Domingo, 26 de Mayo de 2019
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Ex canciller afirma que relaciones exteriores son pésimamente conducidas

El ex canciller Luis María Ramírez Boettner, 92 años, que sobrevivió 66 años a los convulsionados gobiernos de nuestro país en el servicio exterior, afirma que las relaciones internacionales están “pésimamente” conducidas. En esta entrevista, el ex funcionario, una verdadera historia viviente, hace un recuento de su vasta experiencia, retratada además en su libro “Memorias”, de reciente aparición.

 

–Estuvo 66 años en el servicio exterior. Pocos son los que han sobrevivido tantos gobiernos en este país...

–Mi padre (Juan Isidro Ramírez) ya era diplomático, político del Partido Colorado y diplomático...

–Fue el presidente de la delegación paraguaya que negoció el tratado de paz con Bolivia.

–Mi padre estuvo en contra del tratado. No estuvo de acuerdo en ceder la línea de hitos.

–¿Es la línea hasta donde llegaron las tropas paraguayas? Paraguay al final retrocedió por el arbitraje internacional...

–Fue un falso arbitraje. Se pudo haber buscado una compensación, pero no someter a un falso arbitraje.

–¿Falso?

–Hubo dos tratados. Uno fue secreto del 9 de julio, que se descubrió posteriormente, donde ya se fijaban los límites del arbitraje que se iba a hacer de acuerdo al tratado del 21 de julio. Fue una mentira tremenda al pueblo paraguayo. Ya se sabía cuales eran los límites. Ahí se cedieron 50.000 km cuadrados.

–¿Por qué se aceptó? ¿No se quería volver a la guerra?

–Si nosotros estábamos mal, Bolivia estaba peor. Fue una solución política. Los países mediadores creyeron que el Paraguay era el más débil. Forzaron al Paraguay a ceder. Había mucha inversión extranjera en Bolivia.

–Al final, primaron...

–El jefe de la delegación americana, Braden, era accionista de la Braden Corporation de Bolivia. Así que había presiones tanto económicas como políticas y hubo otros factores que no sé cómo sería explicable eso que se cedió. Con las reclamaciones que hacía mi padre durante las negociaciones de paz yo me incliné también hacia el derecho internacional.

–Tiene bien claro entonces este asunto del bloqueo de embarcaciones y mercaderías que hicieron los argentinos...

–Es un antiguo conflicto. Mire. Yo estoy revisando cuando fui subsecretario de Relaciones 7 años y medio, primero con el Dr. (Hipólito) Sánchez Quell y después con (Raúl) Sapena Pastor. Después de la caída de Perón, las dificultades que nos imponían los argentinos en la navegación y en el comercio en general eran irritantes. Yo era el que firmaba las notas de protesta. Tengo todo condensado en mi libro (“Memorias”) que me llevó un año escribirlas...

–¿Qué lo impulsó a escribir?

–Yo he querido seguir un consejo de Su Santidad Juan Pablo II. “No hay futuro sin memoria. La historia misma es memoria futura”. Hay que tener memoria de lo pasado. Yo escribí estas memorias porque es necesario que la juventud conozca la evolución de la política exterior paraguaya. Yo me jacto de haber sido uno de los baluartes del cambio de nuestra política exterior desde el año 54 en dos cosas fundamentales: Primero, que el Paraguay tenga otra salida que no fuera solamente el puerto preciso de Buenos Aires...

–¿Por qué le llamaban “puerto preciso”?

–Porque en la colonia española había un puerto por el cual solamente se podía negociar, y eso se llamaba el “puerto preciso”. En la colonia, era Buenos Aires el puerto preciso para el Paraguay (se obligaba a las embarcaciones paraguayas a hacer trasbordo en Santa Fe). No teníamos otra forma de salir. Entonces, se buscó salir por otro lado. Conseguimos hacerlo con Brasil. Se hizo el Puente (de la Amistad). Brasil también construyó la ruta que unió Ponta Grossa con el puente...

–¿Ponta Grossa era el último punto de Brasil? Está lejos...

–Era el último punto, imagínese. En aquella época los caminos no llegaban a la frontera por motivos de seguridad. Después se consiguió el puerto franco de Paranaguá y también el de Santos. En el año 56 planteamos a Naciones Unidas el derecho que tienen los países sin litoral marítimo de acceso al mar.

–¿Todo dependía de la buena voluntad de Argentina?

–Dependíamos de los favores. Firmamos finalmente con Argentina el tratado de libre navegación de los ríos, que fue un principio que el Paraguay sostuvo desde 1813 antes del congreso de Viena que declara como principio de derecho internacional la libre navegación de los ríos internacionales, en 1815. El Paraguay ya lo proclamó en 1813.

–¿A quién lo tenía el Paraguay en esa época para entender cuestiones tan claves?

–El doctor Francia, una eminencia. Pero la primera resolución a nuestro favor salió en 1957 para debatir el derecho al mar. El tratado se firmó en Naciones Unidas en 1982. Se trabajó 30 años..

Una isla rodeada de tierra..

–Los argentinos tenían hasta el monopolio del 90 y tanto por ciento del transporte de carga de exportación-importación. Ponían el precio que querían. Llevaban las cosas que querían y cuando estaban de malhumor o tenían algún problema, nos cerraban dos cosas que en aquella época eran fundamentales: el trigo, porque el Paraguay no tenía trigo en aquella época, y el petróleo. Inclusive nos impusieron en el 53 el tratado de unión económica, que era en realidad un plan de anexión.

