Sábado, 23 de Febrero de 2019
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Sindicalistas usan a los niños como piezas de extorsión

Otros dos días de clase perdidos por la nueva huelga docente elevaron la irritación de los padres. La ministra de Educación, Marta Lafuente, asegura que la medida de fuerza fue más bien una represalia de los sindicalistas porque se cortaron los privilegios de muchos de ellos que ganaban importantes salarios sin trabajar. En esta entrevista dice lamentar que los niños sean usados como mascotas o piezas de extorsión.

–Otra huelga más, dos días menos de clase. Es una historia sin fin.

–Ya suman cinco en el año. Es un tema de la dirigencia sindical. Hay que distinguirla de los maestros. El tema central es el otorgamiento de la licencia sindical. Dejamos de pagar a 124 personas y otros comisionados que estaban dedicados exclusivamente al sindicato. No podemos pagar salarios a los que no prestan servicios a la institución. El Ministerio administra más de siete mil establecimientos educativos que necesitan de gente que trabaje.

–¿Eran planilleros?

–No trabajaban como maestros. Tenían como respaldo una resolución del anterior ministro (Horacio Galeano Perrone). Los antecesores también les otorgaron esa licencia. Pero estas fenecieron en diciembre pasado. No se les renovó porque el derecho administrativo dice claramente: “Lo que no está autorizado está prohibido”. Ellos no pueden exigir que el Estado les pague íntegramente su tiempo por estar al frente de su sindicato. No es normal. Es ilegal.

–¿Cuántos planilleros había?

–Cuando llegamos (en 2013) había más de 300 personas de 21 sindicatos pagadas por el MEC para dedicarse en exclusiva al sindicato.

–Un ejército.

–Casi todos ya cumplen la ley. Quedan siete personas.

–¿Qué buscan esos siete?

–Ellos sostienen que es un derecho adquirido.

–Es una sinvergüenzada.

–Ellos se exponen a una serie de situaciones jurídicas, pero reitero: las licencias están garantizadas pero no son pagas.

–Pero la licencia no fue el reclamo oficial de la huelga.

–Explícito no, pero implícito sí.

–Ellos plantean el 10% de aumento de su salario.

–Nosotros tenemos 45 millones de dólares de presupuesto para aumento salarial en el 2015. Hicimos una proposición que el Congreso tiene que resolver. Hay 46.000 docentes, la mitad del plantel, que gana 1.090.000 en promedio, por la misma cantidad de horas y por el mismo trabajo que los demás que ganan cuatro millones. Es una gran inequidad. Nosotros queremos equiparar ese salario de los que ganan menos con el salario de los que ganan más por el mismo trabajo. Ganarían así un salario mínimo por turno. Si un docente tiene dos turnos, ganará casi igual de los que ganan cuatro millones. Así establecemos un piso para resolver de una vez el tema de la inequidad.

–Pero ellos piden 10%.

–Si elevamos el salario 10% a todos, la inequidad dentro del propio sector aumenta. Como le dije, tenemos 45 millones de dólares para el 2015 y esa es la salida más justa que planteamos. Así, nadie va a ganar menos del salario mínimo por turno. Qué les ofrecimos además: poder trabajar la carrera docente, la pirámide salarial, elaborar el contrato colectivo para ajustar todavía mejor los procesos y los criterios para aumentar los salarios conformes los méritos, la antigüedad, los resultados.

–Pero amenazan con más huelgas.

–La educación es un servicio imprescindible que nos exige convivir con los derechos de los estudiantes. No es una fábrica, una industria de la que se puede consumir o dejar de consumir cuando uno quiera. Los sindicalistas pueden ordenar ir a la huelga, pero no tienen derecho a vulnerar permanentemente el derecho de los niños a recibir educación. El niño no puede ser tratado como un autómata o una pieza de extorsión, para que les digan cada tanto: “vaya a su casa y vuelva en tres días porque estamos de huelga”.

–El año pasado holgaron más de 30 días.

–Cuando llegamos nosotros el año pasado los estudiantes ya estaban sin clase. Es inadmisible que se tenga que sacrificar parte de los 182 días de clase del año lectivo privando de ese derecho a los escolares. Se aplicó el descuento de los que holgaron. Esta vez aplicamos por la huelga de dos días en agosto. Está pendiente el descuento por la huelga de esta semana y vamos a seguir aplicando la norma. Si no se trabaja, no se cobra. No nos queda otro camino. Ojalá podamos construir relaciones en las que se comprenda que la educación es un servicio imprescindible.

–¿Hay una ruptura con los sindicalistas?

–Nosotros tenemos mesas abiertas. Ellos se levantaron cuando se les cortó el privilegio que tenían y al que ellos llaman derecho. Cuando un sindicato se levanta de la mesa y solo quiere actuar vía la presión, estamos en camino de un conflicto. En ese camino perdemos todos. En algún momento vamos a tener que construir y eso no se puede por el camino de la extorsión.

–¿Hay una nomenclatura detrás? En este país siempre ganan las roscas. Antes que los devoren, los gobernantes habitualmente ceden cambiando fusibles. Ellos piden su cabeza.

–Habría que preguntarles a los que se manifiestan así. Yo entiendo que un espacio de responsabilidad como este conlleva ese tipo de actitudes y presiones y también es parte de la responsabilidad saber conducir ese tipo de situaciones. Nosotros estamos empeñados en llevar una agenda que ponga a la educación en el centro de desarrollo de la democracia, donde el conocimiento sea el motor de transformación del Paraguay. El país requiere un cambio cultural. Tenemos que poner como prioridad el tema más sensible de este siglo que es el desarrollo de la inteligencia y el conocimiento. Lo que acá hay que entender es que el problema no es la ministra actual o el que venga. Tenemos que ponernos de acuerdo y centrarnos en una política de cambio que haga real eso de que la educación es un derecho humano fundamental al que todos tenemos derecho toda la vida. No podemos seguir violando el derecho de nuestros niños.

