Jueves, 13 de Diciembre de 2018
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Se incrementó la cantidad de niños adolescentes terroristas

José Luis Castro Antonio es el magistrado español que juzgará en Madrid al adolescente paraguayo detenido por sus vinculaciones con el Estado Islámico (EI). En esta entrevista expone sus conocimientos sobre terrorismo y se refiere especialmente a los centenares de casos de niños y adolescentes que son reclutados y preparados como máquinas de matar para sembrar el terrorismo y la destrucción escudados en la religión.

–¿Desde cuándo juzga terroristas?

–En temas de terrorismo esencialmente estoy desde el año 2004. Están en mi competencia delitos de terrorismo, delitos de organización criminal, crímenes de guerra, terrorismo cometido por menores en aguas internacionales.

–¿Qué experiencias nos puede comentar?

–Nosotros tuvimos la experiencia del terrorismo de ETA. Lo nuevo es el terrorismo yijadista, que no solo ya atacó a España sino a otros países. Es un terrorismo que nos puso un punto de inflexión a partir de los atentados de Madrid del 11 de marzo de 2004.

–¿Cómo se arregla la justicia cuando hay pactos políticos del Gobierno con los terroristas, caso Colombia?

–El juez es un aplicador de la ley y mientras esa ley no sea modificada, por mucho que haya un proceso de paz o se pretenda un proceso de paz, el juez lo que debe hacer es aplicar estrictamente la ley. Para que podamos en un momento determinado decir que hay una aplicación distinta de la ley supondría que tendría que haber una reforma legislativa o tendría que haber un derecho transaccional, pero lo que estamos haciendo es aplicar de una manera estricta y rigurosa la legalidad.

–¿Qué pasa con los que se entregan y se someten a la justicia?

–La ley española permite digamos la posibilidad de salidas transitorias si reúne los requisitos legales.

–Nos sorprendió mucho en Paraguay el caso del adolescente detenido por estar asociado a (el grupo terrorista musulmán) ISIS.

–De ese caso no puedo hablar porque está pendiente de juicio. Lo único que puedo decir es que efectivamente nosotros tenemos este tema en mi jurisdicción.

–¿Dónde está detenido el joven?

–En un centro español de reforma cerca de la capital, Madrid.

–¿Cuántos años tiene?

–Tenía 17 años cuando fue detenido este año. No puedo hablar de ese tema en concreto y de ningún tema que esté pendiente de juicio.

–¿Les llama la atención la proliferación de adolescentes terroristas?

–Realmente se ha producido un incremento de la actividad terrorista en el mundo del menor, algo que antes no existía.

–¿Hay muchos casos?

–Hay algunos casos, no muchos aún. Estamos hablando de una franja de edad muy corta; muchachos y muchachas de 14 a 18 años. Seducen a través de las redes sociales. Estos adolescentes se sienten más importantes, más poderosos por pertenecer al grupo terrorista.

–¿Cómo se los castiga si van engañados?

–Los delitos se castigan porque son delitos. Se trata de una franja de edad muy pequeña y hay algo que es muy importante. Efectivamente son delincuentes, pero también son vulnerables y víctimas porque son personas que en un momento determinado su falta de madurez o formación los lleva a cometer estos hechos delictivos, pero no olvidemos que son delincuentes. Lo que investiga la justicia penal no es un proceso de re-inserción. Es un hecho delictivo.

–En Paraguay también ya usan a niños. No hay legislación para juzgar.

–Hay que dejar una cosa en claro. Una cosa es la vía de la justicia en menores y otra cosa es la fijación de delitos. El delito está tipificado en el Código Penal y el delito en sí es igual para el menor que para el mayor. Lo que hace el legislador y hace la jurisdicción es indicar que si alguien cometió un delito siendo mayor, va a la justicia de adultos y, en consecuencia, se le impone una pena. Si ese mismo hecho delictivo lo comete un menor de edad, el legislador prevé una justicia de menores. Se le impone una medida que tiene valor educador, reparador, reinsertador.

–Mucha gente les tiene miedo. No cree que se puedan recuperar.

