Viernes, 14 de Diciembre de 2018

Llamativas irregularidades en la autopsia del Americano

En la pericia del Dr. Bellassai no se consigna la bala calibre 38 mm que el médico, sus colegas García Varesini, Llano y un policía comentan que encontraron en la región epigástrica subcutánea (debajo de la piel en el abdomen), según el video de la autopsia, mantenida misteriosamente hasta hoy en secreto por los responsables de la pesquisa. Si el proyectil que penetró en flanco derecho fue rescatado por debajo de la piel en el abdomen, este proyectil no pudo haber afectado el corazón de Argaña, según los peritos argentinos que analizaron la autopsia en base al informe oficial y de tres fotografías, cuando aún no se había filtrado el famoso video.

En cuanto al proyectil que penetró en la cadera derecha, según la placa radiográfica, esa bala está ubicada en la región profunda subescapular derecha, proyectil que tampoco pudo afectar el corazón, conforme esta teoría. 

¿BALA TELEDIRIGIDA? 

Sin embargo, el forense Bellassai expresa en la grabación que una bala que quedó ‘‘perdida por ahí’’ es la que afectó el corazón. 

A su turno, el doctor José María Llano dice llamativamente: ‘‘Parece que esa bala era teledirigida’’. El perito Luraghi consiente y exclama: ‘‘Parece dirigida, como si tuviera una memoria la bala...’’. 

Los galenos argentinos estudiaron inclusive la fotografía en la pleura lumbar que parece pintada en la fotografía -pero negruzca o antigua en la filmación- y aun con ese detalle sostienen que el cuerpo estaba con rigidez y lividez cadavérica, contrariamente al informe de Bellassai, que habla de cadáver ‘‘sin signos de rigidez ni lividez cadavérica’’. 

En su informe reporta la presencia en la necropsia, además de los médicos, de los jueces Gustavo Ocampos, Jorge Bogarín, el fiscal Gustavo Amarilla y de autoridades policiales del Departamento de Criminalística de la Policía. No cita la presencia de Jorge Vasconsellos (al que también se observa en la filmación), abogado de Wasmosy y luego abogado de González Macchi y de Juan Carlos Galaverna en el Senado. 

LA DISCUSIÓN 

La discusión sobre la rigidez cadavérica se instaló inmediatamente en la opinión pública a partir de la actitud de los argañistas de prohibir hasta con violencia -como el caso de Walter Bower- que nadie se acercara al lugar del suceso. 

Las dudas subieron de punto por la ilógica actitud de no socorrer a las víctimas y luego, por trasladarlas a un sanatorio ubicado a más de 20 cuadras, cuando hay otros mejor equipados en las cercanías del Pasaje Molas y Venezuela (Lacimet, IPS, el Francés y el Italiano, entre otros). 

A ello se sumó la autopsia realizada irregularmente en un sanatorio privado en presencia de allegados cercanos y no en la Facultad de Medicina y, finalmente, la llamativa conducta de la familia de ordenar un velatorio reservado, cuando se esperaba más bien uno público, en el Congreso, por tratarse de nada más y nada menos que el vicepresidente de la República. 

En el video, al finalizar la autopsia, uno de los médicos comenta curiosamente que nadie diría nada, que el velatorio sería reservado a la gente muy estrechamente ligada a la familia y que los portavoces de la necropsia serían el médico de cabecera (García Varesini) y el juez (Ocampos). 

Estas actitudes dieron pie a todo tipo de comentarios, como el de la rigidez en la mano y el brazo derecho de Argaña cuando estaba todavía dentro de la camioneta, en una posición antinatural, así como la rigidez en la mano izquierda, que se observa cuando el cuerpo es transportado en la camilla hacia la ambulancia. 

El empresario y político Osvaldo Domínguez afirmó que, por la posición de la mano, Argaña tenía síntomas de haber sufrido un ataque cardíaco, y fallecido mucho antes del atentado. 

LA LIVIDEZ CADAVÉRICA 

Con relación a la existencia de lividez cadavérica, en el informe de los médicos argentinos se consigna lo siguiente: ‘‘Constituye un fenómeno constante, que no falta ni aun en la muerte por hemorragia, si esta no ha sido tan abundante como para producir una verdadera exanguinación’’. 

‘‘Este fenómeno consiste en que la sangre, al dejar de funcionar el corazón, influida por la gravedad, tiende a ir ocupando los lugares más declives del organismo. Esto, como se ve, se inicia en el mismo momento de la muerte’’. 

‘‘Dice Gisbert Calabuig al referirse a la evolución de las livideces que se inician bajo la forma de pequeñas manchitas aisladas, que van confluyendo paulatinamente hasta abarcar grandes áreas. Cuando el cadáver yace en posición de decúbito supino hacen su aparición en la región posterior del cuello que, por su pequeño espesor, permite su formación rápida. Las primeras manchas aisladas en esta región pueden verse ya entre 20 y 45 minutos después de la muerte y empiezan a confluir después de una hora y 45 minutos. En el resto del cadáver aparecen 3 a 5 horas después de la muerte. Ocupan todo el plano inferior del cadáver a las 10 o 12 horas del fallecimiento’’. 

Si el informe del Americano dice: ‘‘sin signos de rigidez ni lividez cadavérica’’, quiere decir que la muerte debió ocurrir antes de los 20 a 45 minutos de iniciada la autopsia, o que no hubo una correcta inspección del cuerpo ‘‘y no se observaron las livideces que, a nuestro criterio, se evidencian en el material fotográfico al que accedimos’’, subrayan los profesionales médicos legistas de la Universidad de Córdoba. 

‘‘En resumen: tomando en cuenta lo expresado en el informe de autopsia, en cuanto a la rigidez y a las livideces, en relación a la data de la muerte establecida en dicho informe, se debe destacar que no se puede establecer esa data de la muerte (3 a 4 horas) con los datos allí aportados ya que, por la rigidez (ausencia), la data tendría que ser mayor (hasta 5 horas) y por la livideces (ausentes) la data debería ser menor (de 20 a 45 minutos)’’. 
En conclusión, los médicos dictaminaron: ‘‘A nuestro juicio, el informe determina una data de la muerte cierta sin tener ningún elemento científico que lo sustente’’. 

La senadora Elba Recalde declaró en ese sentido, tiempo atrás: ‘‘Nosotros teníamos conocimiento de que el vicepresidente ya estaba muerto y también quiénes fueron las personas que llegaron inmediatamente a su domicilio: Juan Carlos Wasmosy, Walter Bower, Icho Planás, Nelson Argaña y, presumiblemente, la embajadora de EE.UU., la señora Maura Harty’’ (del libro: ‘‘La otra cara del Marzo Paraguayo’’, de Alejandra Ottaviano). 

(Continuará...)

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Jueves, 27 de marzo del 2003