Viernes, 14 de Diciembre de 2018

Stroessner, Chávez, los Castro, cortados con la misma tijera

Los defensores de gobiernos autoritarios, como el de Cuba, o de fachada democrática, como el de Venezuela, niegan que ellos violen los derechos humanos y hacen la vista gorda ante la existencia de presos políticos o de víctimas como Orlando Zapata, muerto en la cárcel por sus ideales de libertad. Menos mal que en nuestro país están frescos todavía en la memoria de los paraguayos los abusos que cometía el régimen -de derecha- de Alfredo Stroessner, y no sorprende la brutalidad que imprimen a sus gobiernos -de izquierda- ni Hugo Chávez ni los hermanos Castro.

 

En Cuba, los ciudadanos no pueden entrar ni salir a voluntad del país. Tampoco se pueden expresar libremente. Está permitida una sola prensa, la oficial. Está prohibido organizarse. El poder está concentrado en una sola persona o grupo de personas que usurpan la representación popular, típico del fascismo, aún cuando se autoinvoca “socialista”.   

El régimen cubano y sus defensores en nuestra región -con la suma de los nuevos funcionarios paraguayos que se fueron adhiriendo con la irrupción de Fernando Lugo al poder- niegan que Orlando Zapata haya sido un preso político, así como niegan  la existencia de presos de conciencia.   
 

Zapata y Fariñas

Para ellos, el fallecido Zapata y el periodista opositor Guillermo Fariñas, hoy  en peligro de muerte (como aquel) también por huelga de hambre, son delincuentes.   
Los  Castro promueven acciones represivas contra  blogueros y periodistas independientes. Controlan el internet. Bloquean deliberadamente los sitios digitales y mantienen a 27 comunicadores  encarcelados, en su mayoría en deteriorado estado de salud.   
Guillermo Fariñas y la bloguera independiente Yoani Sánchez se han convertido en símbolos de la libertad de expresión en la isla, el país que tiene más periodistas encarcelados en el mundo. En Venezuela pasa otro tanto.   
 

El presidente Hugo Chávez accedió al gobierno por la vía democrática en 1998. A partir de ahí se fue apoderando del control de los tres poderes del Estado.    

“Por irrespetuoso”

Con su lema “socialismo o muerte” partidizó las fuerzas públicas y, al igual que los hermanos Castro, empezó a amordazar a sus compatriotas, a perseguir y hacer apresar a sus enemigos, o a forzarlos a escapar al exilio, exactamente como lo hacía Stroessner.    
Por proferir “palabras irrespetuosas y ofensivas” contra su investidura, hizo apresar la semana pasada  al director del canal Globovisión, Guillermo Zuloaga.    

Globovisión es el último canal independiente que sobrevive al monopolio absoluto que ejerce el régimen chavista sobre los medios de comunicación, canal periódicamente agredido por las pandillas gubernistas formadas para reprimir enemigos políticos, como lo hacían en nuestro país las hordas stronistas, como aquella comandada por el otrora tristemente famoso Manuel M. Esquivel o el otro no menos brutal, Ramón Aquino, o como conformaron esporádicamente los argañistas en el 99.     

Otro opositor venezolano, Oswaldo Alvarez, fue detenido también la semana pasada después de  haber declarado a Globovisión que el gobierno de Chávez violaba los derechos humanos y tenía vínculos con el terrorismo y los  narcos.    

Se basó en una denuncia judicial radicada en España, que involucra al Gobierno en complicidad con el grupo terrorista ETA y  las FARC.   

La fiscalía chavista le imputó a Alvarez “delitos de conspiración, incitación pública a delinquir y difusión de información falsa”. La víctima fue gobernador del rico estado de Zulia, ex presidente de la Cámara de Diputados y ex candidato presidencial, rival de Chávez.   

“Por maleducado”

Como muestra vale un botón. Hace 26 años, en 1984, antes de la clausura de ABC por la dictadura stronista, el entonces ministro del Interior de la represión, Sabino Augusto Montanaro, justificaba el apresamiento de nuestro director y el cierre del diario, en términos casi calcados por Chávez: “Por maleducado” y “por predicar el odio entre los paraguayos”.
 

El director de Globovisión fue arrestado “por irrespetuoso”. Ante la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Zuloaga dijo que Chávez “usa la fuerza para cerrar medios”. Había mandado clausurar arbitrariamente el canal Radio Caracas Televisión (RCTV). El portavoz gubernamental Manuel Villalba dijo que Zuloaga incurrió en “traición a la patria” y que “tiene que asumir la responsabilidad de su declaración”. Finalmente el empresario televisivo fue dejado en libertad con una medida cautelar, pero tiene prohibido salir del país.

Llenar las cárceles
Los paraguayos conocemos exactamente la trayectoria que siguen los regímenes que coartan las libertades públicas. Comienzan cerrando todas las vetas de expresión y de organización, calumniando y difamando a quienes identifican como sus enemigos, y terminan por llenar las cárceles de opositores políticos. A su régimen represivo, Stroessner llamaba “gobierno de paz y progreso”, slogan extendido en gigantescos carteles distribuidos por avenidas y rutas de todo el país con la imagen sonriente  del dictador.
 
Socialismo o muerte
Chávez hace lo mismo bajo el lema: “socialismo o muerte”. Castro lo hace desde hace más de medio siglo con la sigla “revolución o muerte”. Hace unos días, Evo Morales adoptó el modelo para identificar a su gobierno como “Patria o muerte”.
Son expresiones que, más que nada, pretenden disuadir a sus opositores, particularmente a los que cuestionan sus corrupciones. Montanaro decía: “para evitar males peores y en salvaguarda de la paz, la tranquilidad y el orden público, el Gobierno ha dispuesto la suspensión del diario ABC por tiempo indeterminado...”.
 
Curiosamente, como en los tiempos del stronismo y del gobierno de facto argañista del 99, en estos días vuelven a aparecer  pintatas, hasta camisetas hostiles a ABC, promovidas por allegados al  gobierno, lo que hace presumir que las denuncias que salpican a algunos funcionarios provocan estas reacciones cuyos alcances no los podemos todavía apreciar. 

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Martes, 30 de marzo de 2010