Sábado, 23 de Febrero de 2019

Paraguay se evitó una guerra civil para llegar a este cambio

El salvadoreño Gerard Le Chevallier, director de Asuntos políticos y planeamiento de Naciones Unidas, por la estabilización de Haití, ex protagonista del plan de paz con el FMLN en su país, afirma que los paraguayos evitamos una guerra civil al llegar a este cambio de gobierno. El analista aconseja negociar para sostener la gobernabilidad. Vaticina que en el país seguirá rigiendo el bipartidismo.

–¿A qué se debe su presencia de nuevo en Paraguay? Le frecuentan bastante los políticos... 
–Estuve por Buenos Aires y no pude sustraerme de venir a visitar a los muchos amigos que tengo aquí. No hay duda que los que ganaron están muy contentos, preocupados por la responsabilidad asumida. Ciertamente los que han perdido están tristes y es normal. Ese es el juego. No porque perdió el equipo hay que quemar el estadio. Habrá otros torneos, otros campeonatos. 

–Le adjudicaban ser agente de la CIA, uno de los promotores del marzo paraguayo, un conspirador nato... 
–(se ríe) Habiendo tantos conspiradores en Paraguay, ¿para qué quieren uno importado? Yo ni siquiera me encontraba aquí cuando se produjo el “marzo paraguayo”. Efectivamente llegué en la semana que hubo muertes y todo eso. No tuve más participación que la de asistir a lo que pasó. Usted vio que por mi amistad con el Dr. Argaña me invitaron al Parlamento a asistir, porque nadie pensaba que iba a cambiar el gobierno tan rápido. Lo que hace falta en su país no es conspirar sino pactar para trabajar juntos. Yo ahora estoy en Haití, con Naciones Unidas, un lugar con más problemas que Paraguay. 

–Aristide, Lugo, ¿una coincidencia? 
–(se ríe) No faltó uno que hiciera un paralelo, que porque en Haití hubo un cura, ahora vengo a Paraguay porque hay otro cura (en el gobierno). La gente no sabe qué inventar. 

–¿No hay paralelos? 
–De ninguna manera. En todo caso sí creo que es importante aprender de experiencias propias y ajenas. Efectivamente, Haití es el país más pobre del continente y por eso es que se está beneficiando de la solidaridad de todos, inclusive de Paraguay que tiene presencia de soldados allá. 

–¿Dónde está Aristide? 
–En Sudáfrica. El actual presidente de Haití, Preval, que es amigo de Aristide, ha dicho que puede regresar cuando quiera al país. Lo mismo ha dicho de “Baby Doc”, como le llaman al ex dictador Jean Claude Duvalier. Claro que si alguno tiene problemas con la ley es problema de ellos. 

–¿El fracaso de Aristide fue el causante de toda esa violencia extrema en ese país? 
–Lo que se produce durante su gobierno es un problema de ingobernabilidad, de frustración de un país muy pobre, con una situación económica que no progresa y donde un grupo decide tomar las armas y derrocar al presidente. Se produjo todo un período de enfrentamientos y por eso fue importante la presencia internacional, primero con una fuerza multinacional y después a través de Naciones Unidas. 

–Usted siempre está en las situaciones extremas, desde El Salvador... 
–Me siento muy orgulloso de lo que hice en El Salvador. De hecho, a eso debo el honor de trabajar hoy con Naciones Unidas. Somos un paisito de 21.000 km², más pequeño que Concepción. Tenemos 2 millones y algo de habitantes en el exterior y 6 millones y algo en el país. Estamos bastante apretados. Con la mediación de Naciones Unidas firmamos la paz con el FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional) en enero del 92. 

–¿Usted es de qué partido? 
–De la democracia cristiana (de Napoleón Duarte). 

–¿Cuál fue la fórmula para llegar a la paz? 
–Y básicamente, después de 17 años de conflicto y 80.000 muertos, todos estábamos hartos de la guerra. Lo único bueno de las guerras civiles son los acuerdos de paz, de gobernabilidad. Desde que firmamos la paz no hubo más asesinatos políticos, en un país donde siempre nos agarrábamos a tiros por cualquier cosa. 

–¿Cuál es su opinión de esta nueva transición paraguaya? 
–Al haber elegido ser presidido por un pastor, lo que veo es que existe un gran deseo de reconciliación. Es un gran paso la alternancia. Yo creo que este es el momento de que cada uno asuma su nuevo rol, el que obliga a las grandes fuerzas políticas a una negociación. En la elección ha hablado Dios. El pueblo pidió un hombre que trascienda los partidos para construir la nueva gobernabilidad, que es lo que procede en esta fase, creo yo.

