Domingo, 26 de Mayo de 2019
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Lugo fomenta la haraganería y más miseria en la gente...

El proyecto Tekoporã debería llamarse mejor “Jaiko rei porã”, afirma con ironía el  político Bernardino Cano Yegros, padre de Cano Radil, al criticar a Fernando Lugo por su plan de repartir salarios a los “pobres”. En esta entrevista, Cano anuncia su retorno a la política, preocupado por el cariz marxista que cree se está llevando en el país a expensas de las libertades conquistadas.

–¿Qué le induce a volver a la política?    
–La preocupación de que unos bárbaros que se creen iluminados nos quieran coartar la libertad a los paraguayos. Yo ya me creía jubilado de la política. Pensé que ya cumplí mi papel. A los 77 años me figuraba cultivando en el campo mezclado con los campesinos. Pero pienso que todos debemos estar atentos porque estamos en peligro de que unos cuantos antipatriotas marxistas se apoderen del poder para someternos de nuevo. Por eso creo que no solo nos tiene que encontrar unidos a todos los colorados sino a todos los partidos para enfrentarlos.    

–¿Cuánto tiempo estuvo exiliado?    
–Estuve 31 años en el exilio.    

–¿Dónde?    
–En Córdoba. Mi señora es cordobesa. Yo había estudiado en Córdoba antes.    

–¿Cuántos años tenía usted?    
–Tenía 27 cuando fui al exilio en 1959, cuando se disolvió el Parlamento en medio de esas garroteadas frente a la Junta de Gobierno y frente al Parlamento. Fui con mi familia, mi hijo Bernardino (Cano Radil), que usted lo conoce. Mi señora tuvo trillizos.    

–Al volver, ¿qué hizo?    
–Fui electo concejal municipal de Asunción por mi partido, en aquella competencia que ganó Carlos Filizzola (1991). Después me retiré virtualmente de la actividad política para dar espacio a la gente joven. Actuaba esporádicamente. Decliné volver a ocupar cargos. Me dediqué a la actividad privada. Podía haber sido reelecto, pero decliné. Hasta eso mucha gente no tolera. Pero el exilio y el tiempo nos enseñaron a ser más tolerantes y a no hacer de nuestra vida una constante guerra. Yo no puedo pelearme toda la vida con mis compatriotas. Alguna vez tenemos que hacer la patria grande, el gran esfuerzo de querernos un poco. Tenemos que levantar el prestigio de este país.    

–Con todo lo que se dice de nuestros gobernantes, parece cada vez más difícil...    
–Ahí está. ¿Se da cuenta de que no solo los colorados son corruptos? ¿Se da cuenta de que es la cultura de la corrupción la que se ha impuesto en el Paraguay?    
    
–El mal está en el poder evidentemente...    
–Yo no creo que la prensa y los periodistas se hayan reunido en un congreso y hayan decidido poner en práctica la consigna: “vamos a combatirlo a Lugo”. Lugo se combate a sí mismo, por su incapacidad para gobernar. Pero no solo padece incapacidad. Quiere convertir a un pueblo libre, a un pueblo orgulloso de su pasado heroico a la cultura cubana-chavista, una cultura completamente desfasada. El mundo entero es testigo de su fracaso. Yo estuve en Cuba y conocí a Castro en La Habana cuando fui concejal. Hablé con Castro cuatro horas...    

–O sea que él habló...    
–¡No, pero yo también hablé! Le dije muchas cosas. Mi compañero de viaje –que creo que era el concejal Wagner– me dijo entre en broma y en serio: “Te va a hacer apresar”. Le dije que no me importaba. Le dije a Castro que Cuba no tenía necesidad de vivir en una dictadura. El me decía: “cinco locos me van a comer el poder en cuestión de horas”. Le dije que me ponía en la situación de los cubano-norteamericanos que no pueden volver a su país. Le decía que en el exilio se sufre...    

–Se desgasta...    
–Es terrible el exilio. Es duro. Con razón los griegos tenían como máximo castigo, más que la muerte, el exilio.    

–¿Cómo llegó a interesarse Castro en usted?    
–Porque se enteró de que yo era un exiliado del Mopoco que acababa de regresar a mi país. Le habrá resultado curioso hablar conmigo.  Al final me dio la oportunidad de dar un mensaje por radio La Habana. Me dijo que dijera lo que quería. Fui a la radio y critiqué la política de Castro y a los tres meses me mandó la grabación.  En aquella oportunidad le pronostiqué lo que iba a ocurrir con Cuba, la crisis en la que iba a caer por lo que estaban haciendo y lo que hoy, después de 20 ó 30 años, están comenzando a aplicar en el Paraguay.    

–¿Qué es?    
–Darles sueldo y subsidios a la gente. ¿Qué le dicen los cubanos hoy? “¿Para qué me voy a romper el traste si lo mismo a fin de mes me manda el Estado mi salario y mis víveres?”.    

–Una especie de proyecto Tekoporã.    
–Le queda mejor “Jaiko rei porã”. Esto sí que nos va a llevar más pronto a la ruina. Imagínese cómo va a quedar este país si a todo el mundo se le da salario sin trabajar. Es una barbaridad lo que están haciendo.    

