Jueves, 17 de Enero de 2019
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Desorienta a inversionistas la idea de suprimir ley de APP

Los políticos, sindicalistas y actores sociales que buscan suprimir la ley de Alianza Público-Privada le quieren poner el palo a la rueda del desarrollo, advierte en esta entrevista el empresario español Ignacio Ibarra, titular de la Cámara de Comercio de España en Paraguay. En esta entrevista, remarca que al país le falta trabajo y el cumplimiento de las leyes, como este de fomento de la inversión extranjera.

–Están queriendo cambiar la ley sobre la Alianza Público-Privada (APP) en una puja electoralista entre colorados. La oposición aprovecha. ¿Quién saca partido de todo esto?

–Los inversionistas extranjeros están desorientados. El presidente va a España, y yo lo acompaño, donde los empresarios están interesados en Paraguay por el ambiente de negocios que hay. La APP no es una cosa solo de Paraguay. Es algo que existe en el mundo desde hace años y que cada vez se propaga más. Los Estados no pueden ser especialistas en gestionar todo tipo de negocios y todo tipo de actividades. Por eso se da entrada a las empresas privadas. Estas no solo aportan capital sino experiencia y capacidad de gestión.

–¿Qué ven de peligro en estas sociedades público-privadas? ¿Cuál es la cuestión ahí?

–Debe ser una cuestión política. No entiendo. Lo único que sé es que para que un país se desarrolle hace falta instrumentos legales de desarrollo, la posibilidad de hacer proyectos conjuntos con la gente experta del extranjero. Eso por un lado. Por el otro, no vale con decir: “Queremos atraer inversiones y tenemos los medios legales para esas inversiones”. ¿Y los medios físicos? caminos, canalizaciones, energía eléctrica, obras públicas en general. Nadie puede poner en duda que el desarrollo de un país viene de la mano de las inversiones legales y eficientes. A Paraguay le falta desarrollarse en infraestructura. Aún así –y yo llevo cuatro años aquí– se han instalado muchas empresas. Quien diga que aquí no se instalan empresas yo no sé qué está diciendo.

–Su empresa es la pionera en su sector...

–La empresa que yo presido, que se llama Fujikura, es una multinacional japonesa que data de 130 años. Nos instalamos en la zona franca global de Ciudad del Este con una fábrica de 1.500 metros cuadrados y 100 trabajadores, y hoy hemos terminado la tercera planta y la vamos a poner en operación hacia el mes de setiembre. Ya está terminada la obra de la tercera planta. Es una realidad. Hemos hecho y tenemos operativa una fábrica de 12.000 metros en la zona franca global, y ahora acabamos de terminar y vamos a poner operativa una tercera planta de ocho mil metros cuadrados. Eso es invertir en Paraguay. Otras empresas del mismo sector, de nivel mundial, se están instalando para hacer cableado para autos. Hoy Paraguay ya es fabricante importante de cables para autos en el mundo. Vinieron las japonesas Yasaki, Sumitomo; THN es otra importante fábrica coreana del cableado de autos. Leoni, la compañía europea también anunció su venida. Son líderes mundiales que ya están palpitando con este país. Hace cuatro años en Paraguay nadie sabía lo que era una fábrica de cableado.

–¿Es la crisis de Brasil?

–No. No hay que verlo en ese sentido. El motivo es que la mano de obra joven paraguaya es la mejor del mundo. Ese es el motivo. Nosotros no salimos de Brasil. Vinimos directamente aquí. El motivo no es “estamos huyendo de Brasil”. Ese puede ser un tercer motivo, pero hay que darle un enfoque positivo. El primer motivo es la eficiencia de la mano de obra joven paraguaya. Es de primer nivel..

–Hasta hace poco se quejaban de falta de capacitación.