–¿Una negociación?
–Ustedes tuvieron la suerte de evitarse una guerra civil para que se produjera este cambio, que es como antes se hacían las cosas: a balazos. La negociación sustituye el conflicto. Y eso es una cosa maravillosa. Al final de tantas tragedias, de tantas muertes, la gente solo le interesa sacar adelante a su familia, tener buenas escuelas, salud, buen empleo, vacaciones. Las personas normales quieren una vida normal, algo que solamente el desarrollo produce. 

–El problema es la inseguridad. Llegó la alternancia, pero también los extremistas... 
–No conozco lo que está sucediendo. Por haber sufrido la violencia y sus consecuencias en mi país, mi reacción personal como cristiano en política es que la violencia no es buena. Me resulta inexplicable la violencia por la tierra, porque hay mucha tierra. Dios les regaló a ustedes un país gigantesco muy rico, comparado con el mío.

–¿Cómo se combate la violencia, usted que conoce de procesos violentos?
–Con trabajo. Hay proyectos prácticos de uso intensivo de mano de obra. Le doy un ejemplo de El Salvador. Construyó una red secundaria de carreteras de 3.000 km, en un país de 21.000 km². No hay dudas que Paraguay necesita construir una red de caminos secundarios. Podría hacerlo con un mínimo de maquinarias. Haití en este momento tiene un problema espantoso de deforestación. Se están desarrollando proyectos de conservación de las cuencas de los ríos y las montañas, para evitar que la tierra fértil se siga cayendo de los cerros y los ríos y que se vaya al mar. Eso consume mano de obra...

–¿La gente en América Latina sigue buscando al outsider (al de afuera) de la política? 
–Cuando los partidos no tienen capacidad de renovación, la sociedad busca fuera de los partidos tradicionales. Eso no lo desliga de los partidos. Son raros los candidatos que se presentan como antipartidos, que se hacen elegir sin partido y que tengan éxito, com Fujimori. Las figuras nuevas ayudan a superar las crisis. 

–¿En el caso de Paraguay? 
–En el fondo aquí lo que se ha producido es una victoria aritmética. Es decir, ha ganado el candidato Lugo por tantos votos. La gente ha buscado un hombre que por su perfil encarna la reconciliación, la tolerancia, el amor en Cristo. La religión habla mucho de perdón y olvido. No sé por dónde va a agarrar el presidente con el tiempo con esta selección de hombres que tiene alrededor. Tiene hombres experimentados como Dionisio Borda y Horacio Galeano Perrone, pero una mayoría sin experiencia. 

–¿Usted cree que la izquierda puede prender con Lugo? 
–Paraguay yo creo que sigue y seguirá teniendo política bipartidista. Se van a perfilar dos partidos grandes y van a ser algunos partidos más pequeños los que ayudarán a inclinar la balanza. El resto va a tender a desaparecer. 

–¿No cree que el Partido Colorado firmó su certificado de defunción al perder? 
–El PRI mexicano no se ha caído. Se está consolidando de nuevo. Fíjese, el peronismo sigue siendo grande a pesar de la dictadura militar y de Menem. Depende de los liderazgos. Aquel que no asuma la representación de los intereses de la población, que no se sorprenda si su partido desaparece o si no lo reeligen. Es el precio. Ese es el castigo. Esos partidos que desaparecieron como el de la Unión Soviética, no desaparecieron porque se condenó su ideología. Desaparecieron porque la gente los rechazó. 

–Acá se habla de cuoteo político para integrar la justicia. ¿Le parece válido todavía? 
–Será válido hasta tanto se lo necesite. Aquí lo importante es llegar a acuerdos. La mejor manera para que unos y otros se aseguren de que no haya revanchismo por un lado y que no haya boicot o bloqueo por el otro, es que haya integración en algunos mecanismos de control, vigilancia mutua para asegurar la independencia del conjunto. 

–¿Cuál es mejor: socialismo “siglo XXI”, teología de la liberación, mercado libre? 
–Siendo un cristiano en política tengo mis preferencias personales. Lo que hay es una obligación de la dirigencia de hacer lo necesario para que mejore el país. Eso pasa por la creación de condiciones favorables a la inversión. Eso es cierto en China, en Cuba, en los países del socialismo del siglo XXI como del capitalismo estadounidense, donde haya petróleo como en Venezuela como en los que no tienen riquezas energéticas como tienen ustedes. 

–Finalmente, ¿cuál es su opinión de Lugo? 
–Un hombre bueno, un hombre de fe, de valores, un cristiano en política, algo que para mí es encomiable. La gente lo vio como el hombre que puede reconciliar al país. Me parece fantástico. Ojalá lo aprovechen y que el sector privado, la sociedad civil participe del esfuerzo de construir una patria mejor. Yo gustoso les cambiaba mi paisito, El Salvador, por esta belleza que es el Paraguay.

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Domingo, 7 de diciembre del 2008