Domingo, 26 de Mayo de 2019

Algo raro pasaba la madrugada antes del atentado contra Argaña

 

Algo extraño pasaba horas antes, la madrugada antes, el día antes, del atentado contra el vicepresidente Luis María Argaña, ocurrido a las 8 y 45 del 23 de marzo de 1999. Al parecer, nadie durmió esa noche. Al menos está comprobado que hubo una febril actividad en el Poder Judicial, específicamente en la Corte, desde donde, a la una y media de la madrugada, facsearon una resolución dirigida al Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) en la que se comunicaba el descabezamiento de los ministros Carlos Mojoli y Expedito Rojas.

Pero aun esa desusada hora de trabajo no tendría tanta relevancia si no fuera por lo llamativo de algunas escenas del video de la necropsia del cadáver de Argaña -en el Sanatorio Americano- donde aparecen magistrados, jueces, fiscales y abogados, visiblemente cansados, con notorias ojeras, semidormidos, siguiendo el procedimiento forense. 

Los faxes enviados desde la Corte estaban firmados por los ministros Wildo Rienzi y Luis Lezcano Claude. Contenían una resolución por la cual se suspendía en sus cargos de ministro (máximas autoridades de la justicia electoral) a Carlos Mojoli y Expedito Rojas. 

‘‘Me resultó sospechoso que a la 1:30 de la mañana estaban enviando desde la Corte Suprema de Justicia faxes con la copia de la resolución. Es anormal. Algo estaba pasando para que desde ese día no estuviéramos autorizados a firmar más nada’’, según el doctor Mojoli. 

A esta circunstancia se sumó el anuncio del atentado contra el doctor Argaña, a las 8:45. 

‘‘Yo tenía la información de que el general Oviedo se tenía que reunir a las 10 de ese día (martes) en el Palacio (de Gobierno) con (Raúl) Sapena Brugada y el presidente (Raúl) Cubas, para entregarse’’, precisó Mojoli tras revelar que el sábado anterior, él junto con los senadores José Burró y Francisco Appleyard convencieron al líder de Unace para darse por detenido, sobre la base de una pronta liberación por los canales debidos, teniendo en cuenta lo absurdo de la condena a 10 años impuesta por Wasmosy a través de una corte marcial, absolutamente irregular. 

Sapena Brugada estaba en conocimiento pleno de ese plan, según el ex titular del TSJE, actual candidato a senador por la Lista 50 del arquitecto Guillermo Hellmers. 

‘‘Todo parecía muy raro. A mí me enviaron mi suspensión a la 1 y 30 de la madrugada. A las 9 lo mataron a Argaña. A las 10 tenía que entregarse Oviedo. Dígame, ¿usted no va a pensar mal?’’, dijo el ex funcionario judicial. 

La suspensión de ambos había sido reclamada por los stronistas Darío Filártiga y Jaime Bestard, que se convirtieron después en estrechos colaboradores del régimen emergente, el primero de ellos separado por graves denuncias de corrupción en el IPS y el último postulado ahora para senador por el movimiento de Nicanor Duarte Frutos. 

Pero lo llamativo del caso no finalizó ahí. 

Silvio Ferreira, devenido unos días después en ministro de Justicia y Trabajo en el nuevo Gobierno, hacía antesala a las 11 en la secretaría del despacho de Ramírez Zambonini, en el preciso instante en que Mojoli y Rojas buscaron -sin éxito- la firma del hoy único sobreviviente como ministro del TSJE, para llamar a elecciones generales. 

Era el momento en que, según el ministro despedido, Ramírez Zambonini hacía firmar a los funcionarios una declaración de lealtad hacia su persona y se negaba a recibirlos. 

Mientras tanto, en el otro escenario de los acontecimientos, el Sanatorio Americano, se habían dado cita los jueces Jorge Bogarín González, Gustavo Ocampos (sobrino político de Argaña), el fiscal Gustavo Amarilla Arnica (hoy juez del crimen), el abogado Jorge Vasconsellos, mezclados entre los médicos José Bellasai, García Varesini, Luraghi, entre otros, en una suerte de ceremonia de necropsia, que irregularmente se realizaba en el lugar, cuando debió efectuarse oficial y legalmente en la Facultad de Medicina. 

En el video se constata el cansancio casi extremo de los protagonistas de ese acto, hecho que llama sumamente la atención. 

Al magistrado Ocampos se lo observa semidormido, sentado en un living (posterior a la revisión del cuerpo) escuchando la declaración del perito -José Llano o Luraghi- que recita, con un escrito en la mano los supuestos hallazgos en el cadáver. 

(continuará...)

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Servicio de la AFP
Viernes, 21 de marzo del 2003