–Lugo dice que este sistema de sueldo para  “pobres” tuvo éxito en otros países.    
–El mundo entero sabe exactamente lo que pasó con el marxismo y cómo se derrumbó. La haraganería y la burocracia los liquidó. Lo que crea es haraganes y miseria. Lo único que ennoblece al ser humano es el trabajo. A mí me preocupa que después de tanta lucha y tanto sacrificio tengamos que caer ahora en manos de  bandidos. Estoy seguro de que Lugo se hace el tonto. El tiene un objetivo y trabaja directamente comprometido con el marxismo. ¿Se recuerda cuando fue a Cuba? Parecía hechizado por Castro. Es un antiguo admirador de ese dictador. Como respuesta, los paraguayos tenemos que buscar en forma urgente un reencuentro, no solamente en el coloradismo. Tenemos que encontrar el camino común para transitar con los demás partidos democráticos.    

–¿Cómo cree que se puede aglutinar el Partido Colorado con ese desbande que hay?    
–Mire. Nosotros, los colorados tenemos experiencia de vida. Cuando en 1948 se dividió en guiones y democráticos, vino el cambio y ambos grupos encontraron el camino para transitar en forma común. En toda su historia el partido tuvo crisis que siempre capeó transitando el camino común. Y esta va a ser otra oportunidad más.    Pero tiene que haber un  desprendimiento generoso de los dirigentes. Los que ya fracasaron tienen que dar espacio a los más jóvenes. Nicanor tiene que dar espacio a la gente joven.    

–Usted sabe que el partido fue  una empresa de intereses para comerciar con el poder...    
–Bueno, obviamente yo estoy hablando para gente principista. Ocurre que después, con el ejercicio del poder, la soberbia lo ciega, como ocurrió con Nicanor. Se fundió él y con él un gran porcentaje del partido.    

–¿Cuál es su opinión de las elecciones?    
–Está fijada la convención para el 5 de diciembre. A partir de ahí hay que trabajar.    

–La unidad o la atomización pende de un hilo...    
–Yo pienso que se va a imponer la buena razón, una conciencia renovadora, unitaria para todos.    

–¿A usted no le importa cuándo se hagan las elecciones?    
–Lo prioritario es que el partido arregle primero su problema interno, para trabajar después con mayor grandeza por las municipales. Tenemos que arreglar nuestro problema de familia primero.    

 –No va a haber nuevas autoridades partidarias entonces.    
–Le repito, primero hay que solucionar el problema de familia, que es la convención del 5 de diciembre. Esa autoridad se encargará de planificar el proceso para las elecciones municipales. Es sentido común. ¿Qué podemos hacer cada uno en distintas carpas? Yo exhorto a mis correligionarios a que renuncien a sus ambiciones personales, en particular aquellos de quienes se comprobó su incapacidad, y dejar que se recomponga primero el partido. Nadie puede adivinar su pensamiento

–¿Cuál es la estrategia que debe llevar adelante el partido para las futuras elecciones?    
–La política es muy dinámica. Hay que ver cómo viene el proceso. Yo particularmente no soy contrario de las alianzas. Pero hay que esperar. En este momento la política nacional está en una situación muy crítica. El señor Lugo es un señor al que nadie le puede adivinar sus pensamientos, porque es difícil.    

–¿No se define?   
–Hoy dice una cosa, mañana otra. Tiene una conducta sinuosa que nos hace sospechar que tiene bajo la manga esa cultura marxista que cree que nos va a imponer en forma silenciosa.    

–Ellos dicen que un juicio político para destituirlo equivale a “barbarie”...    
–Esto es típico de los personeros abyectos a cualquier tirano. Los abyectos a Stroessner hablaban en esos términos. El discurso es el mismo, pero la alabanza es al mandamás de turno, que en este caso está detrás de un proyecto autoritario. ¿Cómo usted va a concebir que todo el que no esté con usted es bárbaro? Es una estupidez no digna de gente que se cree culta. Recuerde que Stroessner también se rodeaba de esa clase de personas que se hacían llamar intelectuales, pero que no eran más que transmisores de un lenguaje gorilesco. A mí se me antoja que este manifiesto luguista firmado por estas señoras Milda Rivarola, Line Bareiro y otros, es una copia de lo que hacían los stronistas contra sus opositores.    

–“Son resabios de la barbarie”, dicen de  los críticos de Lugo.    
–Estos están haciendo el mismo papel de La Voz del Coloradismo, alabando a sus  amos o los que alababan a Stalin en la Unión Soviética o los que alaban a Chávez. Esos son los bárbaros, no el libre pensador. Es sagrado el pensamiento. A esta gente le tengo lástima. No creo que en alguna medida el pueblo le apoye.    

–¿Le parece que el país se anarquiza si Lugo se va, como dicen?    
–No, yo creo que si Lugo se queda es que vamos a tener la anarquía. Yo pienso en las libertades conquistadas. He dado prueba de vida de mi lucha por la libertad. Felizmente tengo una familia que es muy conocida por su libre pensamiento, por el sacrificio y la persecución que pasamos por el ejercicio de nuestra libertad. Ya en la época de la dictadura colorada hemos puesto nuestros pechos por la libertad.    

–¿Le parece que su impopularidad ya es suficiente para pedir que se vaya?    
–Nadie pensaba sacar a Lugo del poder porque sí. Hoy la vergüenza que nos hace pasar con sus escándalos, inconcebibles en un jefe de Estado, nos hace considerar que se lo saque por sus actos de inconducta. Aparte, hace ostentaciones de lujuria en un país pobre. No vive con modestia. Antes se criticaba a Stroessner por ostentoso. Este hace lo mismo. ¿Donde dejó su humildad de sacerdote? Cuanto más antes se vaya, mejor, salvo que recapacite  y traiga un cambio. El problema es que ya nos defraudó a todos y eso no se puede revertir.

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Lunes, 30 de noviembre de 2009