Jueves, 17 de Enero de 2019
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Yo opté por ser decente. No me interesa ser corrupto…

Su padre fue Walter Ynsfrán, miembro de la Cámara de Representantes, como se le llamaba antes a la Cámara de Diputados. Édgar Ynsfrán era su tío; J. Augusto Saldívar, su abuelo. Se trata de Linneo Ynsfrán, uno de los tres elegidos de los 51 postulantes para miembro de la Corte Suprema de Justicia. En esta entrevista asegura que a pesar de sus raíces coloradas nunca hizo política y que no le tiembla la mano cuando firma sus fallos.

–¿Cuál es su especialidad?

–Siempre me manejé en el ámbito civil desde que ingresé en el Poder Judicial en el año 84. En la docencia hago civil y la parte constitucional.

–¿En qué facultad?

–Yo enseño en la Facultad de Derecho de la Nacional, en la Autónoma y en la Iberoamericana. También enseño en los posgrados de la Autónoma, la Nacional de Itapúa, la Nacional de Asunción y Uninorte.

–De 51 quedaron tres. ¿Por qué cree que lo eligieron?

–Yo creo que tuvieron en cuenta la trayectoria y experiencia en la magistratura (actualmente miembro del Tribunal de Apelación en lo Civil y Comercial).

–La elección de la terna no estuvo exento de crítica. “Al final son todos colorados otra vez”, dicen.

–Eso es cierto. Los tres somos colorados (incluidos Emiliano Rolón y Myrian Peña), pero yo quiero dejar en claro que nunca hice política partidaria, nunca, aunque no puedo negar que soy de familia colorada...

–¿Pariente de Édgar Ynsfrán?

–Mi padre, Walter Ynsfrán, ya fue miembro de la Cámara de Representantes como se le llamaba antes a la Cámara de Diputados. Édgar era mi tío. Por el lado de mi madre soy nieto de J. Augusto Saldívar. Creo que hoy en día, eso no debe ser impedimento para alguien que se dedica enteramente a la magistratura y trata de hacer justicia para todos...

–¿Usted cree que ya no tiene vigencia la integración de una Corte Suprema pluripartidista?

–Yo, de mi parte, le puedo asegurar que nunca sentí el peso de los partidos políticos en mis sentencias. Puedo decir que tengo entre mis mejores amigos a jueces de extracción liberal. Por supuesto que es importante el pluralismo porque en el Poder Judicial no debe gravitar la política partidaria. El pacto entre los partidos para integrar la Corte fue hace mucho tiempo, en el 95-96 cuando se comenzó a aplicar la Constitución de 1992. De aquel tiempo a esta parte todos tuvimos las mismas oportunidades. Yo accedí al tribunal de apelaciones ya por concurso. Estoy desde hace más de 20 años.

–Si la gente presionó para que esta elección sea pública, televisada, es porque quiere algo distinto, no uno más que entra y se amolda al poder fáctico de turno.

–Soy consciente de que la gente espera mucho del que salga de esta terna. Nos compromete a dar una nueva imagen. Ese es el desafío para que la ciudadanía vuelva a confiar ciegamente en los fallos de la Corte.

–La corrupción galopante traspasa el universo judicial…

–Hay dos caminos a elegir: el camino de la corrupción o el camino de la decencia. Yo opté por ser decente. No me interesa ser corrupto ni transitar por ese camino. No acepto que nadie se entrometa en mi trabajo. No me tiembla la mano para firmar mis sentencias de acuerdo a la ley y punto. Es mi ritmo, mi norte y no me siento presionado por nadie.

–Usted qué haría para limpiar el Poder Judicial de los sinvergüenzas y prevaricadores…

–No podemos actuar sobre supuestos. Hay que impulsar investigaciones serias sobre aquellos que están sospechados de corrupción y abrirles sumario. Hay que partir del auge económico desmedido, buscar los orígenes. Es cierto, de repente, un magistrado pudo haber tenido suerte y recibido una herencia, pero lo que no se puede permitir es que siga vigente uno que se ha enriquecido por prácticas corruptas. Yo aliento que se hagan pesquisas para sancionar a los que se aprovechan del Estado.

– ¿La iniciativa la debe tomar la Corte, el Jurado o el Consejo de la Magistratura?

–La Corte debe tomar la sartén por el mango y de ser comprobables las denuncias, enviarlas al Jurado (de Enjuiciamiento de Magistrados) para que se proceda a la destitución si corresponde.

–La morosidad judicial es un mal endémico. No tiene nada que envidiar a la corrupción rampante..

