Domingo, 26 de Mayo de 2019
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“El papa Bergoglio me salvó la vida de la Triple A”, cuenta el padre Caravias

El papa Francisco, cuando fue provincial jesuita en la Argentina en 1975, le salvó la vida al sacerdote español José Luis Caravias, radicado en el Paraguay desde su retorno del exilio en 1989. También salvó a otros dos religiosos, un húngaro y un argentino, amenazados de muerte en Buenos Aires por la “Triple A“, el tenebroso grupo paramilitar que asesinaba o hacía desaparecer a opositores durante la guerra sucia en la Argentina de los 70. Caravias fue expulsado del Paraguay en 1972 por organizar a los campesinos en ligas agrarias desmanteladas con violencia por la dictadura.

–¿Cómo fue que el papa Bergoglio le salvó la vida?
–(Jorge) Bergoglio era el padre provincial (de los jesuitas) en la Argentina). Me dijo: “tengo noticias de que la ‘Triple A’ decretó tu muerte y la de (el húngaro Francisco) Jalics”.

–Y ¿qué hizo usted?
–Yo consideré que no valía la pena hacerse el héroe. A mí ya me habían expulsado de Paraguay en 1972. Conocía la ferocidad de la dictadura. En cambio, Jalics se hizo el valiente y se quedó en Buenos Aires, y casi le cuesta la vida. No quiso irse y lo pasó muy mal. Lo torturaron mucho. Bergoglio lo salvó. Se empeñó en averiguar dónde estaba. Si no lo reclamaba lo mataban. También salvó al argentino Orlando Yorio (fallecido en el año 2000). Yo puedo dar testimonio de la advertencia que nos hizo a Jalics y a mí, pero no de Yorio. Ambos trabajábamos en las villas miserias de Buenos Aires. Nosotros ya teníamos conocimiento de los tormentos a los que fueron sometidos otros sacerdotes. Por eso digo que Bergoglio a mí me salvó la vida, porque a tiempo me pudo avisar.

–¿De qué casos se acuerda?
–En esos meses anteriores habían matado a varios curas, uno de ellos el padre Mauricio Silva. Era un padre barrendero. Era empleado barrendero. Lo mataron torturándolo. La cosa no era broma.

–¿Por qué lo mataron?
–Porque era cura barrendero, porque era un testimonio. Ni supimos dónde estaba. Eran capaces de cometer brutalidades sin ninguna explicación. Estando en la calle Corrientes, un coche se lo llevó. No pudimos encontrar dónde estaba. Yo era muy amigo de él. Compartíamos mucho de noche. Cuando terminábamos nuestro trabajo nos reuníamos a veces en su casa. Lo soltaron en las puertas de un hospital, moribundo, flaco. Y ahí murió. Fue muy torturado.

–Y ¿usted a dónde se fue?

–Yo viajé a España, a la casa de mi familia en Málaga.

–¿Qué año era?
–En 1975. Ahí recibí la encomienda de trasladarme a Ecuador. El jefe provincial de Roma me mandó a trabajar con los indígenas.

–¿Cuánto tiempo estuvo?
–En Ecuador estuve 14 años.

–¿Qué hacía en el Paraguay? ¿Qué es lo que hizo enojar a Stroessner?

–En Paraguay, trabajaba para organizar a los campesinos en las Ligas Agrarias (cooperativas). Al mando del comisario Irrazábal, de triste memoria, un día me alzaron en una camioneta de la Policía sin ninguna explicación y me arrojaron a Clorinda.

–¿Cuándo fue?
–Fue el 5 de mayo de 1972. Me acuerdo perfectamente.

–¿A dónde fue a parar?
–Me fui a trabajar con obrajeros de la provincia del Chaco argentino. Formamos un sindicato de hacheros. Era gente muy explotada, muy maltratada. Estábamos a unos 200 km de Resistencia. Era un lugar impenetrable. Los hacheros echaban quebracho para extraer tanino. Era un pueblo de gente muy mal tratada. No me perdonaron. Fue igual como cuando organicé las Ligas Agrarias aquí. Fui corrido con amenazas de muerte.

–¿Por qué hay esa insistencia para descalificar al nuevo Papa?
–Es una calumnia terrible la versión de que supuestamente el exprovincial entregó a sus compañeros. Gracias a Bergoglio estoy con vida y hoy estoy aquí hablando con usted.