–Esta situación de pérdida alarmante de clases se produce en medio de la polémica por los aplazos masivos de los docentes en esas pruebas de evaluación.

–En Paraguay hay un promedio educativo de alrededor de nueve años. La gente de los países desarrollados, en promedio, tienen 16 años de estudio. Quiere decir que si seguimos dejando de dar clases y dejando de estudiar, ya sabemos el futuro que nos espera. ¿Por qué persistir en esa actitud si podemos construir desde las diferencias? Todos queremos ganar más, tener mejores condiciones de trabajo. Hoy se invierten 512 dólares por niño por año. Nuestro proyecto es llegar al 6,5% del PIB. Eso implica que tenemos que adicionar 268 millones de dólares por año, sistemáticamente, hasta la finalización de este gobierno. Pero no vamos a llegar a la meta en un escenario de confrontación. Y que me diga un solo maestro que no quiere eso que estamos proponiendo para el Paraguay.

–En los discursos todos claman por más fondos para educación. Pero ¿adónde va la plata? ¿No se están creando más privilegiados con esa excusa?

–El 90% del presupuesto de educación va a salarios. El 1% va a calidad. El resto va a gestión, mantenimiento, etc. Eso es lo que estamos pagando.

–Se entiende entonces por qué el examen de supervisores aprobó menos del 1%.

–El resultado de la evaluación del otro día tenemos que mirarlo en el tiempo. No podemos despreciar el conocimiento si queremos trabajar en educación. No solo tenemos que tener un alto nivel, sino ser capaces de distribuir ese saber para las nuevas generaciones. No somos nosotros los que vamos a sufrir las consecuencias. Son las nuevas generaciones, los hijos de nuestros hijos. Por tanto, el mérito está en la política central para que el país cambie su rumbo y su historia.

–¿A qué atribuye ese nivel tan bajo?

–El 80% del tiempo se pierde en otra cosa que no es la tarea. Cuando le escucho decir a la gente “¿para qué vamos a evaluar si ya sabemos?” Eso no es cierto. Esto no es una cuestión del número de años de antigüedad del maestro ni la cantidad de títulos que tiene. Esos detalles no explican el rendimiento académico de sus alumnos. Además, el maestro tiene que tener la capacidad de generar un clima de aprendizaje. Puede haber bullicio, alegría, pero con rendimiento. Es muy importante su formación en matemática. El lenguaje se puede aprender fuera de la escuela, pero la matemática, si no se aprende en el aula, ya no se aprende. Esas cosas no se saben ni se sabrán si no investigamos y no evaluamos.

–Dentro de poco le van a hacer una huelga para que deje de lado las evaluaciones.

–Nosotros no podemos renunciar a mejorar la calidad. ¿Sabe cuánto es el aumento de salarios que propone el ministerio para los ganadores de este último concurso? Son tres millones de guaraníes más. De tres van a pasar a ganar seis millones. Es el doble. A nadie se le aumenta el doble de salario de la noche a la mañana.

–Un premio interesante.

–Repito. Los que trabajamos en educación tenemos obligación de asumir que el conocimiento es nuestra materia prima central. No hay otro camino que la dedicación, el esfuerzo y sobre todo entender que esta es una profesión y en la profesión se aprende, se construye, se evalúa y se promociona.

–¿Cómo ve el futuro próximo en estas condiciones?

–Lo que tenemos es consecuencia de un sistema de educación superior que no responde a las exigencias de este tiempo. Tenemos apenas 18 carreras acreditadas dentro del sistema del Mercosur que se llama sistema Arcosur. Mayoritariamente son carreras de la Universidad Nacional, Universidad Católica y la Universidad Nacional de Encarnación. Hay aproximadamente 471 ofertas educativas de grado, posgrado y diplomado. De esa cantidad, tenemos acreditadas 66. Educación es una de esas carreras que no tiene el sello de calidad mínima básica establecida por la agencia nacional de evaluación. Por eso insisto. Hay que evaluar para mejorar. La evaluación tiene un solo objetivo que es servir como brújula para la mejora permanente. No vamos a recurrir a atajos como algunos creen. No hay magia aquí. No se puede correr en desconocimiento. Asumimos los resultados que tienen como responsables a muchas instituciones y actores.

–¿Qué piensa hacer?

–El Presidente dijo que hay que asumir de frente y afrontar con coraje. Efectivamente, tenemos que reconocer con humildad que las cosas no están bien en educación. Entonces, estamos obligados a exigir más. Necesitamos que los maestros estudien más y que pongan como centro de su trabajo el conocimiento. Eso será bien recompensado.

–Lo que estamos viendo son las secuelas de la politiquería que se apoderó de la educación.

–En realidad, lo que existe es una discontinuidad de políticas. En el período de gobierno pasado se debió haber implementado la evaluación del desempeño de los docentes, la evaluación institucional de los institutos de formación docente y se tuvo que haber proseguido con la formación de líderes.

–¿Qué pasó?

–Se formaron 100 magísteres en educación para comenzar a desplazar a los consultores externos de cargos importantes y sustituirlos con funcionarios del MEC con posgrado. Esas personas fueron desplazadas de sus cargos para los cuales se formaron y además no se siguió con el plan de formación continua. Entonces, si no elevamos el nivel de la educación superior estos son los costos que vamos a pagar. Es cierto, la politiquería hizo un gran daño y tiene que ser desterrada de la educación para bien de nuestros niños.

5 DE OCTUBRE DE 2014.