Domingo, 26 de Mayo de 2019
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La historia política del Paraguay está todavía inédita

“Yo no busco reabrir el fuerte debate del pasado histórico que por largos años dividió a nuestra sociedad, ni quiero erigirme en árbitro sagrado de nuestro pasado político. Me propuse tan solo reunir información disponible y presentarla en forma ordenada sin tomar posición”, afirma en esta entrevista Washington Ashwell, el conocido y veterano economista, autor de “El pensamiento de los partidos políticos (1869-1947)”.

–¿Qué contiene su nuevo libro?   
 –“El pensamiento de los partidos políticos” reúne el pensamiento político y todos los eventos políticos y sus protagonistas, entre 1869 y 1947, sin ningún juicio mío; los debates, las crisis políticas. Se relata cómo subieron los partidos políticos, cómo cayeron... Como sabemos, los dos principales partidos se fundaron en 1887 después de un largo y agitado período que arranca en 1869, período de años tormentosos, en los que las pugnas y los enfrentamientos fueron muy violentos. Entre 1870 y 1880 hubo 8 presidentes. Ninguno terminó su mandato. En la primera etapa de este proceso, los cambios de gobiernos eran consecuencia de las decisiones de los mandos extranjeros que ocupaban el país, como las tropas brasileñas que ocupaban Asunción en 1869. La ocupación extranjera duró hasta 1876..    

–¿En qué se basó para construir la historia?   
 –Yo tengo el mejor archivo político que existe en el Paraguay. Es un trabajo de muchos años. La historia política del Paraguay está todavía inédita. Sus elementos principales están dispersos y dormidos en artículos y relatos periodísticos, en folletos y manifiestos partidarios de escaso tiraje que las bibliotecas por lo general no conservan. 
Conseguí por ejemplo la renuncia de Eligio Ayala al Partido Liberal.    


 –¿Por qué renunció?   
 –Luis A. Riart era ya candidato a presidente y presenta a Eligio Ayala su presupuesto. Le dice: “este presupuesto está desfinanciado”. Se levanta Eligio Ayala, desprende su botón. Saca un revólver y le ataja Justo Pastor Benítez y le saca el arma Schenoni. Se va al ministerio. Renuncia al gobierno y renuncia al Partido Liberal...    

–¿Dónde encontró eso?   
 –Yo tengo la colección completa de los informes de la Embajada americana, ida y vuelta del Departamento de Estado. Tengo la colección completa de los informes de la Embajada británica...    

–¿Son de esos documentos tipo WikiLeaks, de los que tanto se están escandalizando en estos días?   
 –Cosas de ese tipo...    

–Un trabajo habitual de los diplomáticos del que nadie se enteraba...    
 –La función de los diplomáticos es esa. Se informa de lo que pasa en el país donde tienen su sede.

–¿Es cierto que Eligio murió en un crimen pasional?
 –Sí. El tenía como “servidoras” a todas sus sirvientas. Era soltero. Hijo natural como Eusebio Ayala. Quiso volver a ser candidato a presidente. Los liberales le dijeron que con esos problemas personales que tenía, no podía salir de candidato. En ese ínterin le recompensa a una sirvienta comprándole  una casita cerca de la  calle España. Ella le mandaba la vianda. Preguntó un día  qué estaba haciendo ella, y la que trajo la vianda le respondió: “ahí está con fulano”. Y él toma la pistola y se va caminando desde su casa, patea la puerta y le encuentra a ella con un chofer desempleado. Se balean los dos. Eligio Ayala le mete al tipo dos balazos en el corazón y a Eligio le meten tres.    

–Nadie conocía esos detalles. O por lo menos se sabía y se escondió. Seguramente para resguardar su imagen...    
 –Bueno, yo ya publiqué eso antes. Natalicio González publica la crónica más bella del periodismo paraguayo, la muerte de Eligio Ayala. Era director de Patria. Tenía un estilo periodístico que jamás otra pluma se le podía comparar. A mí me dijo una vez Justo Pastor Benítez: “van a pasar 200 años antes de que aparezca una pluma como la de Natalicio”.    

–¿Era periodista?   
 –Era político, periodista, llegó a presidente de la República...    

–¿Tenía alguna profesión?   
 -No. Apenas completó el tercer grado de la escuela primaria. En un debate me dijo una vez: “¿y usted por qué no escribe?”, Y le dije: “yo soy hombre de finanzas. Los talentosos de la pluma de nuestra generación fueron Lovera, Numa Mallorquín...”. Me respondió: “El talento no existe. El talento es disciplina, persistencia. Yo, todos los días de mi vida he leído 6 horas diarias, hábito que hasta hoy poseo”.     

