Jueves, 17 de Enero de 2019

La Iglesia acompaña al pueblo en los momentos difíciles

Monseñor Lorenzo Baldisseri, nuncio apostólico, representante de la Santa Sede, fue el primer auxilio de los dirigentes políticos empeñados en detener la tragedia de sangre y luto que oscureció el firmamento asunceno aquella fatídica última semana de marzo, corolario de la prolongada crisis política embrionada en las luchas intestinas del Partido Colorado. En esta entrevista, el representante del Papa relata detalles, varios de ellos inéditos, de las negociaciones que tuvieron lugar en la Nunciatura, sitio donde se concretaron las bases para producir la renuncia de Raúl Cubas.

 

_¿Usted medió para que se produjera la renuncia de Cubas?

_No hubo ninguna mediación. Solamente hubo una iniciativa de parte de algunos parlamentarios que vinieron aquí con la intención de conversar.
 
_¿Cuándo fue?
_El sábado 27 de marzo a la mañana, después de la tragedia.
 
_¿Quiénes eran?
_Fernández Estigarribia, Martín Chiola y Paz Castaing. Ellos presentaron sus posiciones y sus propósitos. Me pidieron volver con otras personas más tarde. Efectivamente, llegaron horas después cinco personas: Fernández Estigarribia, Euclides Acevedo, Bader Rachid, Octavio Gómez y (Francisco) Appleyard.
 
_¿Ya se hablaba de la renuncia?
_Sí, pero todavía no estaban todos de acuerdo. Además estaban apurados, porque tenían que regresar al Congreso. Me pidieron una nueva reunión a las seis de la tarde. No vinieron, pero Fernández Estigarribia me llamó a las ocho de la noche más o menos para decirme que querían reunirse el domingo, a las 10:00 de la mañana.
 
_¿No fue una mediación, pero estuvo en medio de ellos?
_No se habló de mediación. Mediación es una palabra mayor. Necesito primero el acuerdo de la Santa Sede, de las partes. Yo no mediaría en estas circunstancias, les dije a ellos mismos. Pero les ofrecí el espacio para que hablaran entre ellos, sin interferencias. Al final, yo me ofrecí a transmitir al presidente los puntos sobre los cuales todos estaban de acuerdo: no más derramamiento de sangre, que el nuncio no iba a mediar y, tercero, que la decisión sobre el tema es una decisión exclusiva del presidente de la República en su conciencia.
 
_¿Fueron decisivas esas reuniones en la Nunciatura?
_No sé. Se hizo un trabajo muy importante. Las personas que estuvieron acá no fueron enviadas por mandato. No hubo ninguna formalidad.
 
_Pero se echaron las bases.
_Sí, se echaron las bases, pero los temas que se enfocaron aquí debieron desarrollarse mucho más con el transcurrir de las horas en otras esferas. Las cosas se desencadenaron muy rápidamente.
 
_¿Los emisarios de Cubas pidieron garantías para el presidente?
_No se habló de eso, pero esa era la tendencia.
 
_¿Cuándo supo usted que Cubas renunciaba?
_Más o menos a las cuatro y media de la tarde del domingo. El presidente me llamó por teléfono y me convocó a Mburuvicha Róga. Yo estaba con monseñor Cuquejo, y fuimos juntos. Allí nos contó que renunciaría.
 
_¿Usted tuvo otros contactos con el presidente antes de ese sábado?
_El viernes a la noche.
 
_¿Durante la matanza?
_Sí. Lo llamé...
 
_¿Por todo lo que veía en la televisión?
_Estaba mirando la televisión. Estaba muy conmocionado por lo que estaba pasando. Fue a las ocho-nueve de la noche, cuando se iba sabiendo que había ya uno o dos muertos.
 
_¿Qué le dijo él?
_El es muy parco. Estaba evidentemente preocupado, pero parecía seguro de sí mismo. Después lo llamé más tarde, por segunda vez, y prometió en todo momento que controlaría la situación.
 
_¿Cuándo volvió a contactar con él?
_Efectivamente, fue ese domingo a las cuatro y media, como dije antes.
 
_¿Qué más le dijo?
_Que tenía informaciones sobre contingentes de personas de los dos bandos que estaban llegando del interior, armados, que podían instalarse en la plaza esa noche para amanecer el lunes a la espera del juicio político. Me pidió que los jóvenes que estaban frente a la Catedral se apartaran porque pensaba que en el momento de su renuncia se podía producir incidentes todavía más graves.
 
_De ahí que monseñor Benítez pidió que la gente se fuera a su casa...
_Yo informé al arzobispo y él pidió a la muchedumbre que se alejara de ahí o que entrara en la Catedral. Fue por ese temor que se pidió y no por otra cosa.
 
_Pero nadie se movió.
_A nadie se le intimó que se fuera. Era una medida preventiva. Pero usted ha visto que no ocurrió nada de lo que se pensaba.
 
_¿Usted no le preguntó al presidente si el ataque fue promovido por Oviedo?
_Yo le pregunté solamente dónde estaba Oviedo. El me dijo que se disponía a salir del país. Pero nunca se tocó el tema Oviedo en otro momento. Hubo un instante en la Nunciatura en que el señor Appleyard habló de eso. Yo me dirigí entonces a todos y les dije: “Aquí, en esta casa, hablamos del tema Cubas y nada de otra persona”.
 
_¿Quién cree que influenciaba sobre Cubas en ese momento?
_No sé. Lo que sí sé es que, pienso, fue importante el papel que tuvo su familia para llegar a la decisión que adoptó finalmente. Hablé también en esos días con el ministro del Interior, su hermano (Carlos Cubas).
 