–Es una industria nueva y la formación de los trabajadores la tiene que dar la empresa. Es imposible que el Estado se encargue de todo. Los empresarios no solo tenemos la obligación de pagar los salarios y de cumplir con la ley laboral. Tenemos que formar a nuestro personal, hacerles crecer como personas y como trabajadores, hacerles responsables, formarles en los valores ciudadanos republicanos y en las técnicas del trabajo. Algunos jefes de recursos humanos de ciertas empresas son los que más se oponen a esa formación. “Se gasta mucho dinero”, le dicen al patrón. Está muy equivocado. La formación es una obligación ineludible para cualquier empresa.

–¿Dice porque no se cumplen esos parámetros?

–No. También en Japón formamos a las personas o en Europa. A las personas trabajadoras hay que formarlas siempre. No puede ser que el Estado tenga que formar a los trabajadores en el cable o en el manejo de máquinas especiales. La responsabilidad del empresario es formar a su personal.

–¿Por qué entonces se oponen radicalmente a las APP? Son políticos, sindicalistas, hasta campesinos. Dicen que vienen a exprimir los recursos para marcharse con las utilidades.

–Es muy bueno que se defiendan los derechos de los trabajadores. Pero para pensar en la defensa de los derechos de los trabajadores primero hay que tener trabajo. Si no hay trabajo. Si hay desempleo juvenil grandísimo, lo que tiene que hacer el Estado es fomentar la inversión. Es lo más lógico y, por supuesto, controlar que se hagan bien esas inversiones y garantizar la seguridad de los que vienen. A mí me parece que sería mas serio que esas personas que lanzan piedras contra la ley de alianza público privada, se vuelquen a investigar por qué apenas la mitad de los trabajadores está afiliado al Instituto de Previsión Social cuando que la ley lo obliga. ¿Por qué no controlan que el trabajo sea digno exigiendo que se cumplan al cien por ciento las leyes laborales actuales. Hay muchísimas fábricas que no cumplen con las mínimas condiciones laborales. ¿Por qué no van y exigen y denuncian que no hay condiciones de seguridad e higiene en su trabajo? ¿Por qué no se ocupan de gestionar que cobren esas decenas de trabajadores que cumplen horas extraordinarias? ¿Por qué no se ocupan de aquellos que cumplen jornadas larguísimas o de ordenar en lo que ya está? ¿Por qué no denuncian esos casos? Los que se meten en estas cosas podrían ocuparse más de la situación actual que de la situación futura. Lo que todos los paraguayos deben hacer es empujar hacia adelante y no ponerle palos a la rueda a cada instante.

Cada uno de nosotros tenemos que estar pensando en cómo mejorar. Para mejorar hay que tener claro dónde están los problemas, cuáles son las fallas para solucionarlo.

–Estos hechos de corrupción, ¿cómo repercuten en los inversionistas?

–Paraguay no es el único país donde hay un código penal vigente. No es el único país donde hay delincuentes. No es el único donde hay cárceles. En todos los países del mundo hay prisiones y cárceles, y si hay prisiones y cárceles es porque hay delincuentes. Dios no nos ha hecho perfectos a las personas. Hay delincuentes. Hay delitos. La corrupción es la primera debilidad. A nosotros nadie nos ha molestado hasta ahora. Cuando pedimos apoyo de la autoridad siempre nos dan de forma desinteresada.

–¿No fueron víctimas todavía de prácticas indebidas?

–Si hubiéramos sido víctimas no hubiéramos seguido invirtiendo. Nos hubiéramos quedado con la fábrica de 1.500 metros que tuvimos inicialmente. No hubiéramos construido la fábrica de 12.000 metros ni la de 10.000 que vamos a poner operativo ahora y que ya tenemos terminada en la zona franca global.

Dificultades hay. El mundo no es rosa. Lo único que le puedo decir es que este país va por el camino de la industrialización y un desarrollo industrial importante. Hablo de lo que conozco. Es una potencia en Latinoamérica en componentes de autos y veo que hay más industrias que están viniendo.

8 DE JUNIO DE 2015.