–¿Qué quiso remarcar en esta obra?   
–Yo no busco reabrir el fuerte debate del pasado histórico que por largos años dividió a nuestra sociedad, ni quiero erigirme en árbitro sagrado de nuestro pasado político. Me propuse tan solo reunir información disponible y presentarla en forma ordenada sin tomar posición. Yo tenía escrito  el libro “Historia Económica del Paraguay” . El segundo tomo está agotado. Me pidieron que escribiera la “historia política del Paraguay” que estaba de alguna forma insertada en la primera obra. Al final le dediqué 10 años a este trabajo para documentarme. Tengo recortes de diarios, los manifiestos políticos, más del Partido Liberal que del Partido Colorado. Notablemente, ninguna biblioteca del Partido Liberal fue saqueada. En cambio, fue muy difícil conservar las coloradas. La de (Antonio) Sosa, ex ministro de Hacienda, se quemó frente a su casa, en la calle.    

–¿Y la de Natalicio?   
 –Natalicio iba a donar su biblioteca en Villarrica. Tenía 30.000 libros. Tenía la colección completa de todos los panfletos políticos desde la época de Francia. En el mundo había tres ejemplares de la Biblia traducida al guaraní, la que está en el Vaticano, la de los jesuitas y la de Natalicio. La biblioteca vendió por centavos como libro viejo. Quedó un basural. La biblioteca de Víctor Morínigo (el que llevó al Partido Colorado al poder en el 47) fue saqueada dos veces. Yo fui protagonista. Está el relato en mi libro “Concepción 47”. Fui tirador de ametralladora pesada cuando entramos en la academia militar 200 estudiantes universitarios y cuatro doctores. Por eso saltamos muy pronto al primer plano en el partido. A los 20 años, fui secretario de Hacienda. A los 22 años fui secretario de la Presidencia. Cumplí la mayoría de edad en una prisión política seis meses. Cayó Molas López, y desde entonces quedé marginado y desterrado.    

–Las nuevas generaciones conocen poco de su activismo político en el pasado. Más se lo conoce como  economista...
 –En mi juventud siempre me sentí atraído por el quehacer político. Tuve el privilegio de haber crecido a la sombra y el ejemplo de figuras señeras que fueron líderes y conductores de jornadas decisivas que definieron el curso de nuestro devenir político. Conocí lo que es la lucha, la búsqueda, la conquista y el ejercicio del poder, como también las caídas, las persecuciones, los apresamientos y el destierro.

–De ahí fue a parar en Estados Unidos, donde hizo carrera en el BID, el FMI...    
 –A Estados Unidos ya llegué corrido. A (Gustavo) Storm  lo nombran presidente del Banco Central y él quería instalar el cambio libre. Fue el que hizo las mayores obras, como la ruta Transchaco. Lo sacaron de Hacienda. Hizo el sistema de agua potable de Asunción estando en la municipalidad. Lo sacaron y le mandaron al Banco Central. Había en ese entonces 27 tipos de cambio. El quiso hacer el cambio libre. Me contrató a pesar de estar marcado por Stroessner como contestatario. El había traído a Asunción una misión de los cinco genios mayores del Fondo Monetario Internacional para que le diseñaran el paso del cambio múltiple y el control de cambio al cambio libre.   En el Ministerio de Hacienda, cuando se le levantó el tipo de cambio, me culparon a mí por haber influenciado en Storm. De ahí me sacan disparando, y el FMI me manda buscar. “Si usted va a salir del Banco Central, tenemos trabajo para usted”, me dijeron. El primer programa de estabilización monetaria de América Latina fue el que diseñé para Storm.    

–¿Qué le llama la atención de esta tormentosa historia política del Paraguay?   
  –No hubo un traspaso generacional de la vieja guardia de los dos partidos a las nuevas promociones: ni en el coloradismo ni en el liberalismo. Eso es lo que hace falta, el cambio generacional. Es clave. A los liberales, usted le pregunta “qué es el Partido liberal”, y no saben. No hay uno solo. En el Partido Colorado estamos cinco que crecimos a la sombra de esa gente (del 47). Este libro tenía casi 800 páginas. Tuve que recortar (tiene 429). Uno de los motivos que me impulsó hacer esta obra fue relatar el pasado del Partido Colorado, que es riquísimo. Hay que leer nomás como llega (Bernardino) Caballero del Brasil a reintegrarse a la política. Otro hecho que me impulsó fue la publicación de un libro  sobre historia paraguaya escrita por extranjeros...    

–¿Poco serio?   
 –Muy superficial, con juicios contra Francia, contra los López. El Ministerio de Educación compró 2.000 ejemplares para distribuir. Lo que yo hago, en cambio, es una recopilación del pensamiento político y su influencia en el proceso político.    

–Muy accidentado...    
 –Le doy un dato. El Partido Liberal da un golpe y en  24 años se suceden 23 presidentes liberales. ¿Cómo subían? ¿Por qué subían? No hay ningún juicio mío. Todo está basado en testimonios de los protagonistas.    

–¿Por qué la constante es la  violencia?   
 –El liberalismo era liberal en lo económico, no en lo político. No era demócrata. Todos los partidos son órganos de lucha. Si no tienen un enemigo enfrente, el instinto de lucha se vuelve para adentro. Y viene la anarquía. Le pasó al Partido Colorado también. Cuando nosotros tomamos el poder, Molas López trató de buscar un entendimiento con el liberalismo, que no le aceptaron.   

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Miércoles, 1 de diciembre de 2010