Sábado, 23 de Febrero de 2019

El dengue está aquí y se va a quedar por muchos años

La ministra de Salud, Esperanza Martínez, especializada en el exterior como experta en salud pública y en recursos humanos, asegura que la ciudadanía no se va a librar fácilmente del dengue, la terrible enfermedad que trae el mosquito Aedes aegypti y que reaparece cada año en el verano. Critica a aquellos que esperan que el Estado vaya a sus casas a limpiarle el patio. 

–¿Cómo fue ese accidente del avión? 
–Fue en Pilar, cuando aterrizábamos en el aeropuerto (el jueves 19 de febrero pasado). Sentimos un ruido y un golpe. A partir de ahí fue como si carreteáramos sobre un camino escabroso. El avión hizo un movimiento sinuoso. Perdió el equilibrio de un lado. Entonces, al perder una rueda eso quedó trabado, y finalmente salimos definitivamente fuera de la pista hasta que paramos (por un alambrado). El piloto (teniente coronel Noceda) fue muy hábil para controlar la emergencia. 

–¿De dónde es el avión? 
–De las Fuerzas Armadas. Es un avión que usamos los ministros habitualmente... 

–Un susto grande... 
–Bastante. Pienso que la gente que estaba fuera se asustó más todavía al ver que el avión llegaba zigzagueando. No tuvimos golpes, pero sentimos los efectos de los movimientos bruscos. 

–¿Cuánto duró todo? 
–Unos dos o tres minutos... 

–¿Se cuida más para los viajes? 
–No sé. Yo ya tuve un accidente fuerte, de tránsito, cuando estuve en El Salvador, en Centroamérica, haciendo una consultoría. Pasó un taxista semáforo en rojo. Me chocó de mi lado (del conductor). Desperté en el hospital. Tuve fractura de pelvis. Me dije: “Dios mío. No puedo ser yo”. 

–¿No pensó en la posibilidad de sabotaje? 
–Yo creo que no. Son más bien aviones que ya tienen su tiempo útil... 

–¿Tienen planeado comprar un avión más seguro? 
–Lo que pasa es que es un tema polémico. Pareciera como que el Gobierno está comprando lujos. Es una necesidad, evidentemente. Tal vez se podría buscar una donación, algo no reembolsable para que no haya suspicacias. 

–¿Se viaja mucho? 
–Bastante. Ahora me estaba preparando para ir a Bahía Negra con el Presidente.

–Lejos, inaccesible. Tan inaccesible como la salud para la mayoría de la población... 
–Bueno, en ese sentido, Paraguay tiene una brecha en la oferta de servicios muy importante. Un 40% de la población no accede a los servicios de salud. 

–¿Unos 2.500.000 o más viven todavía del remedio yuyo? 
–Exacto, 40% que vive del remedio yuyo, con alguna asistencia puntual. La barrera más importante es la económica, la geográfica, cultural, la disponibilidad de recursos que no hay. Es una posición muy desventajosa.

–¿Es posible vencer esa paquidérmica maquinaria burocrática del Estado? 
–Hemos bajado 67 días el tiempo establecido para las compras por contrataciones públicas. Había un proceso interno de 90 días de trámite. Era una mezcla de burocracia y corrupción. Teníamos 82 unidades de contrataciones. Estamos bajando en este momento a la mitad. Estamos depurando todo lo que podemos. Antes había hasta pedidos de bebidas alcohólicas, bombones, pescado en lata, por licitación. Estimamos que este año, corrigiendo la ineficiencia con transparencia en la gestión, vamos a ahorrar 10 millones de dólares. 

–¿Se va a hacer un seguimiento de los que se surtían de esto? 
–Estamos en plan de investigación. Con reglas claras, y sobre todo siendo muy precisos en los términos de referencia, vamos a evitar manipulaciones, y hacer más eficiente el sistema. En una sola licitación de letrinas, cambiando los términos de referencia y aumentando la competitividad, ahorramos algo así como 1.800 millones de guaraníes. En un caso de licitación de leche para niños desnutridos, la diferencia fue de 400 millones de guaraníes entre uno y otro oferente.

–El Ministerio de Salud tenía una formidable clientela político-empresarial... 
–Acuérdese que esta es una entidad presente a todo lo largo y ancho del país, que tiene varios productos políticamente vendibles. Tanto un médico como una enfermera asistiendo es un producto político de venta. Los medicamentos también, así como la capacidad potencial de generar empleo o de dar rubros a los planilleros, a los operadores... 

–¿Hay un ejército de planilleros, como se dice? 
–Sí, pero también mucha gente puede ser recuperada, en el sentido de que hay gente que está en el lugar equivocado. 

–¿Hay un plan de retiros?
–Bajo ningún punto de vista se puede borrar a los funcionarios y cambiarlos. Nadie garantiza que los que vengan de afuera sean mejores. Es un problema estructural de la sociedad, el no tener un sistema de meritocracia, donde ganen los mejores y no los recomendados. 

–¿Cuánta gente emplea Salud? 
–Estamos cerca de 26.000. 

–¿Hay que hacer una revolución para que la atención alcance a la mayoría? 
–El modelo prebendario y patrimonialista que ha regido al país por tantas décadas ha creado muchos cargos de poco monto salarial. Entonces, los médicos por ejemplo, se obligan a tener varios... 

