Jueves, 13 de Diciembre de 2018

La venganza de los argaño-stronistas

Con absoluto desprecio de sus vidas, los protagonistas de la gesta libertadora del 2 y 3 de febrero de 1989 provocaron en menos de ocho horas de combate la caída del reinado de 35 años, del tiranosaurio. Su resistencia a aceptar la realidad, sabiendo que estaba perdido, dejó un saldo de 29 muertos y un centenar de heridos. La mentalidad perversa de los totalitarios se resume en la advertencia que lanzó después el hijo, Gustavo Stroessner, a Vladimiro Woroniecki, testigo presencial de la rendición aquella madrugada: “Koa jajokobráta: ne mandu’a cherehe (esto les vamos a cobrar, acuérdese de mí).

La venganza argaño-stronista se produjo 10 años más tarde (1999) cuando retomó el poder tras derrocar a Cubas y llevó adelante el plan siniestro de pulverizar la Caballería y perseguir con saña a los actores del golpe, además de someter a vil pillaje las arcas del Estado.

Stroessner, ya vencido, y su familia pudieron terminar como el zar Nicolás II en 1917, o como Mussolini (ahorcado por una furiosa muchedumbre) en 1945, o como Nicolae Ceaucescu en 1989 en Rumania, ahorcado también después de su violento derrocamiento. 

Como pariente político del general Rodríguez seguramente, Stroessner fue tratado como militar de máxima graduación, transportado en su propio coche blindado hasta la residencia del líder de la revolución en Campo Grande, donde quedaría resguardado hasta la fecha de su exilio en Brasil, el domingo 5 de febrero. 

Hubo, sin embargo, una anécdota poco conocida, que pudo haber cambiado el destino del dictador. 

Dicen que el padre del mayor de Caballería Miguel Angel Ramos Alfaro, un militar muy querido por sus pares, desafortunadamente muerto durante el operativo del Batallón Escolta, preso de la ira, llegó hasta el general Rodríguez para rogarle ingresar “para mirarle la cara” al dictador depuesto. 

Versiones sostienen que su intención era abalanzarse sobre él para agredirlo. 

Venganza

Los autores de la hazaña no contaron con la malicia de aquellos verdaderos zorros, maestros de la intriga, la delación, la corrupción y el crimen. 

Algunos de sus principales colaboradores, como los repudiados ministros que integraban el “cuatrinomio de oro”, fueron detenidos por unos meses y luego puestos en libertad. 

Unos cuantos entregaron parte de su fortuna para quedar reintegrados. Otros ni siquiera rindieron cuentas. 

Los Stroessner conservaron, intactos, sus cuantiosos bienes y dinero, tanto dentro del país y especialmente en el exterior. 

No pasaría entonces mucho tiempo para el rearme y el contraataque. 

En 1996 empezó la vendetta con el defenestramiento de Lino Oviedo del ejército por orden de Wasmosy, considerado un amigo personal de Gustavo. 

Luis María Argaña también la tenía jurada contra Rodríguez, quien le prometió la presidencia en 1989 y no cumplió. Hizo funcionar sus trebejos para impedir que fuera el candidato colorado en las elecciones de 1993. 

Pacto Wasmosy-Argaña

Wasmosy, finalmente el elegido por Rodríguez para sucederlo aquel año, consiguió pactar con Argaña en el ‘97 y trazar un plan para evitar que Oviedo llegara a la presidencia al año siguiente, cuando fue imposible cortarle la carrera en el partido. 

Encarcelado, condenado a 10 años de cárcel cuando faltaban apenas 2 meses para las elecciones, aún así, triunfó Raúl Cubas –la dupla de Oviedo– el 9 de mayo de 1998. Su lema fue “Cubas al gobierno, Oviedo al poder”, un eslogan peronista. 

Su triunfo categórico fue por el 54% de los votos. Salvo Rodríguez, que cosechó 72%, ningún civil hasta hoy llegó a reunir un porcentaje tan abrumador en comicios democráticos. 

Cuña del stronismo

Pero, con la condena de Oviedo, Argaña ingresó como cuña del stronismo dentro del gobierno. Los liberales y encuentristas derrotados, con Laíno y Filizzola a la cabeza, tampoco aceptaron su catastrófica derrota. 

Se formó inmediatamente después de su victoria el frente que derrocaría a Cubas, que se motorizó con la muerte del vicepresidente el 23 de marzo de 1999 en confusas circunstancias, un misterio que la justicia y la historia se encargarán de ponerle punto final en la medida que se vayan evaporando sus influencias en los poderes del Estado. 

La entronización inconstitucional de Luis González Macchi como jefe de Estado por 4 años y medio, sin haber sido elegido, dio lugar a la venganza stronista. 

Humillación

Los luchadores de la democracia fueron presos, procesados por cualquier motivo por figurar en la lista negra de los stronistas. 

El único que se salvó de ser detenido, torturado, humillado fue el general Andrés Rodríguez. Había fallecido prematuramente. 

Al caer el gobierno democrático constitucional de Raúl Cubas, ABC tituló en su principal titular de tapa: “Regresaron los stronistas”, increíblemente, de la mano de varias de sus ex víctimas, encandilados por los cargos públicos que “generosamente” se ofrecían a colorados, liberales y encuentristas. 

En mayo de 2000 los argaño-stronistas llevaron adelante la venganza final. 

Ultimo sacrilegio

Por orden de Nelson Argaña, a la sazón ministro de Defensa, se procedió a cometer el último sacrilegio. 

Inventaron una nueva intentona golpista de la que fuimos acusados militares, policías y civiles, con declaración de estado de sitio, detenciones masivas y abusos contra los derechos. 

El corolario fue la destrucción de la unidad de Caballería de Campo Grande. 

Una parte de las tropas fue enviada al Chaco, en la frontera con Bolivia, y otra a Curuguaty. 

De cuestionada estatura moral, Argaña supervisó el derribamiento del símbolo ecuestre del cuartel, “el soldado desconocido”, homenaje al héroe de la guerra Valois Rivarola. 

En su perverso afán de revanchismo de los partidarios del ex dictador, autodeclarados “héroes del marzo paraguayo” por la propaganda oficial de entonces, la estatua ecuestre no solo fue destruida, sino arrojada y abandonada en un yuyal del predio arrasado.

(continuará...)

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Lunes, 2 de febero del 2009