Domingo, 26 de Mayo de 2019
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Chivo expiatorio de la segunda “historia oficial”

El mayor Reinaldo Servín fue incluido en octubre de 1999 en el caso Argaña por el testigo falso inventado por la policía argañista de entonces, Pablo Vera Esteche.  

En aquellos días, investigaciones periodísticas publicadas por ABC habían terminado de hacer trizas la “historia oficial” que quería vender al público el grosero guión que sindicaba a otro testigo falso alquilado por el gobierno de González Macchi, como coautor del atentado contra el vicepresidente.    

Se trata de Gumercindo Aguilar, asesinado misteriosamente (por policías de Investigaciones según su esposa) 19 días después del final de ese nefasto régimen, el 3 de setiembre de 2003.    

La misma policía de la época, devenida en una especie de Gestapo local, en una connivencia total con el Ejecutivo, la fiscalía y algunos jueces, hizo aparecer a Pablo Vera Esteche como supuesto autor material del atentado.    

Igual que el anterior, Vera Esteche identificó supuestamente como autor intelectual a Lino Oviedo y como su nexo al mayor Reinaldo Servín, de quien ni tan siquiera conocía su aspecto físico.    

Instruido por sus contratantes del gobierno, en su falsa confesión describió al militar como un sujeto “no tan gordo”, luego de asegurar que se reunió varias veces con él.    

La verdad es que nunca lo vio en su vida, porque Servín era todo lo contrario. Tenía la constitución física delgada.    

Ni la Corte ni la Fiscalía consideró necesario probar. Poco después, en su confesión falsa ante el juez Jorge Bogarín, Vera Esteche entró en severas contradicciones, pero el terrorismo de Estado, plenamente vigente, lo seleccionó como chivo expiatorio, para dar inicio a su tragedia, una historia de infamias y calumnias que cubrieron la brutal persecución por el gobierno de turno.    

Servín cayó preso en octubre para motorizar la nueva versión del asesinato de Argaña.    

También fueron capturados Luis Rojas y Constantino Rodas, ambos sometidos a tratos crueles e inhumanos, este último acusado además de oviedista, siendo un militante, miembro de un comité del Partido Liberal.

A partir de ahora, la administración de justicia puede auscultar la responsabilidad en este y otros crímenes que se cometieron,  de las autoridades espurias que emergieron del llamado “marzo paraguayo”, a quienes jamás se investigó por su llamativo interés de crear testigos falsos, de la noche a la mañana, para incriminar a sus enemigos políticos a los que persiguieron con saña, mientras sometían al más vulgar pillaje a las arcas del Estado.

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Martes, 14 de setiembre de 2010