–Efectivamente, son hechos muy graves, pero no podemos olvidar que formamos parte de un estado de derecho. Por mucho que no nos guste hay un interés superior del menor. El menor es perfectamente recuperable si se trabaja con él, siempre obviamente con la ley en la mano del juzgador. Lo que tenemos que hacer en los estados de derecho es utilizar el sentido común. Se ponderan todas sus circunstancias para dar una respuesta proporcional. De otro modo estaríamos en un estado de vendettas o de venganza. Lo que nos distingue a nosotros frente al delincuente –sea o no terrorista– es que ellos utilizan las armas. Ellos nos matan. Nosotros utilizamos la ley, el estado de derecho. Nunca nos ponemos a su nivel. Lo que nos da la razón a nosotros es que aplicamos la norma jurídica. Lo otro sería ley del oeste y, eso es lo que no queremos.

–Lo que queda es la imagen de niños matando inocentes en Siria con brutalidad. En los años setenta, en la era de los Khmers Rouge (Jemeres Rojos) en Camboya, Pol Pot también se valía de adolescentes.

–Exactamente. Camboya fue un país manejado por adolescentes (1975-79) con un salvajismo terrible. Me alegro que lo comente. Yo creo que es una de las etapas de la historia más cruentas. En el caso de los Jemeres Rojos es ver el estado de la inocencia, que se pretendía la pureza y realmente se convierte al niño en un órgano ejecutor, en una persona que con un arma es capaz de matar sin ningún sentimiento o apuntar con el dedo a alguien para llevarlo a la muerte. Creo que es un poco la locura de nuestro sistema de vida, de los brotes de miseria que permiten que muchachos y muchachas jóvenes lleguen a esta situación. Es lo que vemos hoy en el terrorismo yijadista.

–¿Lleva su tiempo que esto acabe?

–Para mí es una cuestión muy seria, muy difícil de resolver. Hace falta mucha prevención sobre todo en las sociedades avanzadas, civilizadas, en países como es el caso de Paraguay, si ocurriera, pues intentar prevenir esas situaciones y tener muy controladas, visualizadas para evitar que se produzcan daños y proteger la infancia.

–En Siria ya comienzan a aparecer los arrepentidos, cansados de matar.

–Hay de todo, desde los arrepentidos hasta los conversos. Depende de ciertos factores, de la propia psiquis de las personas, sus valores morales y la forma en que llegaron a esas instancias.

–¿De qué nivel económico son en general esos terroristas prematuros?

–Yo, con los que he tratado han sido en general de nivel económico muy bajo, personas muy ligadas a regímenes de pobreza, si no de pobreza radical pero sí de carencias muy importantes.

–¿Qué vino a hacer a Paraguay?

–He venido a trabajar con un proyecto maravilloso que está llevando la ministra de Justicia, Sheila Abed, que es el hecho de que se ha creado para el país un código penal de ejecución que es realmente novedoso para resolver los problemas que tiene la situación penitenciaria paraguaya. Estuve también en un seminario donde se planteó todo el espectro del sistema penitenciario y sus operadores, entre jueces de ejecución, fiscales de ejecución, directores de centros penitenciarios, trabajadores sociales, sicólogos.

–Paraguay tiene una superpoblación carcelaria.

–Es cierto, hay hacinamiento, hay más presos prevenidos (en prisión preventiva) que sentenciados. Hay problemas de infraestructura. No se niega pero tenemos una base que es el código y tenemos por delante unos años en los que hay que trabajar y no perder la oportunidad.

Esto es una semilla para que en un tiempo no muy lejano (5 o 10 años) tengamos una estructura al nivel de cualquier país por ejemplo nórdico.

–¿Está de acuerdo en que los presos de guante blanco, los narcotraficantes o los que tengan para pagar, tengan una vida cómoda en la cárcel?

–Lo que hace el código es prever esa situación en el sentido de rechazarla. El código de ejecución establece que todas las personas privadas de libertad estén en una situación de igualdad. El código no prevé cárceles vip y demás. La administración penitenciaria también tiene la obligación de velar por lo que es la vida, la salud, la integridad de las personas recluidas. Se pueden establecer discriminaciones positivas: ancianos, enfermos, embarazadas, madres con niños de hasta un año. Fuera de eso, el sistema establecido se ampara en el principio de igualdad ante la ley, en principios de humanidad y principios de reinserción social.

19 DE OCTUBRE DE 2015.