompatibilidades insalvables...
–Justamente Colombia es una de esas experiencias. Teníamos que pensar en formar una generación que no se mate. Desde el ’89 empezamos con niños y jóvenes. Probamos con redes enormes de 20.000 colegios, con unos 3 millones de muchachos. Tenemos hoy entonces muchachos nuevos que piensan completamente diferentes de nosotros, los mayores. Lo primero que hay que destruir o transformar en una situación de conflicto es la pretensión de verdad. Si yo quiero imponer mi verdad eso equivale a imposición, violencia. O le puedo decir de otra forma: “Ya verá. Peor para usted”. Es el fundamentalismo, sea de izquierda, derecha, ateo, religioso, no importa. Tiene siempre la misma característica.

–Un humanista chileno que vino a dar una conferencia aquí dijo que las violaciones de los gobiernos de derecha fueron peores que los de la izquierda...
–Yo tenía un amigo español que decía: Un bobo de derecha es igual que un bobo de izquierda. No hay diferencia. El problema de los derechos no es un problema de derecha o de izquierda. Los que formularon el texto de los derechos humanos en el ’48 fueron Jacques Maritain, un filósofo que envió el Vaticano, y Eleonora Roosevelt, la esposa del presidente de los Estados Unidos. Después del ’48 se dieron cuenta de que el enunciado era insuficiente y nació la segunda generación de derechos: los económicos, sociales y culturales. Eso otra vez fue insuficiente y nacieron los derechos ambientales, los difusos y finalmente la carta de derechos en 1974, hoy el norte ético del mundo. Cualquiera sea el lado, izquierda o derecha, la víctima es la que piensa distinto, y punto.

–¿Qué recomendación tiene ante este azote de conflictos que tenemos en Paraguay?
–Hay una orientación general. Tenemos que conocernos mejor a nosotros mismos. Esto es, autoconocimiento personal y social, autorregulación. Yo no puedo generar en usted el orden. No es que una sociedad se vuelve ordenada porque alguien lo ordene. Alguien la puede subyugar y controlar, pero ordenarla es otra cosa. Una sociedad se ordena cuando ella misma decide ordenarse: autoconocimiento, autorregulación, autoestima. Cuando a nivel personal y social logramos esas tres cosas damos un paso adelante.

–Hoy tenemos aquí instalado ese enfrentamiento de invasores de tierra y propietarios, la discusión con Brasil por Itaipú...
–Todos tenemos problemas. El lío que tenemos es creer que el problema está por fuera. En la realidad existen los problemas y usted elige. Pregunten a la gente que está en la frontera de cualquier país, sea Colombia y Venezuela, Paraguay y Brasil qué es lo que ellos quieren.

–Vivir tranquilos y trabajar como en cualquier parte...
–Nos hacemos la pregunta solo cuando hay conflictos. Si quiere asegurar la frontera, no ponga soldados. Ponga vida, ponga desarrollo, ponga bienestar, y la frontera se cuida sola.

–En vez de discursos incendiarios a los que son propensos hoy en día algunos presidentes. Es la nueva moda...
–En vez de esos discursos que incentivan al enfrentamiento, se pueden anteponer otros como ocurrió cuando se anunció que los tanques de Venezuela se echaron andar sobre Colombia. La solución no la dio el Presidente. La dio Juanes (el cantante)...

–¿Qué hizo Juanes?
–Cuando estaba en un concierto en Nueva York, le pasaron el dato de que el presidente Chávez dijo por televisión que ordenó que los tanques fueran hasta la frontera. Colombia inmediatamente respondió. “No vamos a mandar ni un solo soldado hacia la frontera”. Cuando eso estaba vigente el conflicto con Venezuela y con Ecuador. Juanes dijo en su concierto: “Levanten la mano los ecuatorianos, los venezolanos, los colombianos que están en este concierto”. Todos lo hicieron. Después les dijo: “Júntense”. Entonces se juntaron todos y en ese momento les dijo: “Vamos a solucionarlo como sociedades”. Y entonces, al término del concierto se decidió a hacer otro, inmediatamente, en el límite entre Colombia y Venezuela, en Cúcuta. “Yo canto gratis y apoyo el concierto donde se junten colombianos y venezolanos”, dijo. Se anotaron Carlos Vives, Miguel Bosé, cantantes colombianos, venezolanos y de varios países. “Paz sin fronteras”, le puso Juanes, de nombre. No había un peso, pero enseguida un empresario colombiano puso 100.000 dólares. En ocho días se armó un concierto que demora habitualmente 3 meses en organizarse. El costo fue de 5 millones de dólares.

–¿Quién más puso la plata? 
–La gente, como ese empresario. Las sociedades, por ellas mismas, se dieron cuenta de que es posible juntarse por un proyecto de encuentro, en este caso de defensa de la vida.

–¿Regresaron los tanques?
–Se pararon los tanques. Fueron 300.000 personas de Colombia, Venezuela y Ecuador que se juntaron debajo del puente en un concierto de 10 horas, exactamente en la frontera. Fue el encuentro de la frontera entre unos y otros lo que acabó el conflicto. Si usted desarrolla la frontera, le da bienestar a la frontera, nadie está dispuesto a destruir la frontera.

–Aquel conflicto de los piqueteros argentinos por ese problema con Uruguay fue mucho más complejo y prolongado, ¿o no?
–Por eso es que son tan delicados los discursos patrióticos o nacionalistas, que son herencias de los siglos 16 y 17. Yo pregunto: ¿en qué se puede diferenciar un colombiano de un venezolano en la frontera? No hay manera de diferenciarlo físicamente...

–La diferencia es que ustedes ganan más partidos de fútbol que ellos...
–Entonces qué sentido tiene el discurso nacionalista y patriótico entre nosotros. ¿Para qué? 

–Como Lugo dijo hace poco: “Que no nos toquen un milímetro de nuestro territorio...”
–Si hay un conflicto en la frontera, la gente está sufriendo en la frontera. Cómo logramos equidad en la frontera para que todo el mundo se sienta feliz, de un lado y del otro. Yo estoy de este lado. Qué es lo único que quiero, que el de al lado me compre y me salude. ¿Y él? ¿qué espera de mí? Que yo le compre y lo salude. Lo mismo entre las partes en conflicto. Lo que importa es vida digna. No importa nada más.

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Lunes, 3 de noviembre del 2008