Sábado, 23 de Febrero de 2019
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Nuestros bosques están devastados

La Región Oriental está devastada por la acelerada expansión de la agricultura mecanizada. El Gobierno, que está obligado por ley a compensar a los propietarios que preservan la naturaleza, retarda inexplicablemente el pago. En contraste, los que destruyen el medio ambiente actúan con impunidad absoluta. En esta entrevista, dueños de valiosos bosques reclaman la atención de las autoridades.

El doctor Fernando Rocholl (médico), presidente de la organización Naturaleza Pura (propietaria de 1.622 hectáreas en la Cordillera del Ybytyruzú), Alfredo Wagener y Manuel Almada, asesores jurídicos, hablaron en representación de 16 propietarios y empresas certificadas plenamente por el Gobierno para recibir compensaciones a cambio de la preservación de sus bosques, unas 20.000 hectáreas en total en la Región Oriental.

–El Gobierno promete recompensarlos, pero no cumple, ¿por qué?

–(Almada): Cumple parcialmente desde 2006. Hace unos días, en una reunión con las autoridades nos volvieron a prometer. El presidente de la República ya se había comprometido a cumplir con la ley de servicios ambientales en un acto público en diciembre de 2013. Nosotros estamos aglutinados en la Asociación de Prestadores de Servicios Ambientales. Hay hasta comunidades indígenas, como la Mistolar (Nivaclé) de la cuenca alta del Pilcomayo. Estamos, entre otros, Sociedad Agrícola Golondrina, que corresponde a la Reserva Ypetî (posee 4.520 hectáreas certificadas en Caazapá, a G. 3.311.404 hectárea/año); Chololó SA, en Canindeyú (con 2.807 ha. a un valor de G. 3.311.404 ha./año) y Naturaleza Pura y Asociados (tiene 1.622 ha. en la Cordillera del Ybytyruzú, con el valor nominal de G. 3.311.000). Además están Estancia Entre Ríos, Agroganadera Tabucai, Paiko SA, Agroganadera Rolón, Evagro y Rancho 068 SA.

–¿En qué consiste la compensación?

–(Wagener) Hace como 10 años nos dijeron que sería buen negocio para los propietarios preservar nuestros bosques y que el Gobierno nos compensaría a través de la Secretaría del Ambiente con certificados de servicios ambientales, que son como bonos a favor del propietario de un bosque, pastizal o humedal, de acuerdo con valoraciones preestablecidas.

–¿Cuál es la contradicción?

–(Rocholl) Que a pesar de los años transcurridos, los que preservamos los bosques con inversiones millonarias tenemos que esperar que llegue la compensación, mientras que los que destruyen la naturaleza tienen todo el tiempo del mundo...

–No se les obliga. ¿Quiénes son?

–(Almada) Por ejemplo, esa torre de 40 pisos que se levanta cerca de Aviadores del Chaco (World Trade Center). La edificación, que es muy grande, mata las napas de Asunción. Cada piso equivale a una manzana. Entonces la compañía responsable debe compensar. Las petroleras que hacen prospección afectan el medio ambiente con sus perforaciones y deben compensar. Nosotros solo pedimos igualdad ante la ley.

–¿Por qué dilatan?

–(Almada) En un solo caso compensó y con una rapidez sorprendente. Itaipú le pagó dos millones y medio de dólares a Acepar (Aceros Paraguayos) por la construcción de la línea de 500 kV Itaipú-Villa Hayes. Se le dio el certificado el 3 de diciembre de 2013. El 16 ya recibió todo el dinero. Dicen que se usó para pagar sueldos, como parte de la transferencia a unos inversionistas (brasileños)...

–¿Acepar tiene bosques?

- (Rocholl) No sabemos. Pero vea la diferencia para que entienda la legitimidad de nuestro reclamo. La organización Naturaleza Pura que trata de preservar los bosques y la Cordillera del Ybytyruzú en el Guairá invierte millones en la región. Se estima que el Ybytyruzú produce el 20% de oxígeno de la Región Oriental. El agua mineral que se toma en los principales departamentos del país tiene su fuente en la cordillera.

–Dicen que es uno de los últimos reductos que todavía se conserva...

–(Almada) Literalmente están pelando los bosques que tiene el país. La Región Oriental está muy devastada por la acelerada expansión de la agricultura mecanizada. El 95% del territorio nacional se encuentra en manos privadas. Por eso se involucra a los propietarios en estas acciones de conservación. Nosotros somos conscientes de que si no protegemos lo poco que queda en la Región Oriental, dentro de poco el Paraguay se convertirá en un desierto, como ya pasó en África...