–¿Anexión?

–Era una “unión económica”. El Paraguay producía las materias primas y Argentina las industrializaba. Era el comienzo de una anexión gradual. Cada vez iba a ser el Paraguay más pobre y la Argentina más rica.

–Eran los tiempos de Perón. ¿Acaso no había unas relaciones casi idílicas con Perón?

–Perón quiso anexar el Paraguay a la Argentina. Primero trató de dominarnos a la fuerza y después con caramelitos y espejitos...

–¿A la fuerza cómo?

–Con ese tratado de unión económica. Era un sometimiento absoluto en materia económica y comercial.

–¿Se firmó ese tratado?

–Claro que se firmó. Fue con Federico Chávez. Los firmantes fueron Epifanio Méndez y el embajador Méndez Paiva.

–Y ¿cómo hacía con los espejitos? ¿Eran los juguetes que mandaba Evita por tren?

–Exactamente. A eso me refiero. En el fondo, con la anexión lo que pretendía Perón era volver a tener el Virreynato del Río de la Plata. Era evidente. Toda la presión era con ese efecto..

–¿Cómo se detuvo eso?

–Después de la caída de Perón. Tres días después yo pedí autorización al presidente de denunciar ese tratado ante el nuevo gobierno. Fueron muy duras las relaciones con el gobierno militar argentino.

–¿Acaso Stroessner no le dio asilo a porque era muy amigo suyo?

–No. Stroessner nunca fue a la Argentina en época de Perón. Perón sin embargo vino dos veces. Con su asilo, Paraguay siguió la tradición paraguaya de acoger a los extranjeros perseguidos. El asilo (en 1820) del general (José Gervasio) Artigas (máximo héroe de Uruguay) fue el primero que se recuerde en América.

–¿Por qué no retribuyó la visita?

–El motivo era el reclamo por el tratado de libre navegación de los ríos.

–Hoy las leyes son claras, pero igual bloquean...

–Son clarísimas. Este bloqueo que tuvo el visto bueno del gobierno argentino es violatorio de varios tratados.

–Ellos alegan que es un problema sindical...

–Un problema de sindicatos no puede afectar las relaciones internacionales. No pueden escudarse en eso para bloquear 40 días el río. Es inadmisible. Fueron 250 millones de dólares de pérdida.

–¿Los tribunales del Mercosur no sirven?

–El tribunal permanente del Mercosur, que está aquí en Asunción, no funciona porque no hay voluntad política de los países de someterse. El tribunal de la Organización Mundial de Comercio, en Ginebra, sí funciona.

–¿Y la reacción paraguaya?

–El Presidente de la República perdió una magnífica oportunidad en la última cumbre de presidentes del Mercosur, de exponer en forma muy jurídica el perjuicio que nos han causado.

–Habrá habido un acuerdo diplomático privado...

–Mire. En diplomacia, se puede decir todo sabiéndolo decir. Ahí se hubiera podido hacer, no una exposición chocante, pero una exposición de fondo: hablar del tiempo transcurrido, de la violación de los tratados... Se perdió una oportunidad brillante de explicar a los otros colegas sobre esta violación que va totalmente en contra del espíritu y la letra del Mercosur. Pareciera que no hubiera voluntad política de integración los dos países grandes.

–Siempre prima esa imagen, esa mentalidad de débil, desde afuera y desde adentro...

–No, mire. Yo le puedo decir. En Colonia, en el 94, paralizamos la cumbre porque no nos querían reconocer la calidad de país de desarrollo menor relativo. Nos ponían trabas enormes. ALADI reconoce a los de menor desarrollo relativo. Bueno, se paralizó. Tuvimos una reunión a puertas cerradas, los presidentes, los ministros de Relaciones Exteriores, los de Economía y se solucionó.

–En esa época estaban Menem y Fernando Henrique. ¿Paraguay amenazó con retirarse?

–No. Eso es lo que quisieran ellos, que nos retiremos para que no molestemos más. ¡No nos debemos retirar nunca del Mercosur! Si nos ponen estas dificultades siendo miembros, qué sería si no lo fuéramos. Con quién vamos a comerciar si los dos principales mercados son Argentina y el Brasil. Esa es la realidad. Nos van a poner más trabas. Lo que tenemos que hacer es batallar dentro del Mercosur. Eso se puede. Lo hemos demostrado en la reunión de Buenos Aires en el 95, también nos plantamos en una forma tremenda para tener ciertas ventajas y conseguimos.

–¿Qué era?

–Era retardar el plazo de libre entrada de ciertas materias que nosotros producimos. Dar más oportunidad a nuestros productores que mejoren la calidad de sus productos, se esmeren más. Se consiguió. Me acuerdo muy bien del ministro de Economía. (Domingo) Cavallo me dijo: “si al Paraguay no le gusta el Mercosur ya sabe lo que tiene que hacer, irse del Mercosur”

–¿Así dijo?

–Lo dijo. Y al día siguiente me tuvo que pedir disculpas públicas.

–Lo dijo en reunión de corrillos...

–Noo, en plena sesión...

–Hastiado ya de las demandas del Paraguay...

–Tenemos que ser insistentes y vamos a conseguir, si sabemos plantear lo que queremos.

–¿Está mal orientada la política diplomática?

–Está pésimamente conducida...

(Continuará...)

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Domingo, 2 de enero de 2010