–Sí. Existe morosidad. No podemos tapar el sol con el dedo. Sabemos que de acuerdo con el código procesal tenemos plazos para dictar sentencias. En mi sala, hoy por hoy, no tenemos morosidad. Se ha erradicado. Pero también existe la morosidad del proceso. Tenemos que ir tratando de ver la forma de procurar que los códigos sean modificados, se hagan pequeñas enmiendas para evitar que exista tanta dilación y el proceso sea más ágil. Tenemos que trazarnos una meta para dar satisfacción al justiciable.

–¿El sistema oral no consiguió acelerar los procesos?

–En la parte penal.

–Debería extenderse a las demás jurisdicciones...

–Hay que ver. La oralidad implica también mayor gasto, toda una infraestructura. Yo no sé si el Estado está en condiciones. Es de países del primer mundo. Sería ideal, pero en nuestro país yo creo que tenemos todavía unos años por transitar.

–La inamovilidad. ¿Cuál es su opinión al respecto?

–Yo soy inamovible como juez, pero si llego a ministro de la Corte yo no tendría problemas en someterme de nuevo a la reconfirmación y volver a concursar para que el Senado elija de nuevo. Por el momento, el período es de cinco años. No sería inamovible salvo la segunda confirmación. Después obviamente no tendría luego edad para seguir en el cargo.

–¿Está de acuerdo con la renovación de los actuales miembros de la Corte?

–Nosotros estamos sujetos a que los políticos, cuando no cumplimos con nuestra función, nos cambien. Así dispone la Constitución. Ahora, yo no sé si existen motivos suficientes salvo aquellos de los que se habla. Si se comprueba, que se cambie pero, por habladurías nomás, yo no estoy de acuerdo que se le cambie a nadie.

–Hay temas urticantes que está en manos de los magistrados resolverlos: el desalojo, la defensa de la propiedad.

–Los casos de desalojos se realizan en dos ámbitos: civil y penal. En el ámbito civil es cuando la persona no tiene ningún problema de título. En el caso penal, se da cuando los invasores no tienen título y entonces se produce una invasión a la propiedad privada que yo no comparto. Obviamente el Poder Judicial no tiene la posibilidad de implementar políticas sociales para evitar las invasiones. No es su ámbito. Es del Ejecutivo. Entonces, si se produce una invasión se está actuando en contra de lo que dispone la ley. No se puede tolerar.

–Están otros casos, avivados emparentados con influyentes del poder. Maniobran para adjudicarse tierras valiosísimas en complicidad con jueces, como el caso que involucra al exmilitar Kike Sarubbi.

–No comparto que sea de ningún lado. Pero no está dentro de mis posibilidades juzgar algo específico hasta que venga a mi consideración.

–A lo largo de estos gobiernos post stronistas se judicializó mucho la política. Hay una competencia por tener jueces propios. No terminamos de salir de eso...

–Pienso que tenemos que ponernos de acuerdo en las cuestiones básicas para construir un Paraguay estable, previsible, donde las instituciones irradien respeto por sí mismas. No estamos lejos. Yo soy optimista. Requiere una cuota de patriotismo. Yo estoy dispuesto a colaborar con mi experiencia.

–Es que la credibilidad del Poder Judicial está muy manoseada.

–Yo siempre trato de ser transparente. Es mi filosofía. Anhelo que cuando salga del Poder Judicial todo el mundo me recuerde por eso. Sería un orgullo para mí que me recuerden así, no como un corrupto.

–Ese tema de la previsibilidad de la justicia es el quebranto de los empresarios, los inversionistas..

–Soy partidario de que la justicia sea una garantía para los empresarios y los inversionistas. Cada cual en su función. Somos paraguayos y tenemos que jugar con una sola camiseta, la camiseta del Paraguay. Entonces, la seguridad jurídica es uno de los elementos más importantes para echar a andar nuestro país. Si no demostramos que existe, estaremos transitando por un mal camino.

–Va de la mano con la desigualdad…

–Una cosa lleva a la otra. Es ineludible. Está todo concatenado y se tiene que prever. Se dice que litigan en desigualdad el rico con el pobre. Pero hay algo que se puede destacar en el ámbito judicial. La Defensoría Pública se ha fortalecido enormemente. Se están nombrando defensores con muy buena puntuación, capacitación y buenos salarios. Así se combate la desigualdad a nivel de la administración de justicia, una desigualdad que era muy pronunciada antes.

22 DE MARZO DE 2015.