Viernes, 14 de Diciembre de 2018
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“Rambo”: tributo a un héroe de la lucha por la libertad

La inesperada partida a la eternidad de Hermes Rafael “Rambo” Saguier nos obliga a hacer un alto en el camino para mirar atrás y rendir tributo a un héroe de la atribulada lucha de nuestro pueblo por la conquista de la libertad y la democracia.

Fue un bálsamo de esperanza a la sed de justicia de los perseguidos, muchos resignados a la “ley del olvido” impuesto por un pacto tácito entre los responsables del terrorismo de Estado y sus sucesores en el poder.    

Mientras los demás permanecían paralizados por los cantos de sirena, Saguier estuvo a la vanguardia del combate palmo a palmo contra la cúpula rapaz, corrupta, arbitraria y prepotente que se engendró en las entrañas del régimen stronista y que nunca fue barrida por los vientos de libertad.    

Al contrario, con la misma brutalidad que gobernó 35 años, con un disfraz de cordero y bajo engaños, retornó con los argañistas en 1999 para materializar su venganza contra los que, con justicia, los corrieron en 1989.    

En ambos regímenes estuvo Saguier resuelto a  ponerse al frente de los indefensos sin dejarse seducir por las tentaciones de los poderosos:  políticos, jueces, fiscales, traficantes, hasta gente de Iglesia, dispuestos a echar gobiernos que no comulguen con sus intereses.    

Este contubernio enmascarado que amasó cuantiosas fortunas es el que ha impedido que los “perros” de la dictadura y sus sucesores de los últimos 20 años reciban el castigo que se merecen por haber llevado al país a la ruina, ubicado en el último lugar de los países más pobres de Sudamérica.    

Estos siniestros personajes son los que condenaron a este luchador de los borrascosos tiempos de  intolerancia a la humillación y la cárcel.    

Estos provocadores de violencia física y moral querían obligar a  los sojuzgados hasta a negar al hermano, el hijo al padre, el padre al hijo o inducirlos a infligirse daño para demostrar su lealtad. Contra estos autoritarios luchaba Saguier,  a veces completamente solo.    

Por eso vale la pena recordarlo por siempre, aunque los poderes fácticos que tratan de gobernar  vida y  voluntad  ciudadanas  intentarán sepultar su ejemplo.    

El general Andrés Rodríguez, líder de la gesta libertadora de 1989, se lamentaba en una entrevista, la última que le hicimos poco antes de morir: “Nadie se acuerda de lo que hicimos por el país. (A pesar del olvido) Yo no me arrepiento de ninguna manera de haber ofrecido a mi pueblo ese sacrificio. Pero a mí me da pena que nadie se acuerde de esos humildes servidores de la patria que ofrendaron su vida y su juventud por esta democracia. Yo siempre procuro hacer por lo menos una misa los días 3 de febrero en su memoria. Y, sin embargo, muy poca gente es la que recuerda esas cosas”.    

Esa ha sido la constante hasta hoy. Sistemáticamente los gobiernos –envilecidos por la rosca mafiosa– han pretendido cubrir con el manto de olvido las hazañas de estos héroes contemporáneos.    

Pero Raúl Alfonsín, uno de los padrinos de la democracia paraguaya, le decía al mismo “Rambo” en una carta, para darle aliento en la cárcel en 1987 (estaba encerrado en un placard en la ex Guardia de Seguridad):    

“Sepa usted que apreciamos su sacrificio personal, que como el de tantos otros compatriotas latinoamericanos sacrifica lo personal en pos del bienestar general. Pero sepa usted también que por ser esta una causa noble, todo sufrimiento se ve recompensado con la admiración de los pueblos libres del mundo, y no tengo dudas que con el agradecimiento también de las generaciones futuras, que venerarán a quienes hoy señalan el camino de la libertad, como nosotros veneramos  a los hombres que nos dieron la nacionalidad”.    

“Los esfuerzos realizados no han sido en vano”, expresaba este preclaro demócrata argentino.

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Domingo, 28 de noviembre de 2010