_¿Qué le dijo?
_El decía que la Policía no respondía a sus órdenes, que no le hacía caso. Todos estaban afectados. El presidente parecía estar muy compungido y desorientado. Insistió en nuestra conversación en que no quería más derramamiento de sangre.
 
_¿No tuvo más contacto después?
_Ese domingo fue el último, pero lo volví a ver al día siguiente, el lunes, antes de su viaje al Brasil. Lo salud‚ antes de salir del país.
 
_Por supuesto que ya lo encontró destruido, seguramente.
_El presidente estaba deprimido, seguramente por el fin de su aventura de gobierno de siete meses.
 
_¿Los embajadores tuvieron un papel clave en todo este asunto?
_Cada uno, dentro de su esfera de influencia, trató de ayudar. Los embajadores fueron informados y también solicitados por los políticos, así como solicitaron por el nuncio. Yo sé que los días de la crisis ellos (Mercosur, Unión Europea, embajadores latinoamericanos) se reunieron por grupos.
 
_¿En la Nunciatura?
_Aquí hubo una reunión solamente, pero fue al día siguiente del asesinato de Argaña, donde se analizó la situación. Hubo después contactos y conversaciones individuales.
 
_¿Es cierto que ustedes amenazaron en un momento dado retirar las embajadas si continuaba la matanza?
_No, no, no. Yo no conozco absolutamente. Es la primera vez que escucho.
 
_¿Tuvieron contactos con los militares en esos días?
_Ninguno. El general Torres Heyn estaba presente en el momento en que Cubas nos anunció su renuncia.
 
_¿Y la Iglesia?
_Fue importante. La Iglesia acompañó al pueblo, a los parientes de las víctimas en ese momento difícil, trágico. Llamó a la calma, pero también al no a la impunidad. La Conferencia Episcopal, el arzobispo (monseñor Felipe Santiago Benítez), el obispo auxiliar Adalberto Martínez, jugaron un papel importante.
 
_¿El papel de la embajadora norteamericana?
_Pregúntele a ella. Ella estuvo presente aquí ese d¡a de la reunión (después del crimen de Argaña). Tuvimos conversaciones. Creo que hemos trabajado todos, cada uno a su nivel de influencia.
 
_Ella fue a un alto cargo en EE.UU.
_Yo la felicito y al mismo tiempo lamento que se vaya. Hemos trabajado bien en todos los aspectos. Es una excelente persona, muy activa.
 
_¿Impusieron ustedes alguna condición para que se produjera esta coalición o fue una decisión exclusiva de los políticos?
_Tiene que ser exclusiva de ellos, creo yo. En la conversación que sostuvieron los parlamentarios aquí, se mencionó la posibilidad de hacer un gobierno de unidad nacional. No se llegó a ningún acuerdo ni nada. Yo creo que se hizo todo muy rápido. No hubo mucho tiempo para reflexionar. Pero el hecho de que los representantes de todo el espectro político se sentaran a hablar del tema ya era un indicio de que se encaminaban hacia eso.
 
_¿Usted pensaba francamente que esto podía degenerar en una situación mucho más grave?
_En aquel momento se tenía esa idea. Había mucha tensión. Se podía presumir que podía pasar lo peor. El apresuramiento del presidente para presentar la renuncia en forma precipitada era una muestra de que se quería evitar más tragedias.
 
_Se publicó esa nota escrita de puño y letra del ministro del Interior Bower en el que se da por enterado de la liberación de Oviedo ya el viernes 26, lo que puede suponer que ya se estaba acordando su huida y hasta inclusive que se pudo evitar la matanza. ¿Usted sabe algo de eso?
_Yo no conozco nada de ese aspecto. Solamente puedo referir lo que se publicó en la prensa.
 
_¿La renuncia de Cubas ya estaba cantada ese viernes?
_La impresión que hemos tenido aquí es que el presidente Cubas estaba firme en su propósito de seguir adelante. La cosa fue madurando el sábado, después de la matanza. El mismo Cubas lamentó el asesinato de Argaña y, después, la muerte de los jóvenes. Dijo que fue un golpe muy bajo al presidente de la República.
 
_¿Usted no escuchó esa historia de que los marines norteamericanos estaban por invadir Paraguay?
_No. No he oído nada.
 
_Se cuentan muchas historias desde que se fue Cubas.
_Yo creo que hay mucha fantasía. Yo diría que las cosas ocurrieron con mucha más simplicidad de lo que la gente supone.
 
_Usted tiene mucha experiencia internacional en este tipo de situaciones. Estuvo en Haití, Panamá...
_En Haití, en El Salvador, cuando se desató la guerra civil; Guatemala. Me tocaron varios países muy difíciles. En El Salvador hubo matanzas, asesinato de sacerdotes, el obispo Romero... En Haití estuve durante el accidentado mandato de Jean Bertrand Aristide, hasta que las fuerzas de paz de la ONU lo reinstalaron en el gobierno y tuvo que irse el general Cedrás. Gracias a Dios, no hubo derramamiento de sangre.
 
_¿Qué futuro le ve a esta coalición sui generis?
_Ahora que ya se despejó el horizonte, no hay que mirar solamente al pasado. Hay que mirar el futuro. Es verdad que hay que hacer justicia para que no haya impunidad, pero al mismo tiempo hay que dar esperanza al pueblo, de que no solamente se vive de errores del pasado que se castigan, sino que hay un aspecto primordial, que es construir el futuro en paz.
 

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Asunción, 2 de mayo de 1999