–¿No es exagerado?

–(Wagener) El servicio que prestamos los propietarios no tiene nada que ver con lo lírico o la recreación. Está en juego la propia existencia de la vida, la economía, el ambiente habitable del Paraguay. Para darle un ejemplo práctico. El Tebicuary nace en el Ybytyruzú. La compañía de aguas del Estado se nutre del Tebicuary. Este servicio que prestamos es la única forma de detener la expansión inmisericorde y agresiva de la frontera agrícola con el medio ambiente.

–¿Tantos depredadores?

–(Almada) Los infractores están por todas partes. Hay gente que tiene pasivos ambientales inmensos, entre ellos los graneleros, las grandes construcciones, las obras de alto impacto como la que le mencioné. Está la cementera privada, los puertos privados, la planta de tratamiento de efluentes de Essap, la línea de transmisión que viene de Yacyretá a Villa Hayes, las nuevas rutas. Todos tienen que compensar.

–Muchos dirán que están en contra del progreso.

–(Almada) De ninguna manera estamos en contra del progreso. Estamos a favor del progreso, siempre que sea respetuoso del medio ambiente, y tomo las palabras del nuevo ministro del Ambiente (Rolando de Barros), que dice que va a hacer cumplir y respetar las leyes. Este servicio que prestamos no es espiritual. Es un servicio a la sociedad. Los particulares estamos subsidiando el medio ambiente. Le agregamos además soberanía al país, belleza escénica. Si fuéramos antipatriotas, hubiéramos plantado soja o tolerar los aserraderos que se instalan de la noche a la mañana y que combatimos todos los días. Podríamos estar viviendo de renta y gastar nuestro dinero en vacaciones por Europa, Estados Unidos sin mover un dedo. Las tierras que tenemos son cotizadas. Pero nuestra sensibilidad y patriotismo es más fuerte.

–¿Es más fácil vender que conservar?

–(Almada) Mucho más fácil y rentable. Los que destruyen lo hacen en forma indiscriminada. Creen que tienen el poder para hacerlo. En San Pedro, un brasilero prendió fuego a 27.000 hectáreas de bosques y la sanción que le dieron fue irrisoria.

–¿No lo apresaron?

–(Almada) Anda por ahí sin problemas. Ni siquiera reforesta, y saca pecho con el aura de ser un potencial inversionista. El sujeto que altera el medio ambiente tiene la obligación de compensar el daño que hizo. No es lo mismo que la reparación y la mitigación. A muchos de estos grandes depredadores –entre ellos grandes productores– no les importa porque no viven aquí. Algunos sí se nacionalizan y se convierten rápidamente en “reyes de la soja”. Como mínimo tienen que compensar entre 150.000 y 200.000 hectáreas. Nosotros, los conservacionistas no llegamos a 20.000 hectáreas y no nos pagan. Por eso es suspicaz, cómo algunos poderosos no compensan los bosques que destruyen y el Estado solo cumple y compensa a una empresa (Acepar) que es del Estado. Es la prueba de que no hay igualdad ante la ley.

–¿Cuál es la estadística de la depredación?

–(Wagener) De cuatro millones de hectáreas de bosques hoy queda un millón 200.000 hectáreas, según estadísticas del Infona (Instituto Forestal Nacional). El Estado ya fue demandado por incumplir la ley y perdió el juicio contra Naturaleza Pura...

–¿Estas instituciones del Estado sirven para detener tanta agresión?

–(Rocholl) Se debe cumplir con la ley porque se atenta contra la vida misma. Hay agroquímicos fosforados prohibidos internacionalmente, pero que siguen llegando aquí porque son muy baratos y acá somos muy permisivos. Es simple y llanamente basura tóxica. Hasta leucemia produce.

–¿Y los permitidos?

–(Rocholl) Los campos de cultivo deben tener su barrera de protección: cinco metros de ancho por dos de alto como mínimo en los límites. Los arroyos no pueden estar sin una barrera de protección: 30 metros de ancho para evitar la contaminación. En los ríos es 100 metros como mínimo. Cuando no existe la franja de protección, por más que pongan la dosificación correspondiente para fumigar, con un pequeño cambio en la dirección del viento se esparce el veneno. Las partículas del veneno van como esporas que penetran en el cuerpo al respirar. Si es la lluvia, si no existe mata boscosa, el agua lleva el veneno al arroyo y contamina. Por eso es fundamental que la ley deje de ser un decorado.

8 DE FEBRERO DE 2015.