–¿De dónde salen esas calumnias?
–Proviene del “gran capitalismo internacional”. Lo quieren ensuciar. Es muy peligroso para ellos (los “capitalistas”) que un Papa denuncie la pobreza mundial. El “capitalismo” habrá considerado como una afrenta el hecho de que el Papa haya adoptado el nombre de Francisco, en honor a San Francisco de Asís, el rico que prefirió vivir como pobre.

–¿Ustedes sabían que mataban religiosos y activaban igual?
–Me acuerdo que mataron a Antonio Mujica, un célebre cura villero. Al que conocí muy bien fue a Mauricio Silva, el “padre barrendero”.

–¿De qué lo acusaban?
–Lo apresaron y listo, porque barría en la calle. Nunca supimos dónde estaba, ni supimos qué le hicieron. Eran capaces de cometer brutalidades como esa sin ninguna explicación. Entonces, cuando el provincial me dijo que decretaron mi muerte y también de Jalics, bueno, para mí ya fue suficiente aviso, porque de verdad apeligraba mi vida. No valía la pena hacerse el valiente. Comprobé que sí me iban a matar. Cuando salí de la Argentina hicieron una “operación rastrillo” para buscarme. Apresaron a amigos míos. Me fui gracias a Dios.

–¿Quién es Jalics?
–Él es húngaro. Vive hoy en Alemania. Es un escritor famoso. Tiene muchas obras publicadas...

–¿Usted también?
–Tengo bastante, unas 40 publicaciones, sobre la problemática social en su mayoría.

–¿Bergoglio también trabajaba con los paraguayos?
–Celebraba la fiesta de la Virgen de Caacupé. Tiene unos sermones muy bonitos como los que fueron reproducidos en estos días después de su elección. Siendo un sacerdote argentino tiene una posición contraria completamente a la Guerra de la Triple Alianza. Alaba a la mujer paraguaya que supo mantener la nación paraguaya.


–¿Cuál fue la diferencia entre la dictadura paraguaya y el gobierno militar argentino?
–En el Paraguay también me amenazaban de muerte, pero yo estaba seguro que no me iban a matar. Stroessner era muy inteligente. Stroessner decía que no quería “mártires” sino “desertores”. En cambio, los militares argentinos no dudaban en matar. Imagínese, mataron a un obispo, dos curas...

–¿Qué obispo?
–Monseñor Angelelli, obispo de La Rioja. Cuando uno se compromete con los pobres suele tener problemas especialmente cuando se instalan gobiernos autoritarios. Pero en la Argentina pegaron más duro que en Paraguay.

–¿Qué piensa de los que difaman al Papa?
–Como le dije, al capital internacional que domina el mundo no le interesa un papa austero, que hable con claridad de su compromiso con los pobres. Entonces, de entrada tratan de desprestigiarlo por cualquier camino.

–¿Cómo lo describe a Bergoglio?
–Muy sincero, consecuente con sus criterios. Era un sacerdote muy comprometido. Visitaba mucho las villas de los paraguayos, de los bolivianos. Al gran capital no le interesa eso. Por eso lo quieren desprestigiar tanto, calumniándolo. El propio padre Jalics dijo en un escrito publicado en estos días que Bergoglio no pudo entregar a nadie.

–¿Ustedes trabajaban en forma clandestina?
–Nosotros trabajábamos abiertos, totalmente expuestos. No teníamos nada que esconder. Por eso me pareció bien salir de la Argentina, porque me hubieran asesinado justamente porque nosotros no nos escondíamos.


–Le podrán preguntar, ¿por qué no los enfrentó?
–Ya los enfrenté en Paraguay y enfrentarlos otra vez en Argentina no valía la pena. Ellos mataban con facilidad. Nos pesó mucho el asesinato de esos compañeros. Sobre todo el padre Silva. Celebrábamos misa juntos. Nos reuníamos en el conventillo en el que vivía en Buenos Aires. Lo mataron cruelmente. Es absurdo.


–Qué paradoja. Después de ser expulsado del Paraguay se encontró con un infierno peor en la Argentina...

–Salí de un infierno y me metí en el otro, pero muy cerca del pueblo siempre.

 

30 DE MARZO DE 2013

 

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