–Rebusques... 
–Claro, lo que es un factor sumamente negativo para la calidad de la atención. Entonces, el médico tiene una guardia acá, otra allá. Eso produce un desgaste. Nosotros estamos planteando que los médicos tengan 48 horas semanales, pero en un solo hospital y que gane por ejemplo 9 millones de salario y que esté de lunes a viernes todos los días. Hay que hacer una reingeniería para reubicar al personal de salud... 

–Si son 26.000, ¿cuánto más necesitarían para abarcar algo de esa franja de 40% que vive del remedio yuyo? 
–La Organización Panamericana de la Salud habla de 25 trabajadores por cada 10.000 habitantes. Eso incluye médicos, enfermeras y personal auxiliar. Paraguay debe estar entre 14 y 15 por 10.000 habitantes. 

–Estas epidemias que nos acosan desde hace 10 años –hasta las plagas políticas–, ¿son producto de la corrupción, la ineficiencia o el cambio climático? 
–Realmente hay un problema relacionado con el cambio climático. El dengue no es un problema que afecta solamente al Paraguay, sino a todas las regiones cálidas del mundo. Es un mosquito de ciudad, urbano, al que le gusta el agua limpia. Entonces, donde hay más concentración de personas, cuando aparece, su diseminación es muy rápida, muy aguda. De ahí su impacto social. Hasta en Río de Janeiro hubo dengue el año pasado, con 2.000 a 3.000 casos por semana.

–¿Tenemos que prepararnos a convivir con el dengue? 
–El dengue está aquí. Se va a quedar muchos años. Tenemos que aprender a convivir con esta enfermedad y tener hábitos para eliminar los focos. Cada año vamos a tener campañas de verano sin dengue... 

–Enero y febrero, con seguridad... 
–Todo el verano, y eso significa 4 ó 5 meses. En realidad hay dengue todo el año. Los casos son menores en el invierno, pero siempre aparecen casos esporádicos. En el verano se reproduce más por la migración de la gente, por vacaciones, estudio o trabajo... 

–¿Hay que acostumbrarse al repelente? 
–Hay que tener repelente, pero sobre todo hay que tener una práctica de eliminación de los criaderos. Así como hay que cepillarse los dientes, bañarse todos los días, así también debe ser un hábito derramar el agua de los floreros, el recipiente del perro, el agua de los jardines, tapar los tanques de agua. Los municipios están evadiendo su rol histórico de encarar el tema de la basura. Ni Asunción lo ha resuelto, Central menos. Hay municipios que se niegan a tener fosa sanitaria. Nadie quiere recibir la basura, pero todos quieren tirarla: agua, basura, basura patológica y el dengue, son asuntos que competen a todos. ¿Por qué si la gente sabe lo que es correcto hacer, no lo hace? No es que uno tiene que limpiar una vez y después nunca más. Esto hay que hacerlo siempre, después de cada lluvia. ¿Por qué vamos a exponer de nuevo a nuestra familia al riesgo de contraer dengue? ¿Acaso ya no saben lo terrible que es padecer dengue? 

–¿Cuántas personas fueron infectadas hasta ahora? 
–Se habla que son 800.000 susceptibles. 

–¡Que ya tuvieron dengue! 
–Es como para decir: “nunca más dengue en mi casa”. Aun así, la gente espera que uno vaya a su casa a limpiarle el patio. Cree que ese es el rol del Estado, no una responsabilidad ciudadana, de tener su casa limpia, por higiene. 

–¿Por qué el caso de Bolivia es tan alarmante? 
–Yo creo que a Bolivia le pasó lo que nos pasó a nosotros hace dos años. Cuando comienza, uno no se imagina la dimensión de esta epidemia. A ellos les tomó de sorpresa y cuando se dieron cuenta, la diseminación ya estaba instalada. Y las condiciones higiénicas, las condiciones de saneamiento también son precarias como en nuestro país, un caldo de cultivo para que la enfermedad se disemine, como el fuego en el pasto seco. En nuestra epidemia nosotros tuvimos 29.000 casos al finalizar. Ellos están con más de 23.000 casos y va en aumento. Tienen más de 15 muertos por dengue hemorrágico. Es una situación de descontrol muy importante. 

–¿Cómo repercute en el Paraguay?
–El principal foco está en Santa Cruz (de la Sierra). De los primeros casos de Asunción este año, siete son importados de Bolivia. De los 14 primeros casos de Central, casi el 80% son personas que por razones de comercio están vinculadas a Bolivia. Uno de los casos en Coronel Oviedo es de una persona que lleva y trae autos. De ahí nuestro interés en colaborar con ellos para que salgan de esto lo más pronto posible. 

–Lo del dengue en Concepción es muy llamativo...
–Eso vino del Brasil. Ahí se dio un caso muy particular en Yby Yaú. La población no tiene agua corriente continua. Acumulan en recipientes para consumo. Se descubrieron millones de larvas. El agua limpia da la falsa creencia de que no tiene larvas de mosquitos. Es fundamental que los tanques estén tapados.

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Domingo, 1 